
Durante décadas, la capacidad de hablar, comprender y escribir fue atribuida casi exclusivamente a la corteza cerebral, la capa externa del cerebro asociada al pensamiento complejo. Allí se ubican las áreas clásicas del lenguaje que se estudian desde el siglo XIX. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que el mapa es más amplio de lo que se creía.
Un equipo del Massachusetts Institute of Technology (MIT) identificó regiones concretas en el cerebelo —estructura situada en la parte posterior e inferior del cerebro— que participan activamente en tareas relacionadas con la comunicación verbal.
El hallazgo, publicado en la revista Neuron, fue presentado por el grupo liderado por la neurocientífica Evelina Fedorenko en el McGovern Institute for Brain Research, amplía la comprensión de cómo se organiza la capacidad lingüística en el cerebro humano.
Un rol que había pasado desapercibido
Tradicionalmente, el cerebelo fue vinculado con la coordinación del movimiento, el equilibrio y la precisión motora. Durante años, su función parecía limitada a lo físico. No obstante, observaciones clínicas habían mostrado que personas con lesiones en esta zona podían presentar dificultades cognitivas y problemas en el habla, lo que despertó sospechas sobre su posible participación en procesos más complejos.

Lo que faltaba era evidencia precisa que permitiera identificar áreas específicas involucradas en la comunicación y distinguirlas de otras funciones cerebelosas.
Para responder esa pregunta, los investigadores analizaron estudios de resonancia magnética funcional de más de 800 personas. Los participantes realizaron tareas como leer oraciones, escuchar palabras o completar ejercicios no verbales mientras se registraba su actividad cerebral. Esta metodología permitió comparar qué sectores se activaban de manera sistemática ante estímulos lingüísticos.
El análisis reveló cuatro áreas dentro del cerebelo que se activan de forma consistente cuando una persona procesa información verbal. Tres de ellas mostraron participación tanto en tareas comunicativas como en otras actividades cognitivas, lo que sugiere que podrían cumplir un papel integrador, combinando distintos tipos de información.
Pero el descubrimiento más relevante fue la identificación de una región específica en el hemisferio posterior derecho que respondió exclusivamente ante estímulos relacionados con el lenguaje. No mostró activación cuando los voluntarios realizaban tareas ajenas a la comunicación.

Los autores describen esta zona como un “satélite” de la red lingüística, ya que su comportamiento se asemeja al de las áreas corticales clásicas que intervienen en la comprensión y producción del habla.
“En algún punto, la cognición compleja requiere que todo el cerebro coopere”, explicó Fedorenko, en un comunicado de prensa emitido por la casa de altos estudios, al presentar los resultados.
Cómo se integra en la red cerebral
A diferencia de los sectores de la corteza que están dedicados casi por completo a la comunicación verbal, esta región cerebelosa parece desempeñar un rol complementario. Podría actuar como un nodo que ayuda a coordinar información proveniente de distintas áreas, facilitando procesos como la construcción de oraciones, la fluidez verbal o la integración entre significado y estructura gramatical.
El cerebelo posee una altísima densidad neuronal en comparación con otras partes del cerebro. Esa concentración hizo necesario un análisis muy detallado para distinguir funciones específicas en espacios muy pequeños.

Este trabajo refuerza la idea de que las habilidades humanas complejas no dependen de un único centro aislado, sino de redes distribuidas que trabajan en conjunto.
El hallazgo abre posibilidades en el campo de la rehabilitación neurológica. Una de las aplicaciones potenciales es el tratamiento de la afasia, un trastorno que afecta la capacidad de hablar o comprender tras un accidente cerebrovascular, traumatismo o enfermedad neurodegenerativa.
Si esta región cerebelosa contribuye al procesamiento verbal, podría convertirse en un nuevo objetivo para intervenciones terapéuticas. Técnicas de estimulación cerebral no invasiva podrían dirigirse a esta zona con el fin de potenciar la recuperación o mejorar la plasticidad del sistema nervioso.
Además, comprender mejor cómo esta estructura participa en la comunicación podría ayudar a diseñar estrategias para el aprendizaje de idiomas, especialmente en adultos.
Un mapa más complejo del lenguaje

Durante mucho tiempo, el estudio del lenguaje se centró casi exclusivamente en áreas corticales como las regiones descritas por Broca y Wernicke. Este nuevo trabajo sugiere que el panorama es más amplio y que estructuras tradicionalmente asociadas al movimiento también intervienen en funciones simbólicas.
Aunque el cerebelo no reemplaza el papel central de la corteza cerebral, sí parece colaborar de manera significativa en el funcionamiento global del sistema.
La investigación refuerza una tendencia creciente en neurociencia: las capacidades humanas emergen de la cooperación entre múltiples regiones, incluso aquellas que antes se creían especializadas en tareas muy distintas.
La comunicación, uno de los rasgos más distintivos de nuestra especie, no sería el resultado de un único “centro del lenguaje”, sino de una red amplia y coordinada. Y el cerebelo, hasta hace poco considerado un actor secundario, parece ocupar un lugar mucho más relevante en ese entramado.
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