
La capacidad para rastrear cómo una célula responde y se adapta a lo largo del tiempo representa una de las fronteras más codiciadas de la biología. Durante décadas, investigadores buscaron herramientas que permitan archivar la actividad genética de las células para comprender mejor su evolución, sus respuestas al estrés celular y los motivos detrás de fenómenos como la resistencia de tumores a ciertos fármacos.
Un equipo de la Universidad de Harvard y el Broad Institute de MIT y Harvard publicó en la revista Science un estudio sobre un sistema genético que llamaron TimeVault —caja fuerte temporal, por su significado en español— capaz de almacenar y preservar el conjunto de instrucciones genéticas activas de células vivas, llamado transcriptoma, lo que abre nuevas vías para analizar procesos biológicos complejos.
Un hallazgo que permite reconstruir el pasado molecular
El desarrollo de TimeVault surge de la necesidad de superar las limitaciones de las técnicas tradicionales, como la secuenciación de ARN, que destruyen la célula y solo ofrecen una visión instantánea de su estado molecular. Según el trabajo, el sistema permite registrar la actividad genética de una célula y recuperar ese registro días después, algo que hasta ahora resultaba imposible.
Para lograrlo, TimeVault aprovecha unas estructuras huecas llamadas vaults que ya existen de forma natural y abundante en las células. El equipo ideó una “trampa molecular”: modificaron el sistema para que actúe como una caja fuerte microscópica.

El funcionamiento es ingenioso: utilizaron una especie de “imán biológico” que atrae al ARN mensajero hacia el interior del vault. Esto es clave porque el ARN mensajero revela qué está haciendo la célula en tiempo real; es la diferencia entre tener el manual de instrucciones guardado (ADN) y saber qué página exacta se está leyendo en ese instante. Una vez dentro, la estructura se cierra y el material genético queda blindado, protegido de la degradación habitual.
Fei Chen, uno de los autores principales, lo resume en un artículo publicado en Harvard Gazette con una analogía contundente: “Es como una máquina del tiempo para la célula”. Y agrega: “Se puede observar una célula ahora y ver cómo su pasado influye en el presente; por ejemplo, qué genes se activaron anteriormente para que una célula cancerosa se vuelva resistente a los fármacos”.
Lo revolucionario es la durabilidad del archivo. Mientras que el ARN suelto en la célula suele desaparecer en cuestión de horas (tiene una vida media de unas 17 horas), dentro de estas cápsulas la información sobrevive intacta por más de cinco días. Además, estos “archivos” son hereditarios: cuando la célula se divide, las células hijas reciben los vaults, lo que permite a los científicos leer la historia de todo un linaje celular a través de varias generaciones.

Kevin Yu-Kai Chao, primer autor del estudio, explica que esta herramienta crea “un vínculo entre el pasado y el futuro que antes no existía”. Para probar su eficacia, el equipo sometió a las células a situaciones de estrés, como calor extremo o falta de oxígeno (hipoxia). En ambos casos, aunque el evento estresante ya había terminado, los investigadores pudieron abrir los vaults días después y encontrar la “grabación” exacta de cómo la célula había reaccionado en ese momento crítico.
Ingeniería molecular detrás de un archivo genético
El camino hacia TimeVault no fue lineal. Los investigadores explicaron que sus primeros intentos fracasaron: inicialmente probaron con proteínas de bacterias (encapsulinas), pero el sistema no funcionaba bien en células humanas. La solución llegó al mirar dentro de nuestra propia biología.
El equipo se inspiró en los vaults, unas misteriosas estructuras en forma de barril descubiertas hace 40 años. Aunque la ciencia aún no tiene claro cuál es su función natural, tienen dos características ideales para este proyecto: son huecas por dentro y, al ser nativas del cuerpo humano, no provocan reacciones de rechazo (respuesta inmune).
Para convertirlas en archivos de datos, los científicos usaron ingeniería genética para equipar estos vaults con un sistema de anclaje interno. Modificaron sus proteínas para que pudieran sujetar y retener el ARN. Una vez que la estructura se cierra, las enzimas que normalmente destruirían el mensaje genético se quedan fuera, incapaces de atacarlo.

Los números confirman el éxito del blindaje: mientras que el ARN suelto en el citoplasma suele degradarse en unas 17 horas, dentro de los TimeVaults se mantuvo legible por 132 horas (cinco días y medio). Esto otorga a los científicos una ventana de tiempo inédita para comparar el “antes y después” celular.
El impacto del hallazgo fue tal que recibió el visto bueno del propio descubridor de estas estructuras. Leonard Rome, profesor de la UCLA que identificó los vaults en 1986, celebró la innovación en la Harvard Gazette: “Francamente, estoy encantado de que el Dr. Chen haya podido explotar las propiedades de la partícula vault de este modo y aportar un método completamente nuevo para indagar la historia de una célula”.
Potencial de TimeVault en la investigación biomédica
Las aplicaciones de TimeVault van más allá de la teoría. Para demostrar su potencial médico, el equipo lo probó en un desafío concreto: entender la resistencia a los medicamentos en el cáncer de pulmón.
Los investigadores utilizaron esta herramienta para analizar células tumorales que logran sobrevivir a los tratamientos convencionales. Gracias a que TimeVault había guardado el registro de su actividad genética previa, pudieron “rebobinar la cinta” y detectar qué cambios moleculares ocurrieron justo antes de que estas células se volvieran resistentes.

Hacia el futuro, la meta es aún más ambiciosa. Los autores sugieren que el sistema podría perfeccionarse para registrar múltiples momentos, lo que lo acercaría al concepto de una “caja negra” biológica: un registro indestructible de la historia de una célula.
Chen resume el valor de este avance: “Es la primera manera de observar realmente la historia de una célula y conectarla con el futuro. Creemos que probablemente surgirán muchas aplicaciones interesantes desde una perspectiva investigadora y potencialmente terapéutica”.
Este estudio abre la puerta a una nueva era en la medicina, donde los científicos podrán ver la “película completa” de cómo una célula se estresa, enferma o se defiende, un paso clave para diseñar terapias más eficaces.
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