
Un grupo de investigadores de la Universidad de Toronto identificó un posible biomarcador que permitiría detectar de manera más temprana la progresión de la esclerosis múltiple, una enfermedad neurológica crónica que afecta al sistema nervioso central.
El hallazgo, publicado en la revista Nature Immunology, fue validado tanto en pacientes humanos (con tejido cerebral humano post-mortem y muestras de líquido cefalorraquídeo de personas vivas) como en modelos animales, podría mejorar la selección de tratamientos y avanzar hacia una medicina más personalizada en una de las formas más difíciles de tratar de la enfermedad.
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Un problema clave en la esclerosis múltiple progresiva
La esclerosis múltiple es una enfermedad neurológica en la que el sistema inmunológico ataca por error al cerebro y la médula espinal, dañando las conexiones nerviosas. Esto puede provocar síntomas como dificultad para caminar, problemas de equilibrio, alteraciones visuales, fatiga y deterioro cognitivo, según describen la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En muchas personas, la enfermedad avanza en forma de brotes, con períodos de empeoramiento seguidos de etapas de recuperación parcial.
Sin embargo, existe una forma distinta y más compleja: la esclerosis múltiple progresiva, que se caracteriza por un deterioro lento pero continuo, sin recaídas claras ni mejorías evidentes, y por una acumulación gradual de la discapacidad con el paso del tiempo, de acuerdo con la clasificación clínica utilizada por organizaciones especializadas como la National Multiple Sclerosis Society.
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Por ejemplo, en Canadá, donde se diagnostican más de 4.300 nuevos casos por año, alrededor del 10% de los pacientes presenta desde el inicio la llamada esclerosis múltiple progresiva.

Uno de los principales desafíos médicos es identificar con claridad cuándo la enfermedad entra en esta fase, ya que existen pocas herramientas para detectarla a tiempo y los tratamientos disponibles son limitados. Según explicó Jen Gommerman, profesora y directora del Departamento de Inmunología de la Universidad de Toronto, hasta ahora era difícil determinar qué pacientes estaban atravesando una progresión activa.
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Qué significa CXCL13-BAFF y por qué es importante
El estudio se centró en dos proteínas del sistema inmunológico, llamadas CXCL13 y BAFF, que cumplen funciones distintas pero complementarias en los procesos inflamatorios del organismo.
De manera simplificada, CXCL13 suele aumentar cuando hay inflamación activa en el cerebro, mientras que BAFF ayuda a mantener esa respuesta bajo control. En personas sanas, ambas proteínas se mantienen en equilibrio. En cambio, cuando la esclerosis múltiple comienza a progresar, ese balance se rompe: CXCL13 sube mucho y BAFF disminuye.
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La proporción CXCL13-BAFF consiste en comparar cuánto hay de una proteína en relación con la otra. Cuando esta proporción es alta, indica que la inflamación en el cerebro está activa y no logra apagarse, una situación asociada al avance de la enfermedad.
En otras palabras, este desbalance funciona como una señal de alerta que permite detectar cuándo la enfermedad empieza a empeorar, incluso antes de que los síntomas se vuelvan evidentes.
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Para comprobar esta relación, los investigadores desarrollaron un modelo en ratones que reproduce el daño cerebral típico de la esclerosis múltiple progresiva. En estos animales se detectó un aumento de hasta 800 veces en los niveles de CXCL13 y una marcada reducción de BAFF en el cerebro.

Luego, los investigadores comprobaron si este mismo patrón aparecía en personas. Para eso analizaron, por un lado, tejido cerebral humano obtenido después del fallecimiento y, por otro, muestras de líquido cefalorraquídeo —el fluido que rodea y protege el cerebro— de pacientes vivos.
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En ambos casos observaron lo mismo: cuando la cantidad de CXCL13 era alta y la de BAFF baja, había más inflamación activa en el cerebro, un rasgo característico de la esclerosis múltiple progresiva.
Qué podría cambiar en los tratamientos
El equipo también evaluó el efecto de los inhibidores de BTK, medicamentos que se encuentran en estudio para tratar la esclerosis múltiple progresiva. En los modelos animales, estos fármacos lograron normalizar los niveles de CXCL13 y BAFF, lo que sugiere que podrían ayudar a controlar la inflamación en pacientes seleccionados.
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Según los investigadores, contar con este biomarcador permitiría identificar mejor a las personas que podrían beneficiarse de estos tratamientos, optimizar los ensayos clínicos y avanzar hacia terapias más ajustadas a cada paciente.
El grupo de la Universidad de Toronto continuará investigando si la proporción CXCL13-BAFF puede anticipar la evolución hacia la forma progresiva de la enfermedad y si ayuda a predecir la respuesta a nuevos fármacos. Para ello, ya colabora con compañías farmacéuticas.
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Si se confirma su utilidad clínica, este indicador podría mejorar tanto el diagnóstico temprano como la personalización de los tratamientos para las personas con esclerosis múltiple progresiva.
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