
Los avances científicos revelaron que factores externos y hábitos cotidianos pueden influir en la forma en que se expresan los genes, lo cual abre nuevas posibilidades para la prevención de enfermedades y el bienestar a largo plazo.
La genética humana, lejos de ser un destino fijo, se presenta como un sistema dinámico, moldeado por el entorno y el comportamiento. Así lo señaló Melissa Ilardo, profesora de Informática Biomédica en la Universidad de Utah, durante una conversación con el neurocientífico Andrew Huberman, anfitrión del podcast Huberman Lab.
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De acuerdo con el último capítulo, los estudios sobre poblaciones con adaptaciones fisiológicas extraordinarias, como los Bajau de Indonesia y las Haenyeo de Corea del Sur, están transformando la comprensión de la expresión genética y generando nuevos debates sobre salud, evolución y ética en la edición genética.

Genética, epigenética y entorno
La llamada genética mendeliana —la herencia de rasgos físicos como el color de ojos— resulta insuficiente para explicar la complejidad del genoma humano. La Dra. Ilardo explicó que “la epigenética demostró que el entorno y el comportamiento pueden alterar la forma en que los genes se activan o desactivan, incluso a lo largo de generaciones”.
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Este campo estudia cómo factores como la alimentación, el estrés o los traumas pueden provocar cambios químicos en el ADN, que modifican la expresión genética sin alterar la secuencia genética original.
En casos como la hambruna holandesa, se observaron efectos epigenéticos que persisten en descendientes, lo que sugiere que ciertas adaptaciones pueden heredarse. “Cada día aprendemos más sobre cómo podemos modificar la expresión génica y sobre aspectos que antes creíamos totalmente predeterminados”, destacó la especialista.
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Rasgos hereditarios y adaptaciones humanas
El color de ojos ilustra cómo la genética y el entorno pueden entrelazarse. La especialista indicó que todas las personas con ojos azules comparten un antepasado común con una mutación genética específica, mientras que los ojos verdes suponen mutaciones independientes.
Aunque parecen inmutables, la exposición prolongada a la luz ultravioleta puede oscurecer estas pigmentaciones oculares, lo cual demuestra la influencia ambiental.
Además, la variabilidad genética humana también se refleja en adaptaciones a condiciones extremas. Ilardo destacó el caso de las poblaciones tibetanas, adaptadas a la altitud gracias a genes heredados de los denisovanos, un grupo extinto de homínidos. Esta mezcla genética (o admixture) muestra que la evolución continúa activa.
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Bajau: adaptación al buceo extremo
Uno de los ejemplos más notables es el de los Bajau, una comunidad marina de Indonesia. Según el podcast, estas personas pueden realizar inmersiones sin equipo a profundidades de hasta 30 metros, con una capacidad promedio de apnea de varios minutos.
El rasgo clave en esta adaptación es el tamaño del bazo, que en los Bajau es un 50% mayor que en las poblaciones vecinas. Este órgano actúa como un “tanque biológico de oxígeno”, liberando glóbulos rojos extra durante el buceo. Los estudios revelaron que incluso los Bajau no buceadores comparten esta característica, lo que apunta a una base genética.
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Asimismo, se identificó una variante genética relacionada con niveles elevados de hormona tiroidea, que estimula la producción de glóbulos rojos y está asociada a un bazo más grande. Ilardo destacó: “A diferencia de lo esperado, esta adaptación no depende de la eritropoyetina, la hormona tradicionalmente asociada con la producción de glóbulos rojos”.

Haenyeo: longevidad y salud en mujeres buceadoras
En la isla surcoreana de Jeju, las Haenyeo —buceadoras tradicionales— realizan recolección submarina sin equipos especializados, incluso pasados los 70 años. Algunas continúan buceando después de los 80, desafiando las bajas temperaturas y buceando incluso durante el embarazo.
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De acuerdo con la experta entrevistada, existen dos tipos de adaptación entre las Haenyeo: una fisiológica, adquirida con el entrenamiento, y otra genética. La adaptación fisiológica se manifiesta en la reducción rápida de la frecuencia cardíaca al sumergirse, lo que permite ahorrar oxígeno.
La adaptación genética, en cambio, está relacionada con la reducción de la presión arterial diastólica durante el buceo, lo que podría proteger contra trastornos hipertensivos del embarazo como la preeclampsia.
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Evolución en curso y mezcla genética global
Contrario a la creencia popular de que la evolución se detuvo, la especialista planteó que “el proceso continúa, impulsado por la mezcla genética global y los cambios en el entorno”. Como ocurrió con la adaptación tibetana a la altitud, la combinación de variantes genéticas puede producir ventajas inesperadas.
La globalización y la movilidad humana generan nuevas combinaciones de genes, capaces de aumentar tanto la resistencia como la vulnerabilidad frente a determinadas enfermedades.
Edición genética: entre avances y dilemas éticos
Ante la posibilidad de editar genes humanos mediante tecnologías como CRISPR, se generó un amplio debate. De acuerdo con lo charlado en Huberman Lab, aunque estas herramientas permiten modificar el ADN, aún enfrentan desafíos técnicos, como los efectos fuera del objetivo.
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Tal fue el caso de los embriones modificados en China, que provocó condena internacional, ilustra los riesgos de aplicar estas tecnologías sin una regulación clara. El dilema radica en distinguir entre corrección genética y mejora genética, y en quién define qué constituye un “defecto”.
Ilardo también advirtió que “aunque prevenir enfermedades genéticas sería deseable, la percepción de normalidad es cultural y subjetiva”. Además, el acceso desigual a estas tecnologías podría acentuar las inequidades en salud.

La influencia de los genes
Comprender cómo el entorno y el comportamiento influyen en la expresión genética permite desarrollar nuevas estrategias para optimizar la salud y el rendimiento. No obstante, esto también plantea desafíos éticos relacionados con la intervención genética y la definición de lo considerado como “normal”.
Según los descubrimientos difundidos por Huberman Lab, la evolución humana es un proceso activo y multifactorial, donde la genética, el entorno y la conducta interactúan de forma compleja. Los casos citados demuestran que la línea entre lo innato y lo adquirido es cada vez más difícil de trazar.
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