Es un saber generalizado y ahora también científico que el clima influye en nuestro estado de ánimo. A la mayoría de las personas le afecta los días de extremo calor, frío, días grises o lluviosos.
En Buenos Aires, los veranos son calurosos, húmedos y mojados; los inviernos son fríos y ventosos y está parcialmente nublado durante todo el año. Durante el transcurso del año, la temperatura generalmente varía de 8 °C a 28 °C y rara vez baja a menos de 4 °C o sube a más de 32 °C. Esta estimación del sitio Weather Spark intenta de forma simple y generalizada explicar un factor que afecta a locales y turistas en la diaria: el clima. Tal es así que aconsejan “en base a la puntuación de turismo, la mejor época del año para visitar Buenos Aires para actividades de tiempo caluroso es desde finales de octubre hasta mediados de abril”.
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El clima puede afectar no solo cómo uno se siente a diario, sino también en la salud mental en general. Por ejemplo, la Clínica Mayo define el trastorno afectivo estacional (TAE) como un “tipo de depresión relacionada con el cambio de las estaciones”. Los que sufren de TAE generalmente muestran síntomas como falta de energía y una pérdida de interés en las actividades sociales al inicio de invierno, y tienden a sentirse mejor una vez que llega la primavera.

Ahora bien, ¿cómo afectan concretamente los cambios climáticos en el ánimo o personalidad de una persona? ¿Es algo meramente psicológico o tiene un efecto real sobre nuestro organismo? Infobae consultó a expertos para desmenuzar el interrogante y derribar los mitos que lo rodean.
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“Los seres humanos somos el resultado de la naturaleza racional y, como parte de ella, estamos influenciados por la misma. Las temperaturas extremas, la lluvia, los días nublados, producen cambios en nuestro estado de ánimo a partir de la alteración en la composición del aire y la ausencia del estímulo energético del sol. Cuando describimos que nos transmite el estado del clima, todos coincidimos en que los días soleados nos energizan, los de lluvia nos bajonean, y así con todas las combinaciones que se produzcan. Si cada situación climática es sostenida, instala en ciertas personas predisponentes, un rasgo de personalidad determinado. ¿Se puede evitar? Obvio, preparándose todos los días para que al organismo no le falte la materia prima imprescindible: nutrientes, descanso, ejercicio, agua y desestrés”, explicó a Infobae el doctor Marcelo Suárez, médico clínico (M.N. 73.796) especialista en Conductas Saludables.
Consultado por este medio, Ricardo Antonowicz, psicólogo, psicoanalista, jefe de servicio de Psicología del Sanatorio Municipal Dr. Julio Méndez, coordinador de actividades asistenciales del hospital Borda y docente universitario, resumió esta incidencia del factor climático en nuestro ánimo con un juego de palabras: “'el clima afecta nuestros afectos'. Alguien que sufre problemas biológicos, por ejemplo vasculares o de baja presión, se ve obligado por el calor a dejar de salir a caminar. Este condicionamiento en las actividades diarias produce cuestiones emocionales inmanejables. Generalmente, irritabilidad, nerviosismo, angustia. La lluvia, incluso, impide a la gente de la tercera edad salir de su casa. El encierro los deja vacíos, con dificultades para concentrarse y para dormir”.
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De acuerdo al médico psiquiatra y psicoanalista Pedro Horvat, ex miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), “lógicamente las comunidades o sociedades que viven en situaciones donde el clima es un factor dominante tienen características que están relacionadas con ese condicionante”.
“Evidentemente, este elemento genera distintos tipos de personalidad y de reacciones frente a la vida. Las sociedades que viven hoy todavía en climas muy fríos o en países en donde está oscuro muy temprano o buena parte del año, indudablemente están impactados por esas condiciones”, añadió.
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Para Horvat, “hay elementos que tienen que ver con lo biológico, ya que es un hecho que la luz solar impacta sobre la hipófisis, de modo que a medida que se acerca la primavera y el verano, estamos expuestos a otra cantidad de luz solar y probablemente entonces a otro tipo de estimulación de la hipófisis”. La idea de que esta estación -la primavera- está asociada al bienestar, a las flores, a la alegría, a la diversión y a la moda, no es casual.
“Culturalmente, la primavera es un acontecimiento feliz. ¿Esto es algo solamente cultural o cabe la posibilidad de que a mejores temperaturas y a mayor cantidad de luz solar las personas se vean particularmente afectadas?”, se preguntó el psicoanalista.
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“Sin ninguna duda los fríos extremos automáticamente generan conductas regresivas, ya que debemos defendernos de este tipo de temperaturas, nos genera ‘conductas de puertas adentro’, nos retraemos, no podemos hacer la misma vida”, apuntó Horvat.
Según el experto, “la mitad de la humanidad dice que los días son deprimentes mientras que la otra mitad sostiene que son románticos, y esto tiene que ver con características particulares del metabolismo propio pero también es muy importante en este sentido que determinadas situaciones climáticas como el frío, el calor, la lluvia, lo nublado o la niebla están de alguna manera asociadas a sus historias, representan algo particular en mi vida, que habitualmente tiene que ver con cuestiones personales, familiares, de cómo reacciona por ejemplo nuestra propia madre o algún familiar cercano que nos marcó”.
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Este punto se vincula estrechamente con lo cultural según Horvat, y a las conmemoraciones festivas. Pero sobre todo “lo que representa ese factor climático en nuestra propia historia, y según él no hay una razón biológica para esto”.
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