
El físico más reconocido del siglo XX, Albert Einstein, conocido por su revolucionaria teoría de la relatividad, tenía una afición que muy pocos recuerdan: la navegación. Un interés personal que, si bien no estuvo relacionado con sus logros científicos, sí formó parte de su vida diaria, especialmente durante su tiempo en Nueva York.
Aunque Albert Einstein, conocido por su famosa fórmula E=mc² y su descubrimiento del efecto fotoeléctrico, nunca fue un experto en navegación, su pasión por el mar era auténtica.
Para el genio de la física, su barco Tinef no era solo una embarcación; representaba un espacio donde podía relajarse y escapar de la complejidad de sus investigaciones científicas.
El Tinef: un barco con historia
Einstein no era un experto marinero, como señalaron muchos de los que le conocieron. En el puerto de Cutchogue, se sabía que el físico alemán prefería simplemente dejarse llevar por el viento.
Según Robert Rothmann, comerciante local, relató en un artículo del The New York Times que más de 30 personas habían tenido que rescatar a Einstein en diferentes ocasiones por haberse quedado encallado o volcado.
Una vez, incluso, necesitaron asistirlo cuando se encontraba a la deriva, sin poder regresar a la costa. Estos rescates recurrentes no impidieron que Einstein mantuviera su afición por la navegación.
Según el propio testimonio del físico alemán citado por National Geographic, su estilo de navegación era “zarpar rápidamente, sin preocuparse por la energía o la velocidad, y dejar que el barco vaya a la deriva”.

El nombre de este barco, que en ocasiones se ha traducido como “un reemplazo que no es tan bueno como el original”, hacía referencia al velero que Einstein poseía antes de la Segunda Guerra Mundial: el Tümmler, un barco mucho más lujoso.
Un barco perdido por el exilio
La historia del Tümmler comienza en 1929, cuando el físico alemán celebró su 50 cumpleaños recibiendo un velero de lujo como regalo. Según lo relató Elsa, su esposa, en una carta a la hermana de Einstein, este barco era “magnífico” y Albert gozaba de la felicidad que le traía su navegación.
Sin embargo, tres años después, la llegada del nazismo y la persecución política obligaron a Einstein a abandonar su país natal.
El régimen nazi lo incluyó en una lista de “personas peligrosas”, lo que hizo necesario que Einstein se exiliara en los Estados Unidos. En ese proceso, intentó evitar que su querido barco Tümmler cayera en manos de las autoridades alemanas.
En un intento por salvar su embarcación, Einstein contactó a un conocido suyo, Hermann Schumann, para que transportara su barco a los Países Bajos antes de que fuera confiscado. No obstante, Schumann no pudo llevar a cabo la misión, ya que el viaje habría implicado poner su vida en riesgo.

Finalmente, el Tümmler fue confiscado por la policía prusiana y, tras una serie de trámites, fue subastado por una cantidad irrisoria en comparación con su valor original. Para mayo de 1934, el barco fue vendido por USD 310.
Einstein nunca volvió a verlo y, a pesar de su desesperada búsqueda al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el rastro de su velero se perdió por completo.
La importancia de las aficiones en la vida de Einstein
A lo largo de su vida, Einstein demostró que, más allá de ser un brillante científico, también tenía aficiones que lo conectaban con la gente de manera más humana. La navegación fue una de esas pasiones que lo alejaba momentáneamente de sus estudios, y aunque no se le conoció como un gran marinero, sí fue un gran conversador en el mar.
Aquellos que tuvieron la oportunidad de navegar con él en su barco recuerdan que los paseos a menudo venían acompañados de extensos discursos sobre los avances en el campo de la física.
El artículo de National Geographic resalta que las aficiones de Einstein, como la navegación, fueron esenciales para despejar su mente y encontrar inspiración.
Para Einstein, un respiro en el agua le ofrecía la posibilidad de desconectar, disfrutar de una pasión personal y pensar en nuevos conceptos, un ejercicio vital que va más allá de la ciencia.
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