
El sistema inmunológico cumple una tarea clave: identificar y eliminar células anómalas antes de que se conviertan en un problema. Sin embargo, algunos tumores desarrollan estrategias para evitar esa vigilancia y crecer sin ser detectados.
Un estudio realizado por investigadores de NYU Langone Health identificó uno de esos mecanismos en cánceres de pulmón y páncreas.
El trabajo, publicado en Nature, describe el papel de una proteína llamada LCN2 (lipocalina 2), que funciona como un escudo biológico y reduce la capacidad del organismo para atacar el tumor.
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Cuando los científicos bloquearon esta proteína con una terapia experimental basada en anticuerpos, observaron que el crecimiento tumoral disminuía en modelos animales. El resultado sugiere una posible vía para mejorar tratamientos que buscan activar las defensas del cuerpo contra el cáncer.

Cómo aparece esta “protección” del tumor
El equipo liderado por Thales Papagiannakopoulos y Shohei Koide descubrió que la LCN2 se produce cuando las células cancerosas atraviesan situaciones adversas, como la falta de nutrientes.
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En ese escenario, las células activan un programa interno de supervivencia que desencadena la producción de esta proteína. Más que ayudar directamente al tumor a crecer, la LCN2 modifica el entorno que lo rodea y debilita la respuesta defensiva del organismo.
Papagiannakopoulos señaló, en un comunicado de prensa, que “las células cancerosas estresadas han aprendido a pedir ayuda a través de la LCN2, que las protege del sistema inmunitario”.
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El engaño al sistema inmune
Una vez liberada, la proteína actúa sobre los macrófagos, células encargadas de detectar amenazas y coordinar la respuesta defensiva. En lugar de estimular el ataque al tumor, la LCN2 las vuelve más tolerantes.
El proceso puede pensarse como si el cáncer lograra convencer a los guardias de seguridad de un edificio de que no hay ningún problema en su interior. En vez de activar la alarma y permitir la entrada de refuerzos, los guardias reducen la vigilancia.
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Como consecuencia, los linfocitos T —las células responsables de destruir el tejido tumoral— encuentran más obstáculos para ingresar y actuar. El resultado es un entorno protegido donde el tumor puede crecer con menor resistencia.
Qué mostraron los experimentos
Dado que la LCN2 se libera fuera de la célula cancerosa, los investigadores pudieron diseñar un anticuerpo capaz de bloquear su acción. Al hacerlo, observaron que las defensas del organismo recuperaban parte de su capacidad para infiltrarse en el tumor.
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En animales con tumores inducidos, la ausencia de esta proteína se asoció con un crecimiento más lento del cáncer, siempre que el sistema inmune permaneciera activo.

Además, el análisis de muestras humanas mostró que los pacientes con niveles elevados de LCN2 presentaban una supervivencia media menor, lo que sugiere que la proteína está vinculada a tumores más agresivos.
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Una pista para mejorar tratamientos actuales
Los investigadores también probaron combinar el anticuerpo contra LCN2 con terapias que estimulan las defensas del organismo contra el cáncer. En modelos animales, la combinación mejoró la respuesta antitumoral.
Este dato es relevante porque muchos tumores sólidos desarrollan resistencia a estos tratamientos al crear un entorno que bloquea la acción del sistema inmune. Neutralizar la LCN2 podría ayudar a revertir ese efecto.
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Shohei Koide afirmó que el siguiente paso será comprobar si este mecanismo aparece en otros tipos de cáncer y evaluar la seguridad de bloquear la proteína en personas.
Un nuevo enfoque contra el cáncer
Aunque los resultados aún son experimentales, el hallazgo aporta una pieza importante para comprender cómo los tumores manipulan su entorno y logran pasar desapercibidos.
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En lugar de atacar directamente a la célula cancerosa, este enfoque busca quitarle su “camuflaje” y permitir que el sistema inmunológico haga su trabajo.
En un contexto donde los tratamientos que activan las defensas del organismo transformaron la oncología, pero no funcionan en todos los pacientes, identificar y bloquear los mecanismos de evasión tumoral podría marcar la diferencia.
Si futuros estudios confirman estos resultados en humanos, la LCN2 podría convertirse en un objetivo terapéutico clave para hacer visibles tumores que hoy logran esconderse de las defensas del cuerpo.
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