
Un análisis de más de 1,1 millones de adultos en Inglaterra reveló que aproximadamente el 65% de quienes manifestaron dudas iniciales frente a la vacuna contra el COVID-19 finalmente recibió al menos una dosis.
Según el estudio publicado en The Lancet, desarrollado por el Imperial College de Londres a través del programa REACT, las principales reservas surgieron en torno a la efectividad de la vacuna y los posibles efectos adversos.
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Los especialistas señalaron que estas preocupaciones disminuyeron a medida que aumentó la difusión de información confiable.
Evolución y motivos de la reticencia

El estudio REACT, uno de los más extensos sobre percepción vacunal a nivel internacional, siguió la evolución de la reticencia durante la pandemia. Recopiló datos entre enero de 2021 y marzo de 2022, y los vinculó con registros oficiales de vacunación hasta mayo de 2024.
Las cifras señalan que de las casi 38.000 personas que expresaron algún grado de reticencia (3,3% de la muestra), un 65% terminó vacunándose con al menos una dosis.
Las tasas de reticencia a la vacunación variaron a lo largo del tiempo. Al comienzo del despliegue, en enero de 2021, alcanzaron su punto más alto, con un 8% de encuestados. Posteriormente, este porcentaje descendió de forma continuada hasta situarse en un mínimo del 1,1% a comienzos de 2022, antes de registrar un leve repunte al 2,2% durante el auge de la variante ómicron, según The Lancet.
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Entre los motivos principales de vacilación, los investigadores de la Escuela de Salud Pública del Imperial College identificaron ocho grandes categorías. De acuerdo con lo publicado, las razones más frecuentes fueron el temor a efectos adversos —tanto inmediatos como a largo plazo—, la necesidad de comprobar la eficacia de la vacuna y el deseo de observar el impacto en otras personas antes de decidirse. Según los investigadores, entre quienes informaron sus motivos, el 41% expresó preocupación por los efectos a largo plazo, el 39% prefirió esperar para evaluar la efectividad y el 37% manifestó inquietud por los efectos secundarios inmediatos.
Otros factores relevantes incluyeron la percepción de bajo riesgo personal de enfermedad, el antecedente de haber tenido COVID-19 y la desconfianza en los desarrolladores de vacunas. El análisis de The Lancet también contempló el miedo a las vacunas, experiencias previas de reacciones adversas, preocupaciones sobre fertilidad, embarazo y lactancia, así como obstáculos logísticos y la preferencia por no responder.
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Perfil demográfico y claves para futuras campañas

Desde un punto de vista demográfico, la reticencia fue más común entre personas residentes en zonas económicamente desfavorecidas, individuos desempleados, quienes tenían menor nivel educativo y miembros de grupos étnicos no blancos, de acuerdo con The Lancet.
Las mujeres presentaron mayor vacilación que los hombres; sin embargo, un análisis del trabajo publicado en Nature indica que fueron menos propensas a permanecer sin vacunar, ya que muchas de sus dudas respondían a situaciones temporales como el embarazo o la lactancia. En contraste, las personas mayores y quienes mantenían un sentimiento antivacunas sostenido tendieron a mantener su negativa con mayor firmeza.
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La mayoría de quienes cambiaron de parecer lo hizo tras resolver sus dudas a partir de información confiable o gracias a la atención de profesionales sanitarios. Motivos como el embarazo y la lactancia resultaron ser reticencias subsanables, según explicó la profesora Helen Ward del Imperial College. Destacó, además, que con el avance de la campaña y la mayor confianza pública, muchas barreras iniciales se disiparon.
No obstante, el estudio difundido en The Lancet subraya que existe un grupo que mantuvo su rechazo, pese a los esfuerzos informativos. En estos casos, predominó la baja confianza en la medicina, el sentimiento antivacunas persistente y la percepción de un riesgo bajo de COVID-19, así como antecedentes personales de la enfermedad.
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Para el profesor Marc Chadeau-Hyam, epidemiólogo computacional del Imperial College, estos hallazgos permiten orientar futuras campañas de vacunación hacia los grupos cuyas dudas pueden superarse mediante intervenciones dirigidas. El trabajo remarca la importancia de identificar los distintos perfiles de reticencia para diseñar estrategias específicas que eleven la aceptación vacunal y fortalezcan la prevención de enfermedades infecciosas.
El rol de las vacunas frente al resurgimiento de enfermedades prevenibles
Estas conclusiones cobran relevancia ante el resurgimiento de patologías inmunoprevenibles como el sarampión. Así lo advirtió la profesora clínica Helen Skirrow del Imperial College, quien recordó la reciente muerte de un menor por esa enfermedad en Inglaterra y la urgencia de promover una comunicación clara entre profesionales de la salud y familias sobre la vacunación infantil.
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Asimismo, portavoces del Imperial College indicaron que los aprendizajes sobre el comportamiento vacunal durante la pandemia proporcionan claves valiosas para futuras campañas públicas y ayudan a comprender las dinámicas de aceptación de nuevas vacunas, tanto en población adulta como infantil.
Frente a emergencias sanitarias con tecnologías inéditas y decisiones rápidas, los especialistas coinciden en que el acceso a información clara y transparente se convierte en un recurso esencial para construir la confianza y reforzar la protección colectiva.
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