
Mantener horarios regulares para dormir, moverse y descansar podría ser más importante para la salud cerebral de lo que se creía. Un estudio difundido por la American Academy of Neurology encontró que las personas mayores con rutinas diarias desordenadas presentan un riesgo significativamente más elevado de desarrollar demencia.
La investigación incluyó a 2.183 adultos mayores, con una edad promedio de 79 años, que no tenían diagnóstico previo de demencia al inicio del estudio. Durante un seguimiento de aproximadamente tres años, 176 participantes desarrollaron la enfermedad.
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Qué encontró el estudio
Los resultados, publicados en la revista Neurology, mostraron que las alteraciones en el ritmo diario de actividad se asocian de forma clara con un mayor riesgo de demencia. En particular, las personas que alcanzaban su nivel máximo de actividad más tarde en el día tenían hasta un 45% más de probabilidades de desarrollar la enfermedad.
Los ritmos circadianos son los “relojes internos” del cuerpo: regulan el sueño, la vigilia, la temperatura corporal y la liberación de hormonas. Cuando funcionan bien, ayudan a que el organismo mantenga rutinas estables. Cuando se debilitan, el cuerpo pierde esa regularidad, como un reloj que empieza a atrasarse o adelantarse sin control.
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En la práctica, esto significa que no tener horarios estables para estar activo y para descansar puede afectar al cerebro con el paso del tiempo.
El equipo liderado por Wendy Wang, del Centro Médico UT Southwestern, utilizó monitores adhesivos para registrar los períodos de actividad y descanso de los participantes durante unos 12 días. Estos dispositivos permitieron observar cuán marcados eran los momentos de mayor movimiento y de reposo a lo largo del día.
Para evaluar la solidez del ritmo circadiano, los investigadores analizaron la llamada “amplitud relativa”, es decir, la diferencia entre los momentos de mayor y menor actividad diaria. Cuanto mayor es esa diferencia, más fuerte y organizado es el ritmo.
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Los resultados fueron claros:
- Solo 31 de las 728 personas con ritmos fuertes desarrollaron demencia.
- En cambio, 106 de 727 personas con ritmos débiles terminaron con un diagnóstico de la enfermedad.
Tras ajustar otros factores de riesgo, como edad, presión arterial o enfermedades cardíacas, el grupo con ritmos menos definidos mostró un riesgo 2,5 veces mayor de desarrollar demencia.
La importancia del horario de actividad
Otro hallazgo relevante fue el horario del pico de actividad diaria. Las personas cuyo momento más activo se registraba después de las 14:15 presentaron un riesgo 45% mayor que aquellas que alcanzaban ese pico más temprano.

En términos simples, quienes concentraban su mayor movimiento más tarde en el día tenían más probabilidades de desarrollar demencia:
- el 10% del grupo con actividad tardía desarrolló demencia,
- frente al 7% del grupo con actividad más temprana.
Por qué el reloj biológico podría influir en el cerebro
Según Wang, los ritmos circadianos tienden a volverse menos estables con el envejecimiento, y cada vez hay más evidencia de que este desajuste puede contribuir a enfermedades neurodegenerativas.
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“Los cambios en los ritmos circadianos ocurren con la edad, y su alteración podría ser un factor de riesgo para la demencia”, explicó.

Una de las hipótesis apunta a la relación con el sueño y la inflamación. Las interrupciones del ritmo biológico pueden afectar la calidad del descanso y alterar procesos inflamatorios, lo que podría favorecer la acumulación de placas de amiloide (proteínas que se depositan en el cerebro y dificultan la comunicación entre las neuronas), una de las características asociadas a la demencia.
En otras palabras, cuando el “reloj interno” no funciona bien, el cerebro podría perder parte de su capacidad para limpiarse y repararse durante el sueño.
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Los autores aclaran que el trabajo muestra una asociación, pero no prueba que los ritmos circadianos alterados causen directamente demencia. Además, no se recopilaron datos sobre trastornos del sueño como la apnea, lo que podría influir en los resultados.
Qué podría venir después
Según los investigadores, futuros estudios deberán evaluar si intervenciones simples, como aumentar la exposición a la luz natural, mantener horarios regulares o modificar hábitos diarios, pueden ayudar a fortalecer los ritmos circadianos y reducir el riesgo de demencia.
La investigación refuerza la idea de que cuidar el “reloj interno” no solo mejora el descanso, sino que también podría ser una pieza clave para proteger la salud cerebral a largo plazo.
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