
Luego de sufrir un infarto, las personas suelen experimentar trastornos emocionales que pueden afectar tanto su recuperación física como mental. De acuerdo con una declaración científica de la American Heart Association (AHA) entre un 33% y un 50% de los sobrevivientes de ataques cardíacos pueden sufrir algún tipo de malestar psicológico como depresión, ansiedad, estrés psicosocial o trastorno por estrés postraumático (TEPT), lo que puede afectar su salud a largo plazo.
Según la entidad, la ansiedad y el estrés pueden afectar hasta al 50% de los sobrevivientes de un ataque cardíaco durante la hospitalización y persisten en entre el 20% y el 30% de las personas durante varios meses después del alta hospitalaria.
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El doctor Glenn N. Levine, voluntario de la American Heart Association y profesor de medicina en Baylor College of Medicine en Houston, señaló en el informe: “El malestar psicológico después de sufrir un ataque cardíaco es bastante común, pero a menudo no se reconoce. Con frecuencia, nos centramos en los aspectos físicos de las enfermedades cardíacas, pero la salud psicológica está vinculada con la salud física. Por este motivo, cuando se produce un evento como un ataque cardíaco, la recuperación emocional es igualmente importante”.
La licenciada María Belén Despierre, psicóloga del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano de Buenos Aires (MN 35.827), afirmó a Infobae: “El infarto habitualmente se presenta de manera sorpresiva e inesperada. Todo evento abrupto que nos supone un cambio a lo conocido, un riesgo a nuestra salud, genera malestar interior que puede expresarse como tensión, angustia o ansiedad".
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La experta resaltó que la conexión entre mente y cuerpo es muy significativa, en especial el corazón, por lo que esto representa, ya que es el órgano que nos da la vida.
“Si este se ve dañado, el impacto psicológico es notable. La persona puede reaccionar con angustia, temores, pesadillas, ansiedad pero también puede suceder que no manifieste estas emociones y las vivencie de un modo más sutil, mediante insomnio, aislamiento, desinterés, irritabilidad o desvalorización. Es fundamental considerar esto, ya que en ocasiones estos síntomas no se relacionan directamente con el evento coronario padecido y pueden pasar inadvertidos", indicó la especialista.
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Por su parte, la licenciada Emilce Schenk, psicóloga, profesora y coordinadora del equipo de Psicología de Centro Hirsch, explicó a Infobae que el llamado malestar psicológico postinfarto es un conjunto de síntomas emocionales que pueden aparecer en personas que han atravesado una enfermedad cardiovascular o una intervención quirúrgica cardíaca.

“Este malestar puede manifestarse de distintas maneras, a través de depresión, ansiedad, estrés y, en algunos casos, trastorno por estrés postraumático. Se trata de síntomas que muchas veces ya estaban presentes en el paciente, pero que se acentúan o agravan a partir de la intervención. Entre las manifestaciones más frecuentes aparecen la ansiedad, el temor, la preocupación, el pánico, las alteraciones del sueño, la tristeza y el miedo a que vuelva a ocurrir un evento cardíaco", señaló Schenk.
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La licenciada explicó que en una primera instancia, estas emociones son esperables frente a una situación de este tipo. “Sin embargo, cuando se sostienen en el tiempo y afectan la recuperación —por ejemplo, dificultando la adherencia a los tratamientos, la actividad física o los cambios en el estilo de vida— pueden derivar en un trastorno más complejo, como el estrés postraumático", advirtió.
Problemas emocionales después de un infarto

Según el comunicado de la AHA, el malestar psicológico se reconoce cada vez más como causa y consecuencia de las enfermedades cardíacas. Entre los problemas psicológicos más frecuentes se encuentran, de acuerdo a la entidad:
- Depresión posinfarto. Se traduce en tristeza persistente, apatía por actividades cotidianas, trastornos del sueño, fatiga y problemas de concentración.
- Ansiedad cardíaca. Suele estar marcada por temores recurrentes, pensamiento obsesivo y, con frecuencia, síntomas físicos como dolor torácico, palpitaciones o sensación de opresión en el pecho. “Se refiere al miedo a sufrir otro infarto o a la muerte, así como a la percepción intensa y el temor a sensaciones relacionadas con el corazón, como palpitaciones y opresión en el pecho. Por supuesto, el dolor, la opresión o las palpitaciones en el pecho pueden deberse a una recurrencia o una complicación de un infarto, por lo que conviene consultar con el médico sobre estos síntomas, en lugar de asumir que se deben simplemente a la ansiedad“, recomendó Harvard Health.

