
Los saurópodos fueron un clado emblemático de dinosaurios de cuello largo que colonizaron todos los continentes durante el Jurásico y el Cretácico. Algunos linajes alcanzaron tamaños gigantes, evolucionando hasta convertirse en los animales más grandes que jamás habitaron paisajes terrestres. Es que una de las características que permitió el agrandamiento del cuerpo fue una disminución estructural de la densidad, causada por la presencia de un sistema de sacos de aire similar a un pájaro.
Sin embargo, este proceso aún no había sido comprendido totalmente por la ciencia. Ahora, científicos en Brasil lograron encontrar el eslabón perdido entre los primeros dinosaurios, cuyo tamaño oscilaba entre unos pocos centímetros y un máximo de tres metros de longitud, y los gigantes. Las conclusiones se publicaron en la revista especializada The Anatomical Record.
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“Muchos estudios describieron la evolución tardía y la diversificación de este rasgo en formas del Mesozoico medio o tardío, pero pocos se centraron en el origen de los divertículos respiratorios invasivos (NdeR: sacos de aire) en los sauropodomorfos. Afortunadamente, esto es posible solucionarlo gracias al auge de nuevas especies descritas en la última década, así como a la amplia accesibilidad de las nuevas tecnologías”, aseguraron los científicos en el documento.

Macrocollum itaquii, enterrado hace 225 millones de años en lo que ahora es Agudo, una ciudad en el estado de Rio Grande do Sul, en el sur de Brasil, es el dinosaurio más antiguo estudiado, hasta ahora, con las estructuras llamadas sacos de aire. Estas cavidades óseas, que persisten en las aves actuales, permitieron a los dinosaurios capturar más oxígeno. De este modo, lograron mantener sus cuerpos frescos y resistir las duras condiciones de su época.
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Pero eso no es todo, ya que también ayudaron a algunos a convertirse en gigantes, como en los casos del Tyrannosaurus rex y el Brachiosaurus, por ejemplo. Dos de los autores del artículo sobre el estudio que condujo a este descubrimiento, que son investigadores de la Universidad Estadual de Campinas (UNICAMP) en el estado de São Paulo, dieron detalles de este hallazgo.
“Los sacos de aire hicieron que sus huesos fueran menos densos, permitiéndoles crecer hasta más de 30 metros de largo. M. itaquii fue el dinosaurio más grande de su tiempo, con una longitud de unos 3 metros. Unos millones de años antes, los ejemplares más grandes medían alrededor de 1 metro de largo. Los sacos de aire, sin duda, facilitaron este aumento de tamaño”, informó Tito Aureliano, primer autor del artículo, quien integró el estudio, el cual se realizó como parte de su investigación en el Instituto de Geociencias (IG-UNICAMP).
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El aire de los gigantes

El estudio fue una etapa del proyecto Paisajes tafonómicos. La tafonomía es el estudio de cómo los organismos se descomponen y se fosilizan, o conservan en el registro paleontológico. La investigadora principal de este proyecto, Fresia Ricardi-Branco, docente del IG-UNICAMP, afirmó que “este fue uno de los primeros dinosaurios en caminar sobre la Tierra, en el período Triásico. La adaptación de los sacos de aire les permitió crecer y resistir el clima en este período y más tarde, en el Jurásico y el Cretácico. Les otorgaron a los dinosaurios una ventaja evolutiva sobre otros grupos, como los mamíferos, y pudieron diversificarse más rápido”.
En un estudio anterior, el grupo mostró que los primeros fósiles encontrados hasta ahora no tenían sacos de aire, tomando su ausencia como una señal de que este rasgo evolucionó al menos tres veces de forma independiente. Macrocollum itaquii era un bípedo, sauropodomorfo y antepasado de los cuadrúpedos gigantes con una cabeza pequeña y un cuello al menos tan largo como el tronco.
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Hasta que se descubrieron los sacos de aire en él, se sabía que estas cavidades vertebrales consistían en tejido camerado o camelado, el primero se refería a los espacios huecos observados por microtomografía y el segundo al hueso esponjoso. Según los autores, en este caso encontraron “cámaras neumáticas internas”, que “no son ni cameradas ni cameladas, sino un nuevo tipo de tejido con una textura intermedia”.

Propusieron llamar a las nuevas estructuras “protocamerate”, ya que “no son lo suficientemente grandes como para ser consideradas camerae, pero también presentan una matriz de camellos internamente”, señalaron en el documento. “La hipótesis más extendida hasta ahora era que las bolsas de aire comenzaron como camerae y evolucionaron a camellae. Nuestra propuesta, en base a lo que observamos en este espécimen, es que esta otra forma existió antes que nada”, sostuvo Aureliano. Las vértebras en las que se encontraron los sacos de aire también cambian lo que se sabía sobre la evolución de estas estructuras.
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En base a los fósiles analizados anteriormente, otros grupos de investigación propusieron que los sacos de aire aparecieron primero en la región abdominal y no en la zona cervical hasta el Jurásico temprano (hace 190 millones de años), mucho tiempo después del período en el que M. itaquii estaba vivo. Aquí, sin embargo, los autores encontraron evidencia clara de sacos de aire en las regiones cervical y dorsal, sin señales de las estructuras en la región abdominal.
“Es como si la evolución hubiera hecho diferentes experimentos hasta llegar al sistema definitivo, en el que los sacos de aire van desde la región cervical hasta la cola. No fue un proceso lineal. Macrocollum es un ejemplo de la evolución gradual de los tejidos esqueléticos que responden al sistema respiratorio rápidamente especializado de los dinosaurios saurisquios”, completó Aureliano. Vale destacar que de la presente investigación también formaron parte Aline M. Ghilardi, Rodrigo T. Muller, Leonardo Kerber, Marcelo A. Fernández y Mateo J. Wedel.
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