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Cómo afecta en el desarrollo de la identidad de los niños el rol de ser confidente familiar y emocional

La revisión de 69 investigaciones académicas evidencia que la inversión de funciones interfiere en la autopercepción de los menores. El estudio propone establecer límites claros para proteger el crecimiento integral de los más pequeños

Un niño sentado en un sillón sujeta las cuerdas de dos globos rojos en forma de corazón atados a las muñecas de dos adultos de espaldas.
Una revisión sistemática sobre parentificación ordenó décadas de estudios sobre salud mental infantil y formas de crianza (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La conversación sobre salud mental infantil y formas de crianza sumó un dato nuevo con la publicación de una revisión sistemática que ordenó décadas de estudios sobre parentificación, una dinámica familiar en la que el hijo empieza a asumir tareas emocionales propias de un adulto.

El punto no pasa por si madres y padres pueden mostrarse tristes, cansados o preocupados, sino por cuándo esa sinceridad cotidiana se convierte en una carga sostenida para el chico. La pregunta tiene peso en una agenda atravesada por debates sobre bienestar emocional, límites en la crianza y exposición temprana a conflictos de adultos.

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En ese marco, una revisión reciente detectó que, cuando esa inversión de roles se vuelve estable, puede asociarse con malestar psicológico, dificultades en los vínculos familiares e impacto en la construcción de la identidad.

Hombre y mujer en un sofá consolando a su hijo adolescente triste. Hay dos tazas de café y un mando a distancia en la mesa de centro
La parentificación ocurre cuando un hijo asume tareas emocionales de un adulto y deja de ocupar solo el lugar de hijo dentro de la familia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa síntesis de evidencia apareció en un estudio publicado en la revista Children and Youth Services Review, que reunió 69 trabajos sobre consecuencias de la parentificación.

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Sus resultados refuerzan una distinción central para la vida cotidiana de muchas familias: compartir una emoción no equivale a convertir al hijo en apoyo emocional principal.

Qué vuelve actual al debate

La revisión no presenta un hallazgo aislado, sino que organiza un problema que empezó a recibir más atención en estudios sobre infancia, vínculos y salud mental.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los estudios señalaron que la parentificación también implica una disolución de límites entre los roles familiares de adultos e hijos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Siendo que ese corrimiento de roles puede tomar formas muy distintas. A veces aparece cuando el chico escucha de manera repetida problemas de pareja, económicos o personales que no puede procesar por edad.

En otros casos, toma el rol de confidente, intenta evitar discusiones en la casa o ajusta su conducta para que su madre o su padre no se angustien más. El problema no consiste en que vea a un adulto triste, sino en que sienta que le toca reparar ese estado.

Según el resumen del estudio, la revisión identificó seis áreas asociadas con la parentificación: malestar psicológico y emocional, relaciones familiares tensionadas, efectos sobre la identidad, impacto en el bienestar del niño, mayor vulnerabilidad a conductas de riesgo e influencia del contexto cultural.

Una mujer en camisa azul claro abraza a una niña rubia con una expresión de temor en sus ojos, quien mira directamente a la cámara.
El estudio publicado en Children and Youth Services Review reunió 69 trabajos sobre las consecuencias de la parentificación (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo también señaló la disolución de límites entre roles familiares —es decir, que el hijo pasa a ocupar funciones de contención o mediación que corresponden al adulto—, y la asoció con consecuencias medibles en el desarrollo.

Qué muestran los estudios sobre adolescentes

La revisión reciente se apoya en una literatura más amplia y encuentra antecedentes concretos en investigaciones previas. Uno de esos trabajos fue publicado en Journal of Family Psychology y analizó a 83 familias con hijos adolescentes, con una edad promedio de 15,26 años, para estudiar la relación entre conflicto de pareja, búsqueda de apoyo emocional por parte de los padres y parentificación.

El estudio definió la parentificación como la percepción del hijo de que se esperaba de él apoyo emocional o compañía para uno de sus padres, ya fuera como confidente, mediador en disputas o ayuda para decidir.

Una familia sentada en un sofá: la madre a la izquierda con la mano en el hombro del hijo, el hijo en el centro y el padre a la derecha, todos conversando.
La revisión identificó seis áreas asociadas con la parentificación, entre ellas conductas de riesgo, bienestar infantil y contexto cultural (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores hallaron que esa experiencia se asociaba con conflicto marital, con una mayor percepción de amenaza en los adolescentes, con menor calidez en la relación entre padres e hijos y con una mayor tendencia de los chicos a intervenir en conflictos de la pareja.

El estudio también la vinculó con problemas de ajuste —dificultades para adaptarse emocionalmente y en conducta—, que incluyeron ansiedad, malestar afectivo y problemas de comportamiento. El trabajo concluye que “la parentificación puede contribuir a resultados desfavorables en los jóvenes al cargar a los niños con responsabilidades inadecuadas para su etapa de desarrollo”.

El límite entre explicar y descargar

La evidencia no plantea una alarma sobre cualquier charla difícil en la familia. Los efectos no son iguales en todos los casos: dependen del tipo de responsabilidad que asume el chico, cuánto tiempo la sostiene, cómo es la dinámica del hogar y cuál es el contexto cultural. Por eso, no toda cercanía emocional ni toda ayuda implican un daño.

Un niño sentado en el suelo con las manos en la cabeza. Detrás, dos adultos difuminados gesticulan, un sofá en el fondo y una lámpara de techo.
Una investigación en 83 familias con adolescentes relacionó la parentificación con conflicto de pareja, amenaza percibida y problemas de ajuste (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo que sí permiten ver los estudios es el límite entre explicar una preocupación con palabras acordes a la edad y convertir al hijo en sostén emocional del adulto.

Ese criterio no apunta a promover el silencio dentro del hogar, sino a ordenar responsabilidades: un adulto puede expresar que atraviesa un día difícil y, al mismo tiempo, dejar en claro que la resolución de ese problema sigue en manos adultas.

La revisión de Children and Youth Services Review identificó que las consecuencias de la parentificación abarcan desde síntomas de ansiedad hasta alteraciones en la construcción de la identidad, con variaciones según el contexto cultural y el tipo de carga emocional transferida.

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