
Investigadores de la Universidad de Oxford lograron identificar cómo ciertos tipos de células, responsables de la formación y persistencia de las fístulas, modifican el tejido intestinal y hacen que estas lesiones sean difíciles de curar en pacientes con la enfermedad de Crohn.
La afección, que impacta en uno de cada 650 habitantes en el mundo, provoca inflamación, úlceras y la posible aparición de fístulas, trayectos dolorosos en forma de túnel en el tracto intestinal.
Para poder determinar las razones detrás de estas dolencias, los especialistas compararon miles de células individuales de fístulas con tejido intestinal sano y, mediante técnicas de análisis unicelular y espacial para mapear con exactitud la variedad y el comportamiento celular en los trayectos fistulosos, precisaron que en torno al 30% de quienes viven con enfermedad de Crohn desarrollan estas formaciones.

El hallazgo, publicado en la revista Nature, se produjo tras analizar muestras recogidas entre pacientes tratados en el Reino Unido durante los últimos meses. El avance resultó del trabajo realizado por un equipo del Instituto MRC Weatherall de Medicina Molecular.
Las fístulas surgen cuando las úlceras o inflamaciones no sanan correctamente y penetran el tejido vecino. Algunas se conectan incluso con órganos cercanos o la piel exterior. Hasta ahora, los especialistas no comprendían del todo su origen y evolución, y los tratamientos existentes resultan insuficientes para sanar o prevenir su aparición.
Avance en el entendimiento celular y terapias futuras
Según los autores del trabajo, las fístulas presentan un revestimiento formado por anillos concéntricos de fibroblastos anómalos, una población celular habitualmente encargada de mantener la estructura orgánica.

El estudio demostró que estos fibroblastos se reprograman para imitar el comportamiento de células del desarrollo intestinal fetal. En la superficie del trayecto, los fibroblastos erosionan el tejido circundante, lo que facilita la formación de túneles. Más profundamente, otras células depositan material fibrótico que endurece y estabiliza estas estructuras.
La doctora Agne Antanaviciute, una de las autoras principales, explicó: “Estos fibroblastos activan programas de desarrollo que deberían funcionar solo antes del nacimiento. Esa reactivación los vuelve peligrosamente destructivos. Dañan el tejido superficial y acumulan tejido cicatricial en las capas más profundas del trayecto, fenómeno clave para la formación y persistencia de los túneles”.
El equipo halló también pequeñas cantidades de estos fibroblastos en la base de úlceras de algunos pacientes que aún no habían desarrollado fístulas. De acuerdo con los especialistas, este comportamiento sugiere que una intervención temprana para modular la señalización celular podría prevenir la formación de lesiones.

La profesora Alison Simmons, otra de las autoras principales, afirmó que los medicamentos actuales para la enfermedad de Crohn se enfocan en reducir la inflamación, pero no logran favorecer la reparación del tejido. “Con la identificación de los tipos de células y las vías implicadas en la formación de fístulas ganamos herramientas para diseñar medidas preventivas y nuevos tratamientos de cicatrización”, dijo.
El estudio, difundido por Nature, generó el mayor conjunto de datos a nivel mundial sobre este fenómeno, integrando imágenes unicelulares, moleculares y espaciales de diversas muestras. Todos los resultados se han hecho públicos, con el objetivo de acelerar la investigación de complicaciones asociadas a la enfermedad de Crohn.
El nuevo mapa elaborado abre la posibilidad de descubrir fármacos diseñados para restaurar la comunicación celular saludable y favorecer la cicatrización intestinal adecuada. Prevención y reversión de uno de los aspectos más devastadores de Crohn, según los expertos, ya se sitúan en un horizonte alcanzable.

La doctora Colleen McGregor, investigadora clínica y coautora principal, valoró el impacto del descubrimiento: “Como médica que asiste a quienes padecen esta complicación, reconozco la carga que representa. Nos satisface contribuir a esclarecer los mecanismos biológicos que la producen, en un campo donde escaseaban los datos concretos”.
De acuerdo con el informe, la investigación contó con el respaldo del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, el Fondo Benéfico Leona M. y Harry B. Helmsley, el Centro de Investigación Biomédica de Oxford del NIHR y el Wellcome Trust.
Este avance sienta bases para terapias dirigidas, reducción del sufrimiento y mejora en la calidad de vida de quienes conviven con la enfermedad.
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