- Estrés psicosocial. Esto incluye la tensión, la presión o el estrés emocional causados por los acontecimientos cotidianos y desafiantes.
- Trastorno de estrés postraumático (TEPT). “Este término se refiere a un conjunto de síntomas específicos, que incluyen pesadillas, recuerdos intrusivos, sobresaltos frecuentes y dificultades para realizar las actividades cotidianas, que se presentan en el contexto de un evento que puso en peligro la vida (como un ataque cardíaco)”, explicó Harvard Health.
La entidad indicó que a menudo la depresión y la ansiedad aparecen juntas, generando respuestas como irritabilidad o episodios de ira, especialmente en varones.
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El trastorno psicológico posterior al infarto puede convertirse en causa de nuevos eventos cardíacos. Depresión, ansiedad y estrés generan alteraciones biológicas que afectan de manera directa al sistema cardiovascular, según la AHA. Estos estados aumentan la inflamación, lo que puede dañar los vasos sanguíneos y favorecer la formación de coágulos. Además, la presencia continua de hormonas de estrés eleva la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

El temor a la recurrencia de un evento cardíaco es frecuente. Algunas personas evitan actividades sencillas como caminar por miedo a un nuevo infarto; otras sienten preocupación por la manera en que sus seres cercanos perciben su fragilidad, resaltó Harvard Health. Las emociones negativas, si interfieren con el proceso de rehabilitación o la adherencia a las indicaciones médicas, deben ser motivo de consulta con el médico.
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La licenciada Schenk recomendó no minimizar estos síntomas y consultar a tiempo. “Detectar el malestar psicológico de forma temprana es fundamental para evitar que se cronifique y complique la recuperación”, advirtió.
En este sentido, la experta remarcó que es clave educar tanto al paciente como a su entorno, para que puedan reconocer que estas manifestaciones son posibles después de un evento cardíaco y que requieren atención. “Un abordaje adecuado y a tiempo mejora no solo el bienestar emocional, sino también la evolución física del paciente. Es fundamental no subestimar la salud mental en la recuperación física", destacó.
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Cómo afrontar el malestar psicológico posinfarto

Según el comunicado de la AHA, “las intervenciones para apoyar a los pacientes con malestar psicológico, como la terapia cognitivo-conductual, los medicamentos y las estrategias de cuerpo y mente (por ejemplo, yoga y meditación) mejoran el bienestar emocional y reducen el estrés”.
De acuerdo a la licenciada Schenk, atender este malestar es clave, ya que puede impactar negativamente en la salud cardiovascular, favoreciendo conductas como el sedentarismo, la dificultad para dejar de fumar, el consumo excesivo de alcohol, la mala alimentación o la falta de sueño, además de afectar los vínculos y la adherencia a los tratamientos de rehabilitación".
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Y completó: “El abordaje del malestar psicológico postinfarto requiere un enfoque multidisciplinario. Es fundamental realizar los controles médicos correspondientes, detectar tempranamente estos síntomas y acceder a un tratamiento adecuado que combine terapia psicológica, posibles intervenciones psiquiátricas y cambios en el estilo de vida“.

Según la licenciada Despierre, quien atraviesa un estado de malestar psicológico postinfarto debe buscar acompañamiento para evitar que los síntomas se vuelvan crónicos.
“Es fundamental dialogar con el cardiólogo, quien podrá recomendar las actividades y tratamientos adecuados. Tras un primer evento coronario suelen aparecer nuevas medicaciones, cuidados o limitaciones físicas que requieren un proceso de adaptación. En estos casos el apoyo psicológico es clave para transitar dicha etapa", indicó.
En cuanto a la familia o el entorno más directo también cumplen un rol esencial, dijo la experta. “Dado que ellos también pueden experimentar estas emociones, es vital incluirlos en la comunicación y brindarles tranquilidad para que logren acompañar al paciente de manera efectiva”, recomendó.

Y resaltó la importancia de confiar en el médico tratante y poder comentarle dudas, temores y preocupaciones. “Experimentar angustia o ansiedad tras un evento cardíaco es una respuesta frecuente y previsible. Un acompañamiento psicológico, complementado en ocasiones con tratamiento farmacológico, facilitará la aceptación y adaptación del paciente a su nueva condición”, concluyó Despierre.
En coincidencia, la licenciada Schenk recomendó a la familia “acompañar al paciente en grupos de apoyo, espacios de asesoramiento o instancias de psicoeducación, lo que les permitirá comprender lo que la persona está atravesando y contar con herramientas para gestionarlo de manera adecuada".
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