
Para millones de personas que conviven con dolor crónico, encontrar alivio sin depender exclusivamente de medicamentos sigue siendo un desafío. En ese contexto, la realidad virtual comienza a consolidarse como una alternativa innovadora que favorece la autonomía cotidiana y el bienestar emocional.
En ciudades como Seattle, la tecnología transformó la vida diaria de Leona Bell, una paciente cuya experiencia, junto con estudios científicos recientes, ilustra nuevas posibilidades en el abordaje del dolor, según reporta National Geographic.
Según la Cleveland Clinic, el dolor crónico se define como aquel que persiste durante más de tres meses o que reaparece de manera constante, incluso cuando la lesión o enfermedad que lo originó ya ha sido tratada.

A diferencia del dolor agudo —que funciona como una señal de alerta del organismo—, el dolor crónico puede mantenerse en el tiempo y afectar la calidad de vida, el descanso, el estado de ánimo y la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Puede manifestarse de distintas formas, como ardor, pinchazos, presión o rigidez, y suele estar acompañado de fatiga, tensión muscular y limitaciones funcionales.
Alternativas tecnológicas y su impacto en pacientes
Se estima que el dolor crónico afecta a cerca de 50 millones de personas solo en Estados Unidos, según la Fundación Estadounidense del Dolor. Esta cifra lo sitúa entre las causas principales de discapacidad a largo plazo y de consultas médicas en ese país.
En situaciones como la de Bell —diagnosticada con síndrome de dolor regional complejo tras una descarga eléctrica—, acceder a terapias resulta costoso, escaso o ineficaz, especialmente en el contexto de la crisis de los opioides.

La realidad virtual se perfila como una terapia emergente. Hunter Hoffman, psicólogo de la Universidad de Washington, desarrolló entornos inmersivos como “SnowWorld” que emplean la interacción y la música para distraer a pacientes de procedimientos médicos dolorosos.
Por su parte, Zina Trost, investigadora de Texas A&M, resalta que “el factor determinante es la distracción”, subrayando la capacidad de estos entornos para reducir tanto el dolor como la ansiedad. En algunos casos, han sustituido la sedación química en intervenciones como colonoscopias o extracciones de sangre.
Estudios científicos y experiencias clínicas
Cuando el dolor es persistente, el enfoque cambia. Bell participó en un estudio dirigido por Hoffman, en el que utilizó un visor de realidad virtual que recreaba un laboratorio mágico e incluía ejercicios de fisioterapia adaptados.
Al integrar acciones del mundo real —como sumergir una mano en agua tibia mientras interactuaba con un avatar—, los pacientes lograron ampliar su tolerancia al dolor y mejorar su movilidad junto con la práctica de la atención plena.

Según National Geographic, Bell y seis de los siete participantes reportaron menos dolor, mayor tolerancia al frío y mejoras en el estado anímico y la movilidad. Los beneficios se observaron incluso un año después, lo que muestra el potencial de las terapias digitales para modificar la percepción y respuesta cerebral ante el dolor.
Trost destaca el efecto de ver un avatar propio en la experiencia del dolor. Señala que la tecnología contribuye a recuperar cierto grado de control sobre la vida, algo que muchos pacientes crónicos pierden. Investigaciones preliminares sugieren, además, un aumento en los niveles de ácido gamma-aminobutírico, un neurotransmisor asociado a la reducción del dolor, aunque estos datos requieren mayor validación.
Tecnología, psicología y desafíos para el acceso
Existen otras opciones tecnológicas con resultados prometedores. En Harvard, Jian Kang probó videos animados en los que los participantes visualizan e imaginan sensaciones corporales, como la acupuntura o el contacto en la espalda.
Ambos métodos produjeron un alivio perceptible, con reducciones en la escala de dolor semejantes a algunas terapias físicas reales. “El mejor resultado se da cuando pueden imaginarlo mejor”, explicó Kang a National Geographic, enfatizando el papel de la imaginación y la activación cerebral sensorial.
La extensión de videos, aplicaciones y programas interactivos facilita el acceso a intervenciones de bajo costo, si bien persisten obstáculos de información y disponibilidad. Según Nicole Hemmenway, directora de la Fundación Estadounidense del Dolor, “no tenemos un buen sistema para asegurar el acceso a la atención que necesitan los pacientes”. Subraya que cada respuesta es individual y que la cobertura de seguros todavía no se adapta a estos métodos digitales.

El componente psicológico sigue siendo crucial. Beth Darnall, psicóloga de la Universidad de Stanford, implementó intervenciones breves apoyadas por aplicaciones para enseñar técnicas validadas de manejo del dolor.
Entre los enfoques más respaldados están los tratamientos cognitivos conductuales, la terapia de reprocesamiento del dolor y la terapia de concienciación emocional y expresión, desarrollada por Mark Lumley de la Universidad Estatal de Wayne. Esta última ayuda a los pacientes a identificar la interacción entre estrés, señales internas y dolor físico.
No obstante, la demanda supera la cantidad de profesionales disponibles. Muchos pacientes recurren a plataformas digitales o grupos en línea y, ocasionalmente, a herramientas de inteligencia artificial en busca de orientación, aunque sin validación clínica sólida.
Lumley señala, según National Geographic, que la inteligencia artificial puede ser de ayuda, pero necesita regulación y más estudios antes de equipararse a los tratamientos consolidados.

Los testimonios recogidos por National Geographic reflejan tanto posibilidades como limitaciones para quienes conviven con dolor crónico. Para Bell, la realidad virtual ha sido útil para recuperar pequeñas metas o rutinas.
Trost advierte que ninguna terapia —digital o convencional— es una solución definitiva, aunque ofrecen alternativas reales. Hemmenway insiste en que el acceso equitativo sigue siendo esencial, mientras Kang y Darnall coinciden en combinar tecnología con enfoques psicológicos respaldados por la evidencia científica.
Más allá de una cura definitiva, la mayor aportación de la realidad virtual y las herramientas digitales reside en brindar nuevas oportunidades de autonomía y motivación personal. Así, en medio de desafíos y avances, la tecnología empieza a devolver, aunque sea en parte, el sentido de control a quienes viven con dolor crónico.
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