
El cerebro de un bebé cambia a una velocidad asombrosa desde sus primeros días de vida. Comprender cómo se configuran y reorganizan sus conexiones es fundamental para identificar las bases del aprendizaje, la memoria y la conducta futura.
Ahora, un equipo internacional liderado por Northeastern University reveló nuevos detalles sobre este proceso utilizando tecnología de electroencefalografía (EEG), lo que abre oportunidades para apoyar el desarrollo infantil en sus etapas más tempranas.
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El cerebro en acción: cómo se organiza en los primeros años
La investigación, publicada en Imaging Neuroscience, se centró en observar el desarrollo cerebral de bebés de entre tres meses y dos años, una etapa decisiva para la formación de habilidades cognitivas y motoras.
Laurel Gabard-Durnam, directora del Laboratorio de Plasticidad en el Neurodesarrollo (PINE Lab), explicó: “Es una ventana de cambio muy rápida para el cerebro al salir al mundo. Es un periodo realmente emocionante para entender cómo se forman y coordinan estos procesos que guían el comportamiento”.

El estudio reunió a científicos de Estados Unidos, Sudáfrica y Brasil, que utilizaron EEG para captar la actividad cerebral en bebés despiertos. A diferencia de tecnologías como la resonancia magnética, que requiere que el bebé esté dormido y produce imágenes estáticas, el EEG permite registrar la actividad en tiempo real mientras el niño percibe sonidos, imágenes y películas diseñadas para captar su atención.
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Priyanka Ghosh, investigadora del PINE Lab, destacó: “Durante la infancia, a medida que el bebé crece, las transiciones entre redes cerebrales se vuelven más rápidas. El EEG nos da la flexibilidad de captar estas redes mientras el bebé está despierto, lo cual es extraordinario”.
Microestados y mielina: los motores invisibles del desarrollo
Durante los experimentos, los científicos analizaron los llamados microestados, patrones breves de actividad cerebral que reflejan la organización de las distintas redes funcionales del cerebro.
Cada microestado funciona como una especie de “huella dactilar” de una red cognitiva específica, como la red auditiva, que responde a sonidos, o la red por defecto, activa principalmente cuando el cerebro está en reposo. Según Ghosh, es como cambiar de canal en un televisor: cada red representa una función concreta, y el cerebro alterna rápidamente entre ellas.
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Uno de los hallazgos más llamativos fue que estos microestados, aunque duran solo milisegundos, presentan patrones que se repiten y se asemejan a los observados en adultos, lo que sugiere una continuidad en la organización funcional del cerebro a lo largo de la vida. Gabard-Durnam señaló que es fácil identificar cuándo el cerebro está en cierto estado por la actividad característica que muestra, aunque cuál de ellos predomina puede variar de momento a momento.
Además, el estudio observó cómo la velocidad y flexibilidad para saltar de una red cerebral a otra crece con la edad, en paralelo a la maduración de la mielina. ¿Qué significa esto en la práctica? A medida que el cerebro del bebé se desarrolla, logra cambiar más rápidamente entre distintas funciones cerebrales según lo que necesita: prestar atención a un sonido, luego a una imagen o procesar información nueva, todo en cuestión de milisegundos.
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Es como si el cerebro aprendiera a alternar de manera cada vez más eficiente entre diferentes “canales” o “rutas”, un salto de agilidad que es clave para aprender, adaptarse y reaccionar a los estímulos del entorno.
Esta rapidez resulta posible gracias a la mielina, la sustancia que recubre las neuronas y acelera la transmisión de señales eléctricas entre regiones cerebrales, funcionando como si las autopistas de información del cerebro pasaran de ser caminos de tierra a trenes de alta velocidad.
¿Por qué es clave intervenir temprano en el desarrollo cerebral?
La colaboración internacional permitió comparar el desarrollo cerebral en bebés de contextos y culturas diversas, aportando una visión más completa sobre la universalidad y diversidad del neurodesarrollo. Los resultados identifican ventanas especialmente sensibles y plásticas en los primeros años, etapas críticas en las que el cerebro responde mejor a estímulos y apoyos externos.
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Según expertos de Northeastern University, entender estos mecanismos permite diseñar estrategias de intervención temprana para estimular el desarrollo y prevenir dificultades a largo plazo. La posibilidad de observar cómo se reorganizan las redes cerebrales en bebés despiertos es un avance que impulsa a seguir investigando los primeros mil días de vida, periodo clave para el futuro aprendizaje y la salud mental.
En definitiva, el desarrollo cerebral en la infancia es mucho más dinámico y flexible de lo que se pensaba. Descubrir cómo evolucionan estas redes no solo amplía el conocimiento científico, sino que también ayuda a promover el bienestar infantil en todo el mundo, desde los primeros pasos de la vida.
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