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Los seis factores que destruyen el sueño: médicos especializados revelan por qué la mayoría de las personas no descansa bien

Una nueva encuesta detectó que casi la mitad de los adultos pierde horas de descanso por obligaciones cotidianas, mientras expertos advierten sobre las consecuencias físicas y mentales de la privación crónica

Mujer con expresión angustiada sentada en la cama a oscuras, agarrándose la cabeza. Reloj digital marca 3:19 AM en mesita de noche. Hay una ventana.
La privación de sueño afecta a millones de adultos, que duermen en promedio 6,8 horas por noche, por debajo de las siete recomendadas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La privación de sueño se consolidó como uno de los problemas de salud pública más extendidos del planeta: en promedio, las personas duermen 6,8 horas por noche —muy por debajo de las siete recomendadas—, y más de 850 millones de adultos en todo el mundo padecen insomnio clínicamente relevante, lo que equivale al 16,2% de la población adulta global, según una revisión sistemática publicada en Sleep Medicine Reviews. La magnitud del fenómeno adquiere mayor dimensión frente a un nuevo relevamiento que identifica con precisión los factores detrás de ese déficit generalizado.

La Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) encuestó a más de 2.000 adultos y detectó seis causas principales que interfieren con el descanso. El denominador común de la mayoría, según los especialistas consultados, es el estrés.

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La encuesta reveló que el 45% de los participantes señaló las responsabilidades familiares como el principal obstáculo para dormir bien. Le siguen la presión laboral (39%), el costo de la vivienda (36%) y los horarios de trabajo (35%).

Las causas más frecuentes

Dentro de los seis factores identificados por la AASM, dos están vinculados directamente a la salud. El 39% de los encuestados mencionó problemas físicos y el 37%, afecciones de salud mental. Ambos, en combinación con el estrés económico y las exigencias del entorno doméstico, configuran un cuadro de privación de sueño de alcance masivo.

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David Kuhlmann, médico especialista en medicina del sueño y vocero de la AASM, explicó en declaraciones recogidas por Prevention que cada factor opera de manera distinta sobre el organismo. Los turnos rotativos o los horarios irregulares alteran el reloj biológico, mientras que el dolor físico fragmenta el descanso de forma directa.

Hombre en pijama sentado en la cama, sujetando su pierna. Hay una mesita de noche con una lámpara, un reloj digital con la hora 3:17 y un vaso de agua.
Los problemas físicos y las afecciones de salud mental también destruyen el sueño y amplían el alcance de la privación de sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

El componente emocional, no obstante, atraviesa casi todas las categorías. “Ya sea que alguien esté preocupado por pagar las facturas, manejar un horario de trabajo exigente o atravesar un problema de salud, esas preocupaciones mantienen al cerebro en un estado de alerta que dificulta conciliar o sostener el sueño”, señaló Kuhlmann.

Por qué el sueño fragmentado es más dañino de lo que parece

Dormir mal no implica solo sentirse cansado al día siguiente. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la falta crónica de sueño afecta el sistema inmunológico y eleva el riesgo de hipertensión arterial, accidente cerebrovascular, enfermedad coronaria, obesidad, diabetes tipo 2, ansiedad y depresión.

Beth Malow, jefa de la División de Trastornos del Sueño de Vanderbilt Health, advirtió en Prevention que el problema no radica únicamente en la cantidad de horas, sino en su calidad. “Pensá en despertarte de un sueño profundo: aunque vuelvas a dormirte rápido, tenés que atravesar todas las etapas de nuevo para recuperarlo. Eso recorta el sueño profundo y afecta la restauración”, graficó.

Mujer sentada en su cama, angustiada tras despertar de una pesadilla. La escena transmite la dificultad de enfrentar problemas de sueño como el insomnio, y cómo estos afectan la salud mental y el bienestar. La imagen destaca la importancia de un descanso adecuado y la gestión de trastornos del sueño. (Imagen ilustrativa Infobae)
Los especialistas explican que los turnos rotativos, los horarios irregulares y el dolor físico alteran el reloj biológico y fragmentan el sueño (Imagen ilustrativa Infobae)

W. Christopher Winter, médico certificado en medicina del sueño y autor de The Sleep Solution, fue más tajante en sus declaraciones a la AASM: “El sueño consistente y de duración suficiente es necesario para una salud óptima. Sin él, todos los sistemas del organismo se deterioran”.

Qué hacer cuando el estrés no deja dormir

La AASM publicó recomendaciones concretas para quienes se encuentran en esta situación. La primera línea de acción pasa por delegar responsabilidades cuando sea posible y sostener un horario de sueño regular, incluso durante los fines de semana, para estabilizar el reloj interno.

También se recomienda reservar entre 30 y 60 minutos previos al descanso para desconectarse: sin pantallas, sin correos de trabajo, sin conversaciones que generen tensión. La actividad física regular mejora tanto la calidad del sueño como la gestión del estrés, aunque conviene evitar el ejercicio intenso en las horas inmediatamente anteriores a acostarse.

Una mujer recostada en la cama con los ojos cerrados. Un cerebro virtual brillante y azul se proyecta sobre su cabeza en un dormitorio oscuro.
La AASM aconseja sostener un horario de sueño regular también durante los fines de semana para estabilizar el reloj interno (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los casos donde la ansiedad o la depresión incidan sobre el descanso, Kuhlmann recomendó a Prevention explorar la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), un tratamiento diseñado específicamente para modificar los pensamientos y conductas que interfieren con el sueño.

“Los problemas persistentes de sueño no son algo con lo que las personas deban aprender a convivir. Hay tratamientos efectivos disponibles”, subrayó el especialista.

Hábitos que marcan la diferencia

Más allá de los factores estructurales, los expertos coinciden en que la higiene del sueño puede mejorar de forma sustancial con ajustes en la rutina diaria. Mantener el dormitorio en silencio y a una temperatura fresca, evitar las comidas abundantes y el alcohol antes de acostarse, y prescindir de la cafeína por las tardes y noches son medidas que, sostenidas en el tiempo, inciden en la calidad del descanso.

Hombre en camiseta azul estirando los brazos en una cama con sábanas blancas y edredón beige, junto a una ventana con luz solar.
Los expertos coinciden en que la higiene del sueño puede mejorar con ajustes en la rutina diaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

La AASM también señala que una dieta equilibrada —con al menos cinco porciones diarias de frutas y verduras, más cereales integrales y proteínas— contribuye a estabilizar los niveles de energía a lo largo del día, lo que a su vez favorece un ciclo de sueño más regular.

Malow recordó en Prevention que muchos adultos priorizan el trabajo y la familia por encima del descanso, bajo la percepción de que el sueño es un lujo prescindible. Los datos de la encuesta sugieren que esa lógica tiene consecuencias concretas sobre la salud de millones de personas.

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