
La miopía es una de las principales causas de discapacidad visual en adultos, debido tanto a la falta de corrección y al desarrollo de resultados patológicos asociados con la miopía alta. Una vez desarrollada, continúa aumentando su gravedad durante la infancia, pero esta progresión puede prevenirse.
Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que, en 2050, una de cada dos personas en el mundo será miope y se calcula que, debido al actual escenario sanitario, se podrían acelerar estas proyecciones.
Durante 2020, los niños en la Argentina asistieron a la escuela solo dos semanas, ya que los colegios (así como gimnasios, clubes deportivos y otros espacios de recreamiento) cerraron sus puertas temporalmente por las medidas de aislamiento implementadas y los menores pasaron a estar aislados en sus hogares a partir del 20 de marzo durante varios meses.
El estudio “Progresión de la miopía en niños durante el confinamiento por COVID-19”, que se puede consultar en el repositorio de preprints de la revista científica The Lancet, buscó determinar si la progresión de esta discapacidad visual en los menores durante el aislamiento domiciliario estricto por la pandemia avanzó más rápidamente que en 2019, en contraste con la desaceleración general de la progresión a medida que los niños crecen.
“La miopía aparece generalmente cuando el niño está en el primer grado del colegio y avanza un punto por año, entre la infancia temprana, entre lo 6 y los 15; pero cada año la progresión es un poco más lenta”, explicó a Infobae el oftalmólogo Rafael Iribarren, uno de los investigadores que trabajó en el estudio.
La investigación, un preprint que todavía no pasó por revisión de pares para que quede publicado definitivamente, de la que trabajaron también Carolina Picotti, Victoria Sanchez, Ian G. Morgan y Leonardo Fernández Irigaray, llegó a la conclusión de que la falta de vida al aire libre, causada por el confinamiento, tuvo su efecto en los niños con miopía. “Encontramos que la progresión de los chicos que venían con miopía avanzó mucho más rápido durante la pandemia de lo que avanzaba antes. Si antes, lo hacía en 0,25 durante la pandemia, avanzó 0,50”, graficó Iribarren, autor de 45 publicaciones científicas.

La progresión aumentó en un 30-40% durante el período de cuarentena, en comparación con 2019, un año en el que los niños, probablemente, pasaron parte de su día al aire libre. Los resultados sugieren que los períodos prolongados de confinamiento impulsan la progresión de la miopía en niños miopes, lo que puede resultar en una miopía más grave en adultos.
La investigación, llevada adelante entre septiembre y diciembre del año pasado, estudió a 115 menores distribuidos en 16 puntos del país. “Son chicos que venían teniendo seguimiento oftalmológico hacía dos o tres años. En promedio, en la media, en estos chicos la miopía avanzó 0,44 antes de la pandemia y 0,58 durante 2020; y, si tomamos las medianas, el número se agranda: pasó de 0,27 a 0,57. Lo interesante es que, año a año, a mayor edad, la miopía avanza más despacio. Pero en el año pasado avanzó más rápido”, dijo Iribarren.
Por lo tanto, estos resultados sugieren que al diseñar restricciones de confinamiento en el hogar que impactan en los niños es importante incorporar estrategias adicionales que puedan prevenir el aumento de la miopía, sostienen los autores del estudio.
“Hemos encontrado un aumento clínicamente significativo de la progresión de la miopía en refracciones ciclopléjicas durante el confinamiento pandémico en 2020. No estamos argumentando en contra de tomar las medidas necesarias para controlar la pandemia de COVID-19. Sin embargo, enfatizamos la necesidad de desarrollar modificaciones a las medidas que imponen cierres de escuelas y confinamiento en el hogar que pueden minimizar los efectos sobre el desarrollo refractivo, particularmente porque algunos países están entrando en su segundo o tercer período de encierro, y algunos pueden enfrentar incluso más severos y prolongados cierres en el futuro”.
Para Iribarren es importante que los chicos mantengan su rutina, acompañando a sus padres a hacer las compras, saliendo a andar en bicicleta, que estén al aire libre.
Un dato a tener presente es que la prevalencia de miopía en la Argentina es relativamente baja, según los estándares internacionales. “Nuestras estimaciones de una pequeña encuesta son que al final de la escuela primaria, la prevalencia de la miopía es solo alrededor del 4% en la Argentina, probablemente debido a la corta jornada escolar, las bajas presiones académicas y la gran cantidad de tiempo que los niños pasan al aire libre”, aseguran los autores.
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