
Las redes sociales suelen presentar a los ejercicios de Kegel como una solución directa frente a pérdidas de orina, molestias pélvicas o sensación de debilidad en esa zona del cuerpo. La propuesta ganó espacio porque ofrece una respuesta simple para problemas frecuentes, sobre todo después del parto o durante etapas de cambios hormonales.
Sin embargo, esa mirada no alcanza para explicar un sistema más complejo. El piso pélvico no depende solo de la fuerza muscular, sino también de tejidos de sostén, nervios, huesos, la posición de los órganos y la respuesta del cuerpo a la gravedad y la presión interna. En ese marco, los ejercicios de Kegel no sirven para todos los problemas ni para todas las personas.
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En un artículo sobre este tema, National Geographic reunió explicaciones de Linda McLean, investigadora en salud pélvica de la Universidad de Ottawa; Leslie Rickey, investigadora en uroginecología de la Escuela de Medicina de Yale; y Steven Abramowitch, bioingeniero e investigador del área pélvica en la Universidad de Pittsburgh.

El planteo cobra relevancia porque los trastornos del piso pélvico son frecuentes y el desafío actual pasa por identificar qué estructura está detrás de cada síntoma para ajustar el tratamiento a esa causa concreta.
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El piso pélvico involucra músculos, tejidos y órganos que actúan en conjunto
Abramowitch explicó que el piso pélvico no puede entenderse como un solo músculo. Lo describió como una estructura tridimensional con zonas anchas, sectores más gruesos y partes que rodean órganos o funcionan como sostén.
Sobre ese sistema actúan de forma constante el movimiento diario, la presión de la vejiga y del intestino, además de los cambios vinculados con el embarazo y el parto.
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McLean señaló que los músculos trabajados con Kegel no son los únicos que importan. También intervienen otros grupos musculares que ayudan a elevar los órganos pélvicos desde arriba y que parecen ser relevantes para resistir las cargas de la gravedad.
La especialista advirtió además que una mujer puede tener músculos pélvicos fuertes y, aun así, presentar síntomas si fallan los tejidos conectivos de sostén o si el esfínter dentro de la uretra no tiene la fuerza suficiente.
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Según sus investigaciones, las mujeres cuya vejiga se ubica más abajo en la pelvis tienen menos probabilidades de beneficiarse con rutinas de fortalecimiento.

El mismo ejercicio puede ser útil en un cuadro y perjudicial en otro
Rickey indicó que no todos los síntomas responden a falta de tono muscular. En algunos casos, el dolor pélvico aparece porque los músculos están demasiado tensos. Cuando eso ocurre, los ejercicios orientados a contraer y fortalecer pueden agravar el problema en lugar de aliviarlo.
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Esa diferencia importa porque bajo la misma etiqueta suelen reunirse cuadros distintos. Entre ellos aparecen la incontinencia urinaria de esfuerzo, que provoca pérdidas de orina ante un aumento repentino de la presión abdominal, y la incontinencia de urgencia, en la que una necesidad súbita de orinar va seguida de escapes.
También figura el dolor pélvico crónico, que puede tener múltiples causas, y el prolapso de órganos pélvicos, que ocurre cuando el útero, el cuello uterino o la vejiga descienden hacia la vagina.
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Abramowitch sostuvo que, cuando Kegel no da resultado, no corresponde responsabilizar a las pacientes por una supuesta mala ejecución. Para el investigador, suele haber una razón fisiológica importante detrás de esa falta de respuesta.
Embarazo, menopausia y otros cambios modifican el sostén pélvico
Abramowitch explicó que el parto vaginal puede exigir de manera importante al piso pélvico. Un estudio con resonancia magnética citado en el artículo detectó alteraciones en el músculo elevador del ano en alrededor del 20 por ciento de las mujeres después del primer parto vaginal.
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Ese músculo sostiene los órganos pélvicos y, en algunos casos, puede desprenderse del hueso púbico, lo que reduce su capacidad de contraerse con eficacia.

El investigador agregó que esas lesiones no suelen detectarse con estudios por imágenes en el posparto, en parte porque todavía no existe un tratamiento establecido.
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McLean, a su vez, señaló que la menopausia puede modificar los tejidos pélvicos y que el estreñimiento crónico y la obesidad aumentan la presión sobre esa estructura.
También indicó que los especialistas siguen investigando el papel del ejercicio de alto impacto y de los tratamientos hormonales.
Los tratamientos disponibles cambian según la causa del problema
Pese a esas limitaciones, los ejercicios de Kegel siguen teniendo un lugar en el abordaje clínico. Los especialistas los consideran una primera línea de tratamiento para el prolapso leve, la incontinencia urinaria de esfuerzo y la incontinencia de urgencia, idealmente con acompañamiento de un fisioterapeuta especializado en piso pélvico.

McLean también presentó un estudio aún no publicado según el cual el pesario, un dispositivo removible de silicona, ayudó a corredoras cuando lo usaban durante el ejercicio. Además, se analizan otras alternativas no quirúrgicas, como la terapia de ondas de choque de baja energía.
Para algunas formas de incontinencia de esfuerzo, los uroginecólogos pueden aplicar agentes de relleno en la uretra, mientras que para la incontinencia de urgencia se usan medicamentos o dispositivos de estimulación nerviosa.
Cuando esas opciones no alcanzan, la cirugía sigue siendo una posibilidad y refuerza una idea central: el bienestar pélvico requiere una evaluación precisa y tratamientos ajustados a cada caso.
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