
Un equipo de investigadores de la Swansea University analizó datos de casi 23.000 adultos para identificar qué actividades resultan más eficaces para fortalecer la salud emocional. La investigación comparó programas como ejercicio físico, meditación, apoyo psicológico y actividades al aire libre, a partir de resultados obtenidos en más de 180 trabajos científicos previos.
El objetivo fue determinar qué combinaciones generan beneficios sostenidos en el estado de ánimo, la motivación y la calidad de vida.
La recopilación, publicada en la revista Nature Human Behaviour incluyó estudios desarrollados en distintos países y contextos sociales, lo que permitió detectar tendencias generales más allá de diferencias culturales o económicas. Para los autores, esta amplitud de información ofrece una base sólida para orientar políticas públicas, programas comunitarios y estrategias de prevención.

Intervenciones combinadas: ejercicio y psicología, la fórmula más eficaz
El análisis abarcó enfoques psicológicos, actividades físicas, prácticas mente-cuerpo y propuestas en contacto con la naturaleza. En la mayoría de los casos, las personas que participaron mostraron mejoras relevantes frente a los grupos que no realizaron ninguna acción específica.
Los resultados más destacados se asociaron a la combinación de ejercicio con acompañamiento psicológico. Experiencias como caminatas conscientes, rutinas de movimiento integradas con técnicas de regulación emocional o la práctica de meditación durante la actividad física generaron un impacto superior frente a los métodos aplicados por separado.

Las prácticas mente-cuerpo, como el yoga y la atención plena, ofrecieron beneficios consistentes en variables como el equilibrio emocional y la reducción del estrés. Del mismo modo, los enfoques de psicología positiva —orientados a fortalecer emociones agradables, gratitud, sentido de propósito o vínculos sociales— mostraron efectos favorables tanto en modalidades individuales como grupales.
El ejercicio por sí solo también presentó resultados comparables a los de varias terapias psicológicas tradicionales, lo que refuerza su valor como componente central del bienestar integral.
Flexibilidad, personalización y un modelo integrador
Uno de los principales aportes es que permite evaluar disciplinas muy diferentes bajo un mismo criterio. Esto facilita a profesionales de la salud, educadores y responsables de políticas públicas visualizar con mayor claridad qué alternativas funcionan mejor según cada contexto.
Andrew Kemp destacó que los hallazgos aportan flexibilidad para diseñar propuestas adaptadas a distintas poblaciones. “Nuestros resultados permiten ajustar los servicios a diversas necesidades, edades, recursos disponibles y preferencias personales”, señaló.

Estos datos también refuerzan la relevancia del modelo GENIAL, impulsado por Swansea University, que concibe el bienestar como una combinación de conexión con uno mismo, con los demás y con la naturaleza. Este enfoque integrador se ve respaldado por la evidencia empírica que muestra beneficios en múltiples líneas de acción.
La Dra. Zoe Fisher, consultora clínica del Swansea Bay University Health Board, añadió que la variedad de opciones eficaces facilita la creación de propuestas más inclusivas. “Contar con una base de evidencia amplia favorece el desarrollo de apoyos accesibles, flexibles y culturalmente adecuados para distintas comunidades”, afirmó.
Bases para el diseño de estrategias comunitarias e institucionales
Esta evaluación se ubica entre las más completas realizadas hasta el momento en este campo. Para los investigadores, los resultados permiten avanzar hacia políticas de promoción que integren distintas herramientas según las características de cada población.
La combinación de actividad física y acompañamiento psicológico se consolida como la estrategia con mayor impacto promedio, aunque los autores advierten que la efectividad también depende de factores como la adherencia, la motivación personal y las condiciones sociales.

Los hallazgos sugieren que fomentar hábitos activos, prácticas de regulación emocional y vínculos sociales puede generar beneficios sostenidos en el tiempo, incluso fuera de ámbitos clínicos. Además, abren la puerta a iniciativas preventivas en entornos educativos, laborales y comunitarios.
Para Swansea University, este trabajo representa un paso clave hacia el diseño de soluciones innovadoras, escalables y basadas en evidencia para fortalecer el bienestar emocional en distintos sectores de la población, tanto a nivel local como internacional.
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