
*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.
Cada vez es más difícil encontrar momentos en los que los chicos simplemente no tengan nada para hacer. Cuando aparece el aburrimiento, la respuesta suele ser inmediata: una pantalla, una actividad organizada, un juguete nuevo o una propuesta para entretenerlos.
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Sin embargo, ese impulso por ocupar cada minuto puede hacer que pasen desapercibidos espacios que también son valiosos para el desarrollo. Aunque muchas veces se asocia con algo negativo, el aburrimiento forma parte de la vida cotidiana y cumple un papel importante en el desarrollo del cerebro.

Lejos de ser tiempo perdido, esos momentos en los que no existe una actividad previamente organizada pueden transformarse en una oportunidad para poner en marcha procesos fundamentales como la creatividad, la imaginación, la resolución de problemas, la autonomía y la autorregulación.
“Vivimos en una época en la que existe una enorme oferta de estímulos para los chicos. Muchas veces, ante el primer signo de aburrimiento, aparece la necesidad de intervenir rápidamente. Sin embargo, tolerar esos momentos también forma parte del desarrollo y permite que surjan recursos propios”, explica la doctora Juliana Nieva, médica psiquiatra, miembro del Departamento Infantojuvenil de INECO.
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Cuando el cerebro no recibe estímulos externos, también trabaja

El cerebro no deja de funcionar cuando parece que no está haciendo nada. Por el contrario, durante los momentos de pausa se activan redes neuronales vinculadas con la reflexión, la imaginación, la consolidación de recuerdos y la planificación.
Es justamente en esos momentos cuando muchos chicos comienzan a inventar juegos, construir historias, dibujar, explorar el entorno o buscar nuevas maneras de entretenerse.
“La creatividad no aparece únicamente cuando ofrecemos una actividad específica. Muchas veces surge cuando los chicos tienen la posibilidad de pensar qué quieren hacer, tomar decisiones y generar sus propias propuestas. Ese proceso fortalece habilidades cognitivas que serán útiles durante toda la vida”, señala la doctora Nieva.
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Aprender a convivir con pequeños momentos de aburrimiento también favorece la tolerancia a la frustración y el desarrollo de la autonomía, dos capacidades fundamentales para afrontar los desafíos cotidianos.
Seis maneras de favorecer espacios de creatividad y autonomía
No se trata de eliminar las actividades, sino de encontrar un equilibrio entre los momentos organizados y aquellos en los que los chicos pueden explorar por iniciativa propia.

Esperar unos minutos antes de intervenir permite que los chicos busquen alternativas por sí mismos.

Los dispositivos electrónicos ofrecen una gratificación inmediata y pueden convertirse en la solución automática frente a cualquier momento de inactividad. Reservar espacios libres de pantallas favorece que los chicos recurran al juego, la imaginación o la exploración de su entorno como formas de entretenimiento.
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No todo el juego necesita reglas, objetivos o supervisión constante. Construir una fortaleza con almohadones, inventar personajes, dibujar o crear historias son actividades que estimulan múltiples funciones cognitivas y emocionales.

Todo esto fortalece la planificación, la resolución de problemas y la flexibilidad cognitiva.

Las actividades deportivas, artísticas y recreativas aportan múltiples beneficios. Sin embargo, una agenda completamente estructurada puede reducir los espacios de juego libre y exploración espontánea. Disponer de momentos sin actividades programadas también forma parte de una rutina saludable.

Aprender a esperar, tolerar la frustración, buscar alternativas y crear nuevas formas de entretenimiento son habilidades que no suelen enseñarse de manera explícita, pero que resultan fundamentales para el desarrollo de la autonomía y la salud mental.
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Un espacio para imaginar, crear y crecer

La infancia necesita estímulos, desafíos y oportunidades de aprendizaje. Pero también necesita pausas. En un contexto donde la sobreestimulación parece convertirse en la norma, recuperar espacios de juego libre, imaginación y aburrimiento puede ser una forma de favorecer un desarrollo más saludable.
“El objetivo no es que los chicos estén entretenidos todo el tiempo, sino ofrecerles oportunidades para descubrir sus propios intereses, desarrollar recursos personales y aprender a disfrutar también de esos momentos en los que no hay una actividad previamente definida”, concluye la doctora Nieva.
Permitir que aparezcan esos pequeños espacios de aburrimiento no significa desatender a los chicos. Significa confiar en que, muchas veces, el cerebro encuentra precisamente allí una de sus mejores oportunidades para aprender.
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