
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente el movimiento, aunque sus manifestaciones no se limitan únicamente a lo motor. Se trata de una condición que impacta en múltiples aspectos de la vida cotidiana, desde la movilidad hasta alteraciones en el sueño y en el habla, entre otras, dificultando de esta manera las tareas más simples del día a día.
En el marco del Día Mundial de la enfermedad de Parkinson, la licenciada Julieta Ainadyian, miembro del Departamento de Terapia Ocupacional de INECO, destaca que uno de los principales objetivos del abordaje es sostener la autonomía y la seguridad en el desempeño de las actividades de las personas el mayor tiempo posible.
“El abordaje no se limita a tratar síntomas, sino a acompañar a la persona en su vida cotidiana, buscando estrategias que le permitan mantener su independencia y participación en sus actividades habituales, desde comer, bañarse y lavarse los dientes hasta manejar el auto, trabajar y hacer deporte”, explica.
Más allá del temblor: cuando las dificultades aparecen en la vida diaria

Si bien el temblor es uno de los síntomas motores más conocidos