
Existe un término que se ha hecho muy conocido que es FOMO, (Fear of Missing Out) o miedo a perderse algo). Este término refiere a la sensación persistente de estar excluido de experiencias significativas que otros están viviendo. Generalmente relacionado con las redes sociales, puede activarse frente a cualquier tipo de situación: una fiesta, un viaje, una oportunidad laboral, una relación sentimental o una publicación viral que parece marcar tendencia.
Pero ahora existe otro fenómeno llamado FOFO (fear of finding out) o miedo a enterarse de algo, especialmente en el terreno médico y social.
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Este temor, que lleva a evitar exámenes médicos y otras pruebas de detección, se puede convertir en un obstáculo para la prevención y el diagnóstico temprano de enfermedades. Es una razón frecuente por la que muchas personas no se practican estudios, como por ejemplo mamografías, citologías vaginales, pruebas de enfermedades de transmisión sexual, análisis de sangre y otros chequeos indispensables para el cuidado de la salud y la prevención.
Según una encuesta realizada en 2025 a dos mil adultos estadounidenses empleados, tres de cada cinco personas evitan los exámenes médicos de rutina, y las razones más frecuentes son el miedo a recibir malas noticias o la vergüenza, según datos recogidos por Time.
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Otra encuesta realizada en 2025 a 7000 adultos en Estados Unidos reveló que solo el 51 % tuvo una cita médica de rutina o se sometió a una prueba de detección de cáncer el año anterior, lo que representa una disminución del 10 % con respecto a 2024.
El neuropsicólogo Theo Tsaousides explicó en un artículo en Psychology Today el origen y la expansión de este concepto: “Este temor se originó en el ámbito médico para explicar por qué las personas utilizan poco los servicios de salud. La ansiedad de afrontar tratamientos no deseados o cambios en el estilo de vida suele superar la lógica de abordar los problemas médicos”, afirmó.
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Tsaousides añadió que el FOFO trasciende el ámbito sanitario: “No se limita a la salud; se aplica a cualquier tipo de información —saldos de tarjetas de crédito; evaluaciones de desempeño; calificaciones de negocios en Yelp— que amenace con perturbar nuestra tranquilidad. El olvido es emocionalmente más seguro que la consciencia”.
¿De dónde proviene FOFO?

La psicóloga Lynn Bufka, directora de práctica de la Asociación Estadounidense de Psicología, profundizó en las raíces emocionales de este miedo. “Para muchas personas, surge de la ansiedad y es un intento de ejercer cierto control sobre una situación que les genera incertidumbre”, declaró a Time. Bufka subrayó el mecanismo de evitación: “Mucha ansiedad nos lleva a la evitación: queremos evitar aquello que nos asusta”.
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También, para algunas personas, el FOFO puede deberse a malas experiencias previas en relación con la medicina o a la iatrofobia, una fobia a los médicos o a la atención médica.
El FOFO es especialmente frecuente entre quienes padecen trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo o trastorno de ansiedad por enfermedad, antes conocido como hipocondría, según explicó Taylor y señaló que “a veces, quienes evitan las pruebas de detección consultan compulsivamente a internet o a Google”.
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Bufka identificó otra dimensión del problema: “Podría tratarse del miedo a recibir malas noticias o a sentirse presionados a tomar decisiones difíciles en su estilo de vida”, y resumió la lógica subyacente: “Si no me hago la prueba, esto no existe”, según declaró a Time.
Qué es la ansiedad por enfermedad o hipocondría

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-5 ya no incluye a la hipocondría, como un diagnóstico. En su lugar, hoy se habla de trastorno de ansiedad por enfermedad o ansiedad por la salud.
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La Asociación Estadounidense de Ansiedad y Depresión describió la ansiedad por enfermedad como la “interpretación errónea de sensaciones corporales normales como peligrosas. Un cuerpo sano produce todo tipo de síntomas físicos que pueden ser incómodos, dolorosos, inesperados o indeseados, pero no peligrosos”.
La asociación detalló el círculo vicioso que se genera: “Percibir una sensación o enterarse de una enfermedad, malinterpretarla como una amenaza, buscar en Google los síntomas y descubrir enfermedades mortales, aumentar la ansiedad al revisar compulsivamente los síntomas y, finalmente, acudir al médico en busca de tranquilidad. La tranquilidad del médico puede reducir la ansiedad y brindar alivio temporal, pero pronto el círculo se reanuda con un nuevo síntoma”.
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Los síntomas físicos normales que suelen causar miedo y preocupación incluyen, según la asociación:

- Cambios en la agudeza visual
- La frecuencia cardíaca
- La presión arterial
- Los niveles de saliva
- La profundidad de la respiración
- El equilibrio
- El tono muscular, entre otros.
“Cuando una persona malinterpreta un crecimiento en la piel, un dolor de cabeza, una contracción muscular o un cambio en el color de las heces como señal de una enfermedad mortal, genera una preocupación excesiva. Las sensaciones físicas son reales, pero no necesariamente síntomas de una enfermedad mortal. Muchas personas con ansiedad por la salud a menudo no pueden funcionar ni disfrutar de la vida debido a sus miedos y preocupaciones”, destacó la asociación.
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Cómo superar el miedo

Para enfrentar el FOFO, Bufka recomendó reflexionar sobre las consecuencias de evitar o realizarse una prueba de detección. Sugirió preguntarse: “¿Qué pasaría si sigo evitando esto? ¿Vale la pena arriesgarme a seguir posponiéndolo? ¿Cómo me sentiré respecto a este tema o decisión dentro de un año?”. Bufka concluyó: “Enfrentar el miedo nos ayuda a tomar decisiones más acordes con nuestros valores”.
La Asociación Estadounidense de Ansiedad y Depresión aconsejó descartar, primero, problemas médicos con un examen físico completo antes de iniciar cualquier tratamiento para la ansiedad por la salud.
Posteriormente, “un tratamiento eficaz ayudará a detener los comportamientos ansiosos, a aprender a aceptar las sensaciones corporales y a gestionar los pensamientos preocupantes”, indicó la asociación.
Además, subrayó que la terapia cognitivo-conductual (TCC) es el tratamiento más eficaz para cualquier forma de ansiedad, incluida la ansiedad por la salud.
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