
Un estudio canadiense demuestra que una dieta basada en vegetales, cuidadosamente planificada y con alto contenido proteico, permitió a dos ciclistas recreativos mantener o incluso aumentar su masa muscular mientras conservaban el peso corporal tras cruzar Canadá en bicicleta durante un mes y cubrir 4.316 kilómetros.
Esta investigación, publicada por Physiological Reports, constituye uno de los primeros análisis detallados sobre el balance energético y la composición corporal en deportistas de ultra-resistencia que consumen exclusivamente alimentos de origen vegetal.
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Un desafío extremo monitoreado por científicos
El estudio fue desarrollado por equipos de la Universidad de Alberta y la Universidad de British Columbia, y siguió a una mujer de 38 años y un hombre de 42 durante una travesía ciclista entre Halifax y Vancouver, realizada entre el 1 y el 30 de julio de 2024.
Ambos participantes recorrieron 4.316 kilómetros en 30 días, con un promedio diario cercano a los 144 kilómetros. Durante todo el recorrido consumieron únicamente alimentos de origen vegetal, con la excepción de pequeñas cantidades de miel. Antes de iniciar el desafío, recibieron asesoramiento nutricional profesional para diseñar una dieta capaz de cubrir las elevadas demandas energéticas.
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El seguimiento incluyó dispositivos electrónicos para registrar la actividad física, mediciones del gasto energético mediante el método de agua doblemente marcada y evaluaciones de composición corporal por bioimpedancia. Además, los ciclistas registraron diariamente su alimentación con balanza y fotografías. El protocolo fue aprobado por el comité de ética de la Universidad de Alberta.
Masa muscular estable y alto consumo energético
Los resultados mostraron que ambos participantes lograron conservar —e incluso aumentar levemente— su masa libre de grasa, es decir, el tejido muscular y no adiposo.
En el caso del hombre, se observó una reducción de la masa grasa y un aumento de aproximadamente 1,4 kilos de masa magra—que incluye principalmente músculos, huesos y agua corporal— es el tejido funcional del cuerpo. La mujer mantuvo prácticamente estable su peso corporal, con variaciones mínimas tanto en el tejido adiposo como en la masa libre de grasa.
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El consumo energético se ajustó progresivamente a la exigencia del recorrido. Durante la travesía, la mujer aumentó su ingesta diaria en unas 421 kilocalorías, mientras que el hombre lo hizo en alrededor de 761 kilocalorías. Ambos superaron los 2,3 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día, un nivel elevado incluso para estándares deportivos.
A medida que avanzaba el recorrido, la proporción de carbohidratos en la dieta creció para sostener el esfuerzo, mientras que la participación relativa de las proteínas descendió levemente, aunque se mantuvo dentro de rangos adecuados. Para cubrir los requerimientos proteicos, se utilizaron suplementos vegetales y una amplia variedad de alimentos de origen vegetal.
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El gasto físico y el equilibrio del organismo
El gasto calórico total de la ciclista aumentó cerca de 574 kilocalorías por día, principalmente debido al incremento del esfuerzo físico. En el caso del hombre, el gasto total se mantuvo estable, con una leve disminución de 97 kilocalorías, pese a la alta carga diaria de actividad.
Ambos mantuvieron un índice de actividad física superior a 3,7 durante toda la travesía, un valor propio de escenarios de exigencia extrema sostenida.

Los investigadores señalan que los registros alimentarios autodeclarados suelen subestimar la ingesta real, con márgenes de error que pueden alcanzar el 20%. Por ese motivo, complementaron los datos con estimaciones basadas en los cambios corporales, lo que permitió confirmar que no existieron déficits energéticos relevantes, especialmente en la participante femenina, cuyo gasto diario rondó las 6.000 kilocalorías.
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Comparación con atletas tradicionales y límites del estudio
Al contrastar estos resultados con investigaciones previas en ciclistas profesionales con dietas omnívoras, el estudio observa que los niveles de consumo energético fueron similares o incluso superiores a los documentados en deportistas de élite durante competencias por etapas.
Este dato refuerza la idea de que una dieta vegetal bien diseñada puede cubrir las necesidades de ultra-resistencia, siempre que exista planificación, variedad alimentaria y control profesional.

No obstante, los autores advierten que se trata de un estudio de caso con solo dos participantes, lo que impide generalizar los resultados a toda la población. También señalan que las mediciones dietarias siempre presentan cierto grado de imprecisión.
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El trabajo aporta evidencia concreta sobre la viabilidad de dietas basadas en plantas en escenarios de alta exigencia física prolongada, un campo aún poco explorado en la investigación científica.
Ante el crecimiento de las competencias de ultra-resistencia y el aumento de atletas que optan por dietas vegetarianas o veganas, estos datos permiten repensar los límites tradicionales de la nutrición deportiva y refuerzan la importancia de la personalización alimentaria.
Los autores concluyen que, con una planificación adecuada, una dieta vegetal puede sostener el rendimiento, preservar la masa muscular y acompañar desafíos extremos, abriendo nuevas líneas de investigación para evaluar su impacto a largo plazo en distintos perfiles de deportistas.
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