La adicción a las redes sociales entre niños y adolescentes a través de celulares y tablets ha generado inquietud entre especialistas en salud mental infantil. El uso intensivo de plataformas como Instagram, TikTok y Snapchat se ha consolidado como parte central de la vida cotidiana de los menores, desplazando a la televisión y los videojuegos como principales formas de entretenimiento digital. Esta tendencia, lejos de representar solo una evolución en los hábitos de ocio, ha encendido las alarmas por su posible impacto negativo en la capacidad de concentración y el desarrollo cognitivo de las nuevas generaciones.
Expertos advierten que el tiempo que los jóvenes dedican a las redes sociales podría resultar más perjudicial para la atención que el consumo tradicional de televisión o videojuegos. Un estudio internacional reciente ha evidenciado que el uso prolongado de estas plataformas se asocia con un mayor deterioro de la atención en la infancia y la adolescencia, superando el efecto de otros consumos digitales.
Las redes sociales y déficit de atención
La investigación, publicada en la revista Pediatrics Open Science, fue liderada por el Instituto Karolinska de Suecia y la Universidad de Ciencias y Salud de Oregón en Estados Unidos. El equipo realizó un seguimiento durante cuatro años a 8.324 niños estadounidenses de entre 9 y 14 años, quienes informaron diariamente el tiempo dedicado a redes sociales, televisión y videojuegos. Paralelamente, los padres evaluaron la capacidad de concentración de sus hijos y posibles signos de hiperactividad.

El profesor Torkel Klingberg, uno de los autores del proyecto, explicó: “Nuestro estudio sugiere que son específicamente las redes sociales las que afectan la capacidad de concentración de los más chicos”. Los resultados mostraron que los menores que pasaban más tiempo en redes sociales experimentaban una disminución gradual en los niveles de atención y un aumento de los síntomas de inatención. En contraste, quienes dedicaban su tiempo principalmente a la televisión o los videojuegos no presentaron el mismo patrón.
El equipo de investigación atribuye este fenómeno a la naturaleza intrusiva de las redes sociales, caracterizadas por la presencia constante de mensajes y notificaciones. El experto detalló: “Las redes sociales conllevan distracciones constantes en forma de mensajes y notificaciones, y la mera idea de si ha llegado un mensaje puede actuar como una distracción mental. Esto afecta la capacidad de mantener la concentración y podría explicar la asociación”.

El estudio también descartó que factores como el entorno socioeconómico o una predisposición genética al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) influyeran en los resultados. Además, se comprobó que quienes ya presentaban síntomas de falta de atención al inicio del estudio no aumentaron su uso de redes sociales, lo que sugiere que la relación va del uso a los síntomas, y no al revés. El informe subraya: “No hubo evidencia de asociación inversa, ya que los síntomas promedio de falta de atención no predijeron un mayor uso de las redes sociales”.
El impacto a futuro
Aunque los autores reconocen que el impacto es pequeño a nivel individual, advierten que “podría tener consecuencias significativas si el comportamiento cambia a nivel de población”. El número de diagnósticos de TDAH en Estados Unidos aumentó de 9,5% en el período 2003-2007 a 11,3% en 2020-2022, según la Encuesta Nacional de Salud Infantil. Klingberg señaló: “Un mayor consumo de redes sociales podría explicar parte del aumento que estamos viendo en los diagnósticos de TDAH, incluso si también está asociado con la hiperactividad, que no aumentó en nuestro estudio”.

Durante el seguimiento, el tiempo promedio que los niños dedicaban a las redes sociales creció de aproximadamente 30 minutos diarios a los 9 años hasta dos horas y media a los 13 años, a pesar de que muchas plataformas establecen la edad mínima de uso en 13 años. Los investigadores destacaron la necesidad de verificación de edad más estricta y directrices claras para las empresas tecnológicas, ya que el uso temprano y creciente de estas plataformas subraya la urgencia de regular el acceso.
Los investigadores planean continuar el seguimiento de los participantes más allá de los 14 años para determinar si la asociación entre redes sociales y déficit de atención se mantiene en etapas posteriores del desarrollo. Además, destacan la importancia de establecer políticas y recomendaciones claras para un consumo digital saludable en la infancia y la adolescencia.
El primer autor del estudio, Samson Nivins, expresó su esperanza de que estos hallazgos sirvan como base para que familias y responsables de políticas públicas tomen decisiones informadas sobre el uso de dispositivos digitales, con el objetivo de proteger el desarrollo cognitivo de los niños.
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