
La vida sedentaria eleva el riesgo de tumores vinculados a la inflamación y deteriora el sistema inmune.
En cambio, el ejercicio regular disminuye la posibilidad de desarrollar cáncer y contribuye a rejuvenecer las defensas, según un nuevo estudio científico. Fue publicado en la revista Cell Reports Medicine.
Defensas desgastadas, mayor exposición

La investigación destaca que, con el paso del tiempo y la falta de movimiento, el sistema inmune sufre inmunosenescencia, es decir, la pérdida progresiva de eficacia de las células de defensa.
El estudio, liderado por Yi Jin, Zhiyu Yang y Zishuai Li con colegas de la Segunda Universidad Militar Médica de Shanghai, el Laboratorio Clave de Defensa Biológica y la Universidad de Jinan, en China.
Esta inmunosenescencia facilita la inflamación crónica y la aparición de cáncer porque las células viejas se vuelven menos eficientes para repeler amenazas.
Los científicos se plantearon si el entrenamiento físico cotidiano podía frenar la inmunosenescencia y reducir la inflamación. También se preguntaron si la actividad física diaria podía convertirse en una barrera ante ciertas enfermedades oncológicas.
Los científicos analizaron el círculo que conecta la inflamación sostenida con el deterioro de las defensas. Partieron de la hipótesis de que romper esa cadena a través del movimiento diario aleja el riesgo tumoral.
Más movimiento, menos cáncer

Los investigadores estudiaron el papel de linfocitos T y NK (en inglés se conocen como “natural killer”), que son células centrales para reconocer y destruir peligros, incluidas células dañinas.
Una de las metas consistió en comprobar si solo el ejercicio cotidiano logra revitalizar la inmunidad y limitar la aparición de tumores de origen inflamatorio.
El equipo analizó bases de datos poblacionales de Reino Unido y Estados Unidos, junto a experimentos controlados en ratones y hámsteres. Examinaron sangre, órganos inmunológicos y rutinas aeróbicas.

Los resultados indican que las personas activas poseen tasas más bajas de cáncer asociado a inflamación y menor mortalidad.
“El ejercicio disminuye los riesgos de los tipos de cáncer relacionados con la inflamación y la mortalidad por tumores”, escribieron los investigadores.
En ratones y hámsteres, los entrenamientos físicos elevaron los niveles de linfocitos B, T y células NK en médula ósea y órganos linfáticos. Reforzó así la respuesta del sistema inmune.
El estudio precisó: “El entrenamiento físico disminuye la expresión de genes relacionados con la inmunosenescencia, células inmunes Mki67+, y moléculas proinflamatorias, y aumenta los factores antiinflamatorios, células inmunes Flt3+, natural killer y linfocitos T en ratones y hámsteres, especialmente en animales de mayor edad”.
Los efectos beneficiosos del ejercicio se reflejan poco después de la sesión física, aunque se atenúan con el tiempo, tanto en animales como en humanos.

También los científicos señalaron que la proteína Mki67 parece ser un biomarcador relacionado con la senescencia en células inmunes. Podría ser útil en los laboratorios para medir el envejecimiento del sistema inmune.
El estudio demostró que, en humanos, la actividad física regular se asocia a una reducción clara en tumores relacionados con la inflamación y en la mortalidad por cáncer.
En cuanto a datos cuantitativos: “más del 20% de los cánceres relacionados con la inflamación y entre el 26% y el 34% de las muertes por cáncer pueden prevenirse con suficiente actividad física, lo que en general supera la efectividad de la terapia dirigida actual y la inmunoterapia, lo que sugiere que la actividad física resulta costo-efectiva para la prevención y el control del cáncer”, afirmaron.
Ejercicio diario, recomendaciones y límites

El equipo de científicos subrayó la importancia de incorporar ejercicio habitual en la rutina para reducir los tumores ligados a inflamación.
Admitieron limitaciones en su trabajo, como los análisis moleculares en grupos pequeños y el uso exclusivo de animales machos. También mencionaron que falta investigar qué ocurre donde el tumor ya está presente.
Pero resaltaron que los resultados del estudio “son sumamente importantes para reducir la carga del cáncer en la población en la era de la epidemia de comportamientos sedentarios”.
La evidencia indica que moverse cada día puede favorecer un sistema inmune más joven y eficiente, con potencial para prevenir muchos cánceres relacionados a inflamación y envejecimiento.
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