
La enfermedad por hígado graso asociada a disfunción metabólica se consolidó como una de las principales preocupaciones sanitarias vinculadas con los trastornos metabólicos: afecta a cerca de 1.700 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El dato refleja la magnitud de un cuadro que suele avanzar de manera silenciosa y que puede derivar en daño hepático permanente cuando no se detecta a tiempo.
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Conocida por la sigla MASLD, la afección concentra la atención de especialistas y organismos sanitarios por su vínculo con obesidad, diabetes tipo 2, colesterol alto e hipertensión.
La prevención de este cuadro depende en buena medida de la alimentación y de los hábitos cotidianos, de acuerdo con recomendaciones de la Mayo Clinic, el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) y el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS).
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El bajo nivel de diagnóstico dificulta la detección temprana
Un relevamiento nacional citado por HuffPost indicó que menos del 5% de las personas con MASLD sabe que tiene la enfermedad en Estados Unidos. El dato ilustra una de las principales dificultades de este cuadro: la acumulación de grasa en el hígado puede avanzar durante años antes de provocar complicaciones o de ser detectada en estudios realizados por otros motivos.
La Mayo Clinic señala que, en sus fases iniciales, la condición puede mejorar e incluso revertirse con cambios sostenidos en el peso corporal y en la dieta. Si progresa, en cambio, puede derivar en MASH, una forma inflamatoria con mayor riesgo de fibrosis o cirrosis.
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El NHS también advierte que muchas personas no presentan síntomas. Cuando aparecen, pueden incluir cansancio, malestar general o dolor en la parte superior derecha del abdomen. En la práctica, buena parte de los casos se descubre a partir de análisis o estudios de imágenes solicitados por otras razones.
Las bebidas azucaradas aparecen entre los principales factores dietarios
Los especialistas consultados por HuffPost coincidieron en ubicar a las bebidas con azúcar agregada entre los productos más problemáticos para la salud hepática. En ese grupo figuran gaseosas, jugos industrializados, té dulce, bebidas energéticas y cafés saborizados.
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La gastroenteróloga Susan Kais, profesora clínica en UC Health en Cincinnati, explicó al medio que el excedente de azúcar que el organismo no utiliza como fuente de energía termina transformado en grasa dentro del hígado.

Por su parte, la hepatóloga Mary Drinane, de Dartmouth Health, añadió que el azúcar absorbido en el intestino llega rápidamente a ese órgano y allí se convierte en lípidos y triglicéridos. A eso se suma que la falta de fibra o proteína en muchas de esas bebidas favorece picos de glucosa e incrementa la secreción de insulina.
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Frituras y harinas refinadas también están bajo observación
Además del azúcar, los médicos citados por HuffPost señalaron a los alimentos fritos y a los carbohidratos refinados como dos grupos que conviene limitar. Las frituras suelen concentrar grasas saturadas y trans, mientras que productos como pan blanco, arroz blanco y snacks salados generan respuestas metabólicas comparables a las de otros alimentos de absorción rápida.

Un estudio publicado en el Journal of Advanced Research y citado por el medio analizó a 208.673 personas y encontró una asociación entre el consumo frecuente de fritos y una mayor probabilidad de MASLD. De acuerdo con ese trabajo, la ingesta habitual de comida frita elevó un 15% la posibilidad de desarrollar la enfermedad, con una incidencia destacada en el caso de las papas fritas.
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A la vez, otra investigación publicada en el American Journal of Gastroenterology vinculó una dieta alta en harinas y otros productos refinados con una mayor probabilidad de presentar la afección.
La dieta mediterránea concentra buena parte de las recomendaciones médicas
Frente a ese escenario, la Mayo Clinic recomienda la dieta mediterránea como el patrón alimentario más indicado para prevenir o controlar el MASLD. Según esa institución, este esquema prioriza verduras, frutas, legumbres, granos integrales, pescado, aceite de oliva y frutos secos, mientras limita carnes rojas, productos ultraprocesados y bebidas con azúcares añadidos.
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La institución también sostiene que una reducción del 5% al 10% del peso corporal puede mejorar de forma significativa el cuadro en quienes ya lo presentan. Incluso sin una baja marcada, ese esquema ofrece beneficios por su aporte de fibra, vitaminas, minerales y polifenoles, compuestos asociados con acción antioxidante y antiinflamatoria.
En la misma línea, un estudio publicado en Hepatology Communications en 2025, citado por HuffPost, evaluó a 47.429 personas durante más de 13 años y halló una relación entre ese modelo de alimentación y una mejor salud hepática.
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Agua, café y alimentos frescos figuran entre las opciones más recomendadas
Además de recortar productos de riesgo, las guías médicas aconsejan reforzar una alimentación basada en vegetales, legumbres, pescado, nueces, semillas y cereales integrales. La Mayo Clinic y el NIDDK también recomiendan reemplazar grasas saturadas por opciones no saturadas, como el aceite de oliva y las fuentes de omega-3.

En cuanto a las bebidas, el agua, el té y el café sin agregados aparecen entre las alternativas mejor valoradas. La Mayo Clinic señala que compuestos presentes en el café negro, el té verde y las nueces podrían contribuir a una mejor salud del hígado. En la misma línea, Drinane indicó a HuffPost que esa infusión puede incorporarse de forma habitual, siempre que no sume jarabes ni endulzantes en exceso.
Para quienes buscan una opción dulce, Kais sugirió recurrir a frutos rojos o a pequeñas porciones de chocolate amargo, por su aporte de fibra y antioxidantes.
El consumo de alcohol también requiere control y seguimiento médico
Aunque el alcohol no aparece entre los principales ejes de las recomendaciones dietarias citadas, los especialistas remarcan que su consumo también debe vigilarse. El NIDDK aconseja reducirlo al mínimo, mientras que la Mayo Clinic señala que las personas con MASLD por lo general no deberían consumirlo.
La evolución de la enfermedad depende en gran medida de la detección temprana y del control de los factores asociados. El NHS indica que, en los casos con fibrosis o cirrosis, los pacientes necesitan seguimiento especializado y controles periódicos. En situaciones avanzadas, incluso pueden requerirse tratamientos específicos o trasplante hepático.
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