
La demencia es un término que engloba varias enfermedades que afectan a la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas, define la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En la actualidad más de 55 millones de personas en el mundo la padecen y cada año, hay casi diez millones de casos nuevos.
Según una anterior revisión de estudios publicada en Nature Human Behaviour, alrededor de un tercio de los casos de demencia presentan una relación estadística con 16 enfermedades periféricas, entre las que se incluyen enfermedad periodontal, patología hepática crónica, pérdida auditiva, problemas de visión y diabetes mellitus tipo 2.
Ahora, un nuevo análisis de más de 62.000 adultos mayores en Finlandia reveló que las infecciones graves aumentan el riesgo de desarrollar demencia, y que esa relación se mantiene incluso cuando se excluyen otras enfermedades coexistentes.
La investigación, publicada en PLOS Medicine y encabezada por Pyry Sipilä de la Universidad de Helsinki, sugiere que atender y prevenir infecciones podría desempeñar un papel relevante en la lucha contra el deterioro cognitivo.

Según datos del registro nacional de salud finlandés, entre 2017 y 2020, se identificaron 62.000 personas de 65 años o más diagnosticadas con demencia de aparición tardía y se las comparó con un grupo de más de 312.000 individuos sin diagnóstico de demencia. Casi la mitad de las personas que desarrollaron la enfermedad presentaba al menos una de las 29 patologías relacionadas con un mayor riesgo de demencia antes del diagnóstico.
Al centrar el análisis en las enfermedades infecciosas tratadas en hospitales, se constató que la cistitis —una infección urinaria— y la infección bacteriana sin localización específica, destacan entre las dolencias con mayor asociación al desarrollo de demencia. El vínculo persistió incluso después de ajustar estadísticamente la influencia de otras 27 enfermedades no infecciosas estudiadas (incluyendo daño cerebral, enfermedad de Parkinson y trastornos mentales vinculados con el alcohol).
En términos precisos, menos de una séptima parte del riesgo adicional de demencia entre quienes padecieron cistitis o infecciones bacterianas podría atribuirse a enfermedades preexistentes, según el equipo dirigido por Sipilä. Esto indica que el efecto de las infecciones graves es independiente de la mayoría de los antecedentes médicos concurrentes.
Las infecciones graves como acelerador del deterioro cognitivo

Para los casos de demencia de inicio temprano (diagnosticados antes de los 65 años), el impacto de las infecciones resultó aún más marcado: cinco tipos distintos de infección, incluyendo la neumonía y las caries dentales, arrojaron una correlación estadística con el desarrollo anticipado de la enfermedad.
De acuerdo con los investigadores, las infecciones previas relacionadas con la demencia se presentaron un promedio de entre cinco y seis años antes del diagnóstico. Este hallazgo es clave, ya que sugiere que las infecciones severas pueden acelerar la declinación cognitiva que conduce al trastorno neurológico. No obstante, resaltan que no se puede establecer una relación de causa-efecto basada únicamente en esta evidencia observacional.
“En nuestro estudio, las infecciones relacionadas con la demencia ocurrieron en promedio cinco a seis años antes del diagnóstico de demencia. Dado que el desarrollo de la enfermedad suele tomar años o incluso décadas, los resultados sugieren que las infecciones graves podrían acelerar el deterioro cognitivo subyacente”.

El estudio no contó con evaluaciones cognitivas basales ni exámenes clínicos previos al diagnóstico de demencia, y tampoco incluyó detalles sobre las terapias empleadas para tratar las infecciones. Esta carencia de información limita la posibilidad de esclarecer si evitar o tratar mejor las infecciones puede verdaderamente prevenir o retrasar la aparición de la demencia.
En total, los autores identificaron 27 enfermedades graves no infecciosas relacionadas con la demencia, siendo las más prevalentes los trastornos mentales por daño cerebral o enfermedades físicas, el Parkinson y los trastornos mentales y de conducta asociados al alcohol. Dos infecciones, la urinaria y la bacteriana inespecífica, se sumaron a este grupo.
En palabras de los autores: “Nuestros hallazgos respaldan la posibilidad de que las infecciones graves aumenten el riesgo de demencia; sin embargo, son necesarios ensayos de intervención para establecer si la prevención o el tratamiento eficaz de las infecciones aporta beneficios en la prevención de la demencia”.
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