
Un equipo de investigación del Reino Unido diseñó un experimento clínico poco habitual. Convocaron a jóvenes sin diagnóstico psiquiátrico, sin antecedentes médicos relevantes y con estilos de vida saludables.
Les administraron un suplemento diario, sin decirles si contenía bacterias probióticas o un placebo, y les pidieron que durante un mes respondieran cómo se sentían cada día. La intención era observar si pequeñas variaciones emocionales, normalmente imperceptibles, podían emerger con un seguimiento más frecuente que los cuestionarios estándar.
La estrategia funcionó. Según el estudio publicado el 9 de abril en npj Mental Health Research, en el ensayo, dirigido por la Dra. Katerina Johnson, investigadora de la Universidad de Oxford, se demostró que los efectos comenzaron a observarse después de dos semanas de consumo diario.

Aunque no fueron detectados por las evaluaciones psicológicas convencionales, sino por el monitoreo emocional diario que los participantes realizaron a lo largo de la intervención.
Healthline, medio de salud que difundió los resultados, señaló en su artículo que este hallazgo refuerza la evidencia de que el eje intestino-cerebro puede desempeñar un papel directo en la salud mental, incluso en poblaciones sin diagnósticos clínicos.
El estudio incluyó a 88 adultos sanos, con una edad promedio de 22 años, en un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo.
Durante cuatro semanas, los participantes recibieron un sobre diario disuelto en agua: la mitad contenía una mezcla de nueve cepas bacterianas -incluyendo Bifidobacterium, Lactobacillus y Lactococcus- y la otra mitad, un placebo indistinguible, indicó Healthline.
Ninguno de los voluntarios tenía antecedentes de trastornos psiquiátricos, consumo excesivo de alcohol o drogas, ni tomaba medicamentos -excepto anticonceptivos hormonales en mujeres-, lo que permitió observar los efectos en una población libre de factores de confusión clínica.
Solo los reportes diarios revelaron cambios emocionales
La mejora emocional no se reflejó en las mediciones habituales. Los cuestionarios sobre ansiedad (STAI), estrés (PSS), depresión (CES-D) o afecto negativo (PANAS) no mostraron diferencias significativas entre el grupo de probióticos y el grupo placebo.
En cambio, el monitoreo diario del ánimo, en el que los participantes valoraban cada día cuánto se sentían “positivos” o “negativos”, mostró una reducción progresiva del ánimo negativo en el grupo probiótico, comenzando alrededor del día 14. El grupo placebo no experimentó esa evolución.
“Al monitorear a las personas diariamente, en lugar de solo antes y después, obtenemos una mejor resolución temporal de los cambios emocionales”, explicó la Dra. Johnson a Healthline.

Sin embargo, los autores del estudio sugieren que los instrumentos psicológicos estándar pueden no ser adecuados para detectar cambios sutiles en poblaciones sin sintomatología clínica.
“Intentan descomponer cómo se sienten las personas en categorías discretas, por ejemplo, estrés, ira, ansiedad o tendencias depresivas. En cambio, preguntar cuán positivo o negativo se siente alguien puede capturar de manera holística un cambio en cualquier estado emocional”, afirmó la científica al medio de salud.
El equipo señaló que los cuestionarios tienden a agregar respuestas en una sola puntuación, lo que puede ocultar matices individuales. En cambio, una escala simple del 0 al 100 sobre cómo se siente una persona permite una evaluación más flexible y directa del estado emocional.
¿Quiénes se benefician más? El papel de la aversión al riesgo
El análisis de los datos reveló que los participantes con mayores niveles de aversión al riesgo, medidos por la subescala de LEIDS-R (una herramienta de vulnerabilidad cognitiva a la depresión), fueron quienes más se beneficiaron de la intervención con probióticos.
Esto sugiere que ciertos perfiles psicológicos podrían responder mejor a estas estrategias preventivas. “Podría ser útil para personas con bajo estado de ánimo o mayor sensibilidad emocional, incluso si no tienen un diagnóstico clínico”, escriben los autores en el estudio.
A diferencia de algunos antidepresivos, los probióticos no redujeron el estado de ánimo positivo. Esto fue destacado en Healthline por la Dra. Lisa Durette, psiquiatra y directora del Departamento de Psiquiatría en la Escuela de Medicina Kirk Kerkorian de la Universidad de Nevada, quien no participó en la investigación.
“Muchos pacientes dirán que sienten como si estuvieran emocionalmente amortiguados. No pueden sentir los altos y bajos tan bien como podían sin la medicación. Pero no se identificó ningún efecto de amortiguación con estos probióticos, lo cual me parece interesante”, dijo.
Este hallazgo abre la posibilidad de una modulación emocional selectiva, donde se reduce el malestar sin interferir con las emociones positivas, algo que ha sido difícil de lograr con tratamientos farmacológicos.
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