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El hábito matutino que podría elevar el riesgo de deterioro cognitivo, según un estudio

El trabajo comparó patrones de comidas y midió biomarcadores sanguíneos, además de resonancias en un subgrupo, y encontró que saltarse el desayuno regularmente coincidió con más atrofia y marcadores más altos

Ilustración aérea de una mesa con una cesta de pan, mate, tazas de café, pasteles de frutas, huevos, queso, mermelada y un cuchillo.
Saltarse el desayuno se asocia con peor rendimiento cognitivo a los 36 meses en adultos mayores. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Saltarse el desayuno de forma habitual se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, más atrofia cerebral y niveles más altos de biomarcadores vinculados con demencia en adultos mayores, según un estudio recogido por EatingWell.

La investigación siguió durante tres años a personas de al menos 60 años y, según el medio citado, se halló que en adultos mayores saltarse habitualmente el desayuno se relacionó con peor rendimiento cognitivo a los 36 meses, además de señales biológicas asociadas con neurodegeneración y menor volumen cerebral. El trabajo no prueba causalidad, pero sí identificó una asociación tras ajustar por varios factores de salud y demográficos.

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El estudio no detectó diferencias relevantes al inicio ni a los 18 meses entre quienes desayunaban y quienes omitían esa comida. Los contrastes aparecieron en la evaluación final, a los 36 meses, cuando quienes se saltaban el desayuno con regularidad obtuvieron peores resultados en el examen minimental.

Vista aérea de una mesa de madera con un desayuno variado: tostada de aguacate, yogur con bayas, porridge de avena, café y zumo de naranja.
Los biomarcadores sanguíneos de neurodegeneración aparecen más elevados en quienes omiten esa comida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según el medio citado, esa relación se mantuvo después de ajustar por edad, sexo, nivel educativo, índice de masa corporal, estado del gen ApoE, presión arterial, diabetes e hiperlipidemia. Los resultados siguieron una línea similar en un subanálisis con emparejamiento 1:1 por puntaje de propensión.

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Los investigadores también vincularon ese hábito con otros indicadores. Las personas que omitían el desayuno con frecuencia presentaron niveles más altos de biomarcadores sanguíneos de neurodegeneración y, en el subgrupo con resonancias magnéticas, mostraron mayor atrofia cerebral.

Cómo se hizo el estudio

Una mujer de cabello gris sonríe mientras muerde un huevo escalfado sobre tostada, sentada frente a un hombre en una mesa de madera con desayuno.
Omitir el desayuno al menos una vez por semana define la categoría de “habitual” en el estudio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación fue observacional, de modo que los participantes mantuvieron sus rutinas habituales y registraron los horarios de sus comidas. Los autores definieron como personas que se saltaban habitualmente el desayuno a quienes lo omitían al menos una vez por semana.

El estudio excluyó a personas con ciertas comorbilidades, como enfermedad cardíaca grave e infecciones del sistema nervioso central. Aunque 973 reunieron los requisitos iniciales, 859 completaron todo el seguimiento. De ese total, 117 quedaron clasificadas como personas que se saltaban habitualmente el desayuno.

Una persona desayuna yogur o kéfir con granola, arándanos y frambuesas. En la mesa hay un vaso de zumo de naranja y rebanadas de pan.
El artículo destaca alternativas rápidas con fibra y proteína para incorporar esa comida en la rutina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A todos se les evaluó la función cognitiva con el examen minimental al inicio y luego cada 18 meses. Además, se analizó la presencia del gen ApoE, que eleva el riesgo de enfermedad de Alzheimer.

Un subgrupo de 179 participantes se sometió a resonancias magnéticas cerebrales en cada visita de seguimiento para medir el volumen del cerebro. Entre ellos, 34 pertenecían al grupo que omitía el desayuno.

Qué implicaciones tiene para la vida diaria

Vista aérea de un plato con una tostada de aguacate, huevos revueltos espolvoreados con pimentón y un montículo de arándanos frescos sobre una mesa de mármol.
El grupo que omite el desayuno queda compuesto por 117 participantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El artículo de EatingWell señala que, por los ajustes aplicados a otras variables, el estudio sugiere que este hábito podría actuar como un factor de riesgo independiente para el deterioro cognitivo en adultos mayores. Aun así, la propia investigación describe una asociación observacional y no una relación causal demostrada.

La regularidad aparece como un punto central. El texto también recuerda que los cambios cerebrales vinculados con el alzhéimer y otras demencias pueden empezar décadas antes de que surjan los síntomas.

El medio citado añade que entre 2015 y 2018 el 15% de los estadounidenses mayores de 20 años se saltaba el desayuno con regularidad.

Una persona con top deportivo gris sentada frente a una mesa de madera con tostadas de aguacate y huevo, un plato de bayas, agua y un batido verde.
El artículo reportado por EatingWell subraya la regularidad como punto clave del hallazgo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

También menciona que el ayuno intermitente puede ayudar a algunas personas a perder peso a corto plazo, aunque omitir la comida de la mañana puede relacionarse con respuesta de estrés, aumento del cortisol, acumulación de grasa abdominal, ansiedad por baja glucosa y niebla mental.

En el plano práctico, el artículo menciona opciones rápidas como batidos, avena preparada con antelación, pudín de chía, avena al horno, bocados de huevo o muffins.

Bodegón de desayuno con un bol de yogur, avena, frutos rojos, miel y nueces; un plato con huevos revueltos, tostadas y plátano; y cubiertos sobre servilleta.
El texto menciona que el ayuno intermitente puede favorecer pérdida de peso a corto plazo en algunos casos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

También sugiere combinar fibra y proteína para dar más saciedad, con ejemplos como cereales bajos en azúcar y ricos en fibra acompañados de leche, bebida de soja, yogur o kéfir.

Otras alternativas incluyen pan integral con huevo, palta o mantequilla de frutos secos. Para quienes suelen omitir esta comida, el texto de EatingWell plantea revisar ese patrón y formar el hábito de desayunar, aunque sea con una porción pequeña.

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