¿Qué revela el número menor del tensiómetro? El peligro de la presión diastólica alta

Estudios recientes muestran que ese valor, muchas veces ignorado y que no indica presión baja, puede estar asociado a daño cardíaco y renal incluso en personas jóvenes

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Brazo adulto con manguito de presión arterial sobre mesa de madera. Una mano sostiene un estetoscopio. Monitor digital indica 138/92 mmHg. Brazalete médico, ilustración de corazón.
La presión diastólica alta, el valor menor del tensiómetro, se asocia con riesgo cardiovascular y renal incluso en personas jóvenes (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la actualidad, la presión arterial elevada continúa siendo uno de los riesgos principales para la salud cardiovascular y renal en todo el mundo. A pesar del incremento de campañas de concientización, muchas personas subestiman el peligro de una presión diastólica —el valor inferior en la medición— que se mantiene crónicamente elevada. Este cuadro gana importancia por la frecuencia con la que pasa inadvertido, incluso en adultos jóvenes, y por su potencial para provocar daño silencioso en órganos vitales a lo largo del tiempo.

Durante muchos años, la incógnita principal giraba en torno a los efectos específicos de la elevación aislada de la presión diastólica y su papel en el desencadenamiento de enfermedades cardiovasculares y renales más allá del clásico enfoque centrado en la presión sistólica.

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Nuevas investigaciones han comenzado a despejar esta incógnita, demostrando que el riesgo no solo está relacionado con cifras extremas o con la combinación de ambos valores alterados, sino que una diastólica persistentemente elevada puede desencadenar complicaciones de gravedad, aun en ausencia de otros factores visibles.

Persona sentada con expresión de dolor, agarrándose el pecho. Una silueta de corazón rojo brillante y una línea de ECG se superponen en su tórax.
Un estudio de la American Heart Association indicó que una presión diastólica 5 mm Hg por encima de la media durante una década elevó un 20% el riesgo de enfermedad cardíaca y un 16% el de enfermedad renal (Imagen Ilustrativa Infobae)

La reciente publicación de un trabajo presentado en las sesiones científicas de la American Heart Association y reseñado en la revista Hypertension Research, aporta evidencia contundente al debate. El estudio, citado en el comunicado institucional, indica que “los adultos que presentaron una presión diastólica apenas 5 mm Hg por encima de la media durante aproximadamente una década exhibieron un riesgo un 20% mayor de padecer enfermedades cardíacas y un 16% mayor de desarrollar enfermedades renales” respecto de sus pares, incluso tras ajustar por otros factores de riesgo.

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¿Por qué la presión diastólica elevada representa un riesgo?

El término hipertensión diastólica hace referencia a la situación en la que el valor inferior de la medición (cuando el corazón está en reposo entre latidos) se sitúa en 90 mm Hg o más de forma sostenida. Según lo expuesto en el comunicado de la American Heart Association, “la exposición prolongada a una presión diastólica elevada desde una edad temprana puede acumular daño a lo largo del tiempo, incrementando el riesgo de enfermedad cardíaca y renal en la adultez”.

Este daño ocurre porque una mayor presión en las arterias cuando el corazón está en reposo indica que los vasos permanecen más estrechos de lo que deberían, haciendo trabajar al corazón y los riñones a mayor presión en todo momento.

Tal como indicaron los investigadores en el comunicado, “la hipertensión diastólica aislada puede representar un mecanismo temprano y silencioso de daño vascular, que precede al desarrollo de síntomas o de la clásica hipertensión combinada”.

Infografía muestra brazo con tensiómetro, corazón y riñones, con texto que explica el riesgo de la presión diastólica alta y su prevención.
La presión diastólica elevada refleja arterias más estrechas en reposo y aumenta la carga sobre el corazón y los riñones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, un análisis publicado en la revista Hypertension Research destaca: “La presión diastólica elevada parece estar más relacionada con el daño a órganos diana que la presión sistólica elevada en determinadas etapas vitales”, afirmaron los autores en referencia a sus resultados con mujeres posmenopáusicas sin antecedentes de patología cardiovascular conocida.

Complicaciones asociadas a la elevación diastólica

El riesgo de mantener una presión diastólica alta varía según la edad, el tiempo de exposición y la presencia de otros factores de riesgo. En el comunicado de prensa de la American Heart Association, se puntualizó que “los participantes con una presión arterial diastólica alrededor de 5 mm Hg más alta que la media durante diez años tenían un riesgo un 20% mayor de enfermedad cardíaca y un 16% mayor de enfermedad renal”.

A su vez, la Organización Mundial de la Salud puntualiza: “Si la hipertensión no se trata, puede causar otras enfermedades como patología renal, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular”.

El comunicado profundiza: “La presión excesiva endurece las arterias, disminuyendo el flujo de sangre y oxígeno hacia el corazón”, lo que puede llevar a insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y fallo renal a largo plazo.

Primer plano de un corazón humano semitransparente con el ventrículo derecho iluminado y el izquierdo oscuro, suspendido en un laboratorio clínico moderno.
La OMS advirtió que la hipertensión no tratada puede derivar en patología renal, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, el paper en NEJM enfatiza: “La hipertensión diastólica fue un predictor independiente de eventos cardiovasculares adversos”, señalando que el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular hemorrágico e isquémico aumentaba tanto ante valores muy bajos como muy altos de presión diastólica.

Medidas para el control y prevención

La evidencia actual refuerza la importancia de la detección temprana y el control riguroso de la presión diastólica. Según informaron los autores en el comunicado de la American Heart Association, “mantener la presión dentro de rangos saludables desde edades tempranas puede prevenir el daño acumulativo y reducir el riesgo de complicaciones en la edad adulta”.

Entre las principales recomendaciones figuran la adopción de hábitos saludables (dieta baja en sodio y grasas saturadas, actividad física regular, manejo del estrés y evitar el consumo de tabaco) y el control periódico a través de consultas médicas.

“Las personas con presión arterial elevada deben consultar a su profesional de la salud para evaluar la necesidad de tratamiento, que puede incluir cambios en el estilo de vida y, en algunos casos, medicación específica”, afirmaron los investigadores en su comunicado institucional. Además, la OMS señala: “Medir la presión es la mejor forma de saber si es necesario actuar, dado que la hipertensión suele no producir síntomas durante años, pero genera daño progresivo”.

Tal como subrayan las investigaciones recientes, el abordaje oportuno y sostenido de la presión diastólica elevada constituye un pilar básico para preservar la función cardíaca y renal, evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida a largo plazo.

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