Por qué tomar café durante el día puede reducir la calidad del sueño por la noche

Un estudio realizado en Polonia detectó cambios en la actividad cerebral nocturna aun entre personas que completaban las ocho horas habituales de descanso

Una persona con suéter oscuro sostiene una taza de café humeante junto a una ventana. Sobre la mesa de madera hay un croissant, gafas y un teléfono móvil.
El consumo de café por la mañana puede generar efectos que se extienden hasta las horas de la noche (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Una taza de café temprano podría tener efectos que se prolongan hasta la noche. Un estudio de la Universidad Médica de Wroclaw, en Polonia, señaló que la cafeína puede reducir la profundidad del sueño aunque la persona duerma las ocho horas recomendadas y no perciba dificultades para conciliar el descanso.

La investigación, publicada en la revista Nutrients y difundida por Popular Science, examinó registros de actividad cerebral tomados durante una revisión sistemática de 32 estudios que utilizaron registros de electroencefalograma. Los resultados ponen el foco en un aspecto que no siempre aparece en las evaluaciones habituales: la calidad neurológica del descanso, más allá del número de horas que una persona permanece dormida.

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El trabajo sugiere que la influencia del café no depende únicamente de beberlo poco antes de acostarse. La cantidad total ingerida a lo largo del día, el ritmo con que cada organismo procesa la sustancia y factores como la edad o el estrés pueden modificar el efecto nocturno.

Los electroencefalogramas detectaron cambios que no siempre se perciben

Los investigadores utilizaron electroencefalogramas, conocidos como EEG, para observar en detalle la actividad eléctrica del cerebro mientras los participantes dormían. Las mediciones corrientes suelen considerar la duración total del sueño, los despertares y el tiempo que se tarda en conciliarlo. Además, este método permite distinguir las características de las distintas fases nocturnas.

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Cuatro científicos con batas blancas observan una pantalla curva que muestra gráficos de reducción de riesgo en adicciones y datos numéricos.
Los científicos aplicaron electroencefalogramas para medir la actividad eléctrica cerebral durante la noche (Imagen Ilustrativa Infobae)

La médica especialista en medicina familiar Donata Kurpas, coautora del estudio, explicó que esta técnica permite conocer “no solo si una persona duerme, sino cómo duerme el cerebro”. Según señaló a Science News, el análisis cuantitativo identifica variaciones más sutiles, entre ellas la reducción de la actividad de ondas lentas.

Esa actividad está asociada al sueño profundo, una fase vinculada con la recuperación física y cerebral. El estudio observó que la cafeína puede disminuirla incluso cuando el horario de sueño parece normal y la persona completa una noche de ocho horas.

Por eso, el descanso puede resultar menos reparador sin que exista un signo evidente durante la madrugada. Alguien puede dormirse a la hora habitual, no recordar interrupciones y levantarse con la impresión de haber descansado, aunque su cerebro haya pasado menos tiempo en las etapas más profundas del sueño.

Dormir ocho horas no garantiza una recuperación suficiente

Kurpas indicó que la cafeína puede acortar el tiempo de sueño o dificultar el momento de conciliarlo. Sin embargo, el efecto no se limita a esas alteraciones visibles. Aun cuando la duración total se mantenga, el patrón registrado por el EEG puede adoptar características más cercanas a un cerebro despierto.

La percepción subjetiva de haber dormido bien puede no coincidir con los registros neurofisiológicos, según la especialista. Esta diferencia ayuda a explicar por qué algunas personas sostienen que pueden tomar un espresso después de cenar sin consecuencias, pese a que su descanso pueda presentar cambios que no detectan de forma consciente.

Hombre recostado en una cama con almohada blanca y manta gris que cubre su rostro con las manos.
El total de cafeína ingerida en la jornada incide en el descanso nocturno sin importar la hora de consumo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores también advierten sobre un posible círculo de retroalimentación. Una persona puede sentirse suficientemente bien al despertar, experimentar cansancio durante el día y recurrir otra vez al café para sostener su energía. La ingesta repetida puede afectar la siguiente noche y mantener una dinámica difícil de reconocer.

La cantidad diaria y el metabolismo también influyen

La recomendación de evitar el café por la tarde puede ser útil, pero no constituye una regla idéntica para todos. El total de cafeína consumida durante el día puede ser importante para quienes metabolizan la sustancia con mayor lentitud o son más sensibles a sus efectos.

“La cuestión no se limita al café tomado justo antes de acostarse”, afirmó Kurpas, de acuerdo con las declaraciones recogidas por Popular Science. “Para algunas personas, también puede ser importante la cantidad total de cafeína consumida durante el día y si el cuerpo dispone de tiempo suficiente para metabolizarla antes de la noche”, agregó.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El cansancio diurno impulsa el consumo de café y genera un ciclo que afecta la noche posterior (Imagen Ilustrativa Infobae)

La respuesta individual puede variar por el peso corporal, la edad, el nivel de estrés, los hábitos de descanso y el consumo de otras fuentes de cafeína, como té, bebidas energéticas, gaseosas o chocolate. Por esa razón, los investigadores plantean que cada persona debería observar la relación entre sus rutinas de consumo, su cansancio diurno y la calidad percibida de su sueño.

El estudio refuerza la idea de que el descanso reparador no se mide solo por las horas en la cama. Para quienes tienen fatiga recurrente durante el día, la investigación aporta un elemento adicional para revisar: no solo cuándo toman café, sino cuánto consumen desde la primera taza de la mañana.

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