
Un reciente estudio publicado en la revista Cell Reports revela que los hábitos de consumo nocturno pueden alterar negativamente la microbiota intestinal y aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas. Investigadores del Brigham and Women’s Hospital de Boston, perteneciente a Harvard, analizaron cómo los horarios irregulares de alimentación, sobre todo las comidas fuera del ciclo natural de luz y oscuridad, afectan la diversidad y función de las bacterias intestinales.
El equipo observó que quienes practican el “late-night snacking” presentan una disminución significativa de bacterias beneficiosas asociadas al metabolismo energético y un aumento de especies vinculadas a inflamación y resistencia a la insulina. Según los autores, estos cambios podrían explicar la relación entre cenas tardías y mayor prevalencia de obesidad, diabetes tipo 2 y trastornos digestivos.
PUBLICIDAD
La investigación, difundida por Gizmodo, se suma a trabajos previos como el publicado en Nature Communications en 2022, donde se demostró que la alimentación desincronizada con el reloj biológico altera la expresión génica en tejidos metabólicos y modifica el perfil microbiano intestinal. Un estudio adicional de la Universidad de California, publicado en Science Advances, encontró que limitar la ingesta calórica a las horas diurnas mejora la composición bacteriana y reduce marcadores de inflamación.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de los ritmos circadianos en la salud digestiva y metabólica. Los expertos recomiendan mantener horarios regulares de comida y evitar las cenas o refrigerios nocturnos para preservar el equilibrio de la microbiota intestinal.
PUBLICIDAD
Cómo afecta el picoteo nocturno a la microbiota intestinal

El estudio del Brigham and Women’s Hospital demostró que las comidas fuera de horario alteran de manera significativa la proporción de bacterias intestinales clave, como Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium prausnitzii, consideradas esenciales para la salud metabólica y la reducción de la inflamación en el organismo. La reducción de estos microorganismos beneficiosos favorece la proliferación de bacterias asociadas a procesos inflamatorios y a la resistencia a la insulina, lo que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas como obesidad, diabetes tipo 2 y afecciones cardiovasculares.
Los investigadores subrayan que estos cambios en la microbiota intestinal pueden manifestarse en tan solo pocos días de alimentación nocturna irregular, y que las alteraciones pueden volverse persistentes si el hábito se mantiene en el tiempo. La disminución de bacterias antiinflamatorias no solo impacta la digestión y la absorción de nutrientes, sino que también afecta de manera directa el sistema inmunológico, debilitando la capacidad del organismo para combatir infecciones y responder a procesos inflamatorios crónicos.
PUBLICIDAD
Asimismo, la perturbación del equilibrio bacteriano en el intestino repercute en la regulación del apetito y en la producción de metabolitos clave como los ácidos grasos de cadena corta, fundamentales para mantener la barrera intestinal y controlar la respuesta inmune. Los expertos advierten que la alteración de la microbiota no solo está vinculada al aumento de peso, sino también a una mayor predisposición al síndrome metabólico y a trastornos digestivos como el síndrome de intestino irritable.
Por qué los ritmos circadianos son clave para la salud digestiva

Diversos estudios coinciden en que el reloj biológico humano regula funciones esenciales del sistema digestivo, incluyendo la producción de enzimas y la motilidad intestinal. Comer fuera del ciclo natural de luz y oscuridad interfiere con estos procesos y modifica la actividad de genes involucrados en el metabolismo.
PUBLICIDAD
La evidencia recogida en Nature Communications y Science Advances indica que respetar los ritmos circadianos mediante horarios regulares de comida no solo mejora la diversidad microbiana en el intestino, sino que también contribuye a reducir la inflamación sistémica y a proteger frente a enfermedades metabólicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico. Los estudios señalan que comer en sincronía con el ciclo natural de luz y oscuridad favorece la presencia de bacterias beneficiosas y optimiza la producción de metabolitos clave que fortalecen la barrera intestinal y regulan el sistema inmunológico.
Además, se ha observado que los individuos que mantienen una rutina alimentaria estructurada presentan niveles más bajos de marcadores inflamatorios y una mayor capacidad para metabolizar la glucosa y las grasas, lo que repercute positivamente en el control del peso corporal y la prevención de trastornos metabólicos.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Los pacientes con psoriasis tienen mayores riesgos de cataratas y cirugía de cataratas
Healthday Spanish

Qué colación recomienda un cardiólogo para quienes tienen colesterol alto y presión arterial elevada
Su propuesta prioriza componentes vinculados con saciedad y menor consumo de sal, grasa y azúcar

Cómo adaptar el sueño al cambio de hora: las recomendaciones de los expertos para descansar mejor
La luz diurna, los horarios estables y una menor estimulación nocturna pueden facilitar que el descanso recupere su ritmo tras atrasar los relojes

Las 11 verduras con más potasio que un banana
Las hojas de remolacha, la acelga y el edamame lideran un listado que incluye opciones cotidianas como la papa, la batata y los repollitos de Bruselas

Diez desayunos con alimentos que pueden favorecer la salud cerebral
Huevos, pescado, avena, semillas y frutas forman parte de propuestas matinales que combinan nutrientes, fibra y proteínas para mantener la saciedad durante la jornada




