El Alzheimer afecta más a las mujeres y la menopausia aparece como una etapa clave

Las variaciones hormonales, la respuesta al estrés y el metabolismo cerebral ayudan a explicar una brecha que la longevidad femenina no logra justificar por sí sola

Menopausia, sofoco, abanico, mujer madura, alivio del calor - (Imagen Ilustrativa Infobae)
El proceso neurodegenerativo del Alzheimer puede iniciarse dos décadas antes del diagnóstico y coincidir con la transición a la menopausia (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Casi dos de cada tres personas diagnosticadas con Alzheimer son mujeres, una diferencia que la investigación asocia con factores biológicos, hormonales y de estrés que inciden sobre la salud cerebral. Especialistas consultados por Prevention señalan que el descenso de estrógenos durante la transición a la menopausia puede ser una etapa relevante para entender y prevenir parte de ese riesgo.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa sin cura que deteriora progresivamente la memoria y otras funciones cognitivas. A partir de los 65 años, el riesgo de desarrollarlo a lo largo de la vida se estima en uno de cada cinco casos. Una proyección calcula que, para 2050, hasta 9 millones de mujeres podrían vivir con este trastorno.

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La mayor expectativa de vida femenina suele aparecer como explicación de la diferencia, pero no alcanza para resolverla. Según Roberta Díaz Brinton, directora del Centro para la Innovación en Ciencias del Cerebro de la Universidad de Arizona, las mujeres viven alrededor de cuatro años y medio más que los hombres, una brecha menor frente a un riesgo que puede duplicarse.

La menopausia coincide con una etapa previa al diagnóstico

El Alzheimer puede desarrollarse durante dos décadas antes de que se detecten sus síntomas. La edad habitual del diagnóstico se sitúa entre los 72 y 75 años; al restar ese período, la cuenta lleva a los años cercanos a la menopausia, cuya edad promedio es de 51 años.

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Esa coincidencia llevó a investigar de qué manera las variaciones hormonales afectan al cerebro. Las mujeres también registran mayor frecuencia de algunos cuadros asociados a la salud neurológica, como depresión, migrañas, accidentes cerebrovasculares y enfermedades autoinmunes que pueden afectar al sistema nervioso, entre ellas la esclerosis múltiple.

Una mujer de mediana edad con cabello castaño ondulado, vestida con un suéter azul oscuro, mira con el ceño fruncido en un entorno interior.
Casi dos tercios de los pacientes diagnosticados con la enfermedad de Alzheimer son mujeres (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para Jill Goldstein, profesora de Psiquiatría y Medicina de la Facultad de Medicina de Harvard, las diferencias biológicas entre los sexos, incluidos los cromosomas y las hormonas, tienen efectos sobre todas las enfermedades crónicas. En el caso del Alzheimer, el papel de los estrógenos concentra buena parte de la atención científica.

El estrógeno regula la energía y la conexión de las neuronas

El estrógeno interviene en la producción de energía del cerebro, contribuye a la actividad de áreas vinculadas con la memoria, la atención y la planificación, y favorece la formación de conexiones entre células nerviosas. Lisa Mosconi, directora de la Iniciativa del Cerebro de las Mujeres de Weill Cornell, lo define además como una hormona con capacidad neuroprotectora.

Durante la perimenopausia, los niveles hormonales fluctúan y luego disminuyen de forma marcada. Estudios de neuroimagen analizados por Mosconi observaron que las mujeres en esta etapa y en la posmenopausia tenían un 30% menos de energía cerebral, mientras que los hombres de edades similares presentaban cambios mínimos o inexistentes.

El cerebro utiliza glucosa como combustible principal. En las mujeres, el estrógeno regula hasta una cuarta parte de ese metabolismo. Cuando la hormona baja, el cerebro puede tener más dificultades para transformar la glucosa en energía, una situación que puede relacionarse con olvidos ocasionales o sensación de niebla mental durante la transición menopáusica.

Un modelo tridimensional de cerebro humano con activaciones luminosas azules y rojas, rodeado de una red digital con iconos, sobre una superficie reflectante en un laboratorio con dos personas.
El estrés crónico altera los receptores del hipocampo y afecta el rendimiento de la memoria en las mujeres (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si ese déficit energético se mantiene, el organismo activa mecanismos alternativos. Brinton explicó a Prevention que el cerebro puede utilizar materia blanca como fuente de energía. Esa estructura conecta regiones cerebrales y permite la comunicación entre distintas redes.

En mujeres con predisposición al Alzheimer, la menopausia también se ha asociado con una mayor probabilidad de acumulación de placas de beta amiloide, aunque su presencia no implica por sí sola un diagnóstico de demencia.

El estrés crónico puede afectar con más fuerza a las mujeres

La carga de responsabilidades laborales, familiares y de cuidados suele concentrarse en una etapa que coincide con la perimenopausia. La neuropsicóloga Jessica Caldwell, del Instituto de Alzheimer de Wisconsin, advierte que el estrés persistente perjudica especialmente al hipocampo, una región central para la formación de recuerdos.

El hipocampo cuenta con numerosos receptores de glucocorticoides, las hormonas vinculadas a la respuesta al estrés. Una exposición prolongada al cortisol puede alterar esos receptores y afectar la capacidad cerebral para responder a nuevas situaciones de presión.

Investigaciones en adultos de entre 40 y 50 años han asociado el estrés crónico con menor volumen cerebral y peor desempeño de la memoria, con efectos más marcados entre mujeres.

La alimentación, el ejercicio y el sueño son herramientas preventivas

Las especialistas recomiendan iniciar cuanto antes hábitos de protección cerebral. Una alimentación de tipo mediterráneo, basada en frutas, verduras, legumbres, granos integrales, frutos secos, pescado, aceite de oliva y proteínas magras, figura entre las estrategias con mayor respaldo. La fibra también ayuda a estabilizar la glucosa en sangre, necesaria para el funcionamiento cerebral.

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La práctica de ejercicio físico regular y la dieta mediterránea ayudan a disminuir el riesgo de deterioro cognitivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La actividad física regular es otro factor asociado a una menor incidencia de Alzheimer. En mujeres menores de 65 años, el ejercicio se vinculó con una reducción del 30% del riesgo frente al sedentarismo. Caminar, subir escaleras, realizar ejercicios de fuerza y sostener rutinas aeróbicas favorece el flujo sanguíneo hacia el cerebro.

Dormir de manera suficiente y con horarios regulares también forma parte del cuidado. Reducir el uso de pantallas antes de acostarse, mantener el dormitorio oscuro y fresco, y establecer una rutina nocturna pueden ayudar a mejorar el descanso.

La terapia hormonal puede ser una alternativa para algunas pacientes con síntomas de menopausia, pero requiere una evaluación médica individual. Brinton sostiene que sus posibles beneficios sobre el riesgo de Alzheimer dependen del momento de inicio y de la historia clínica de cada mujer.

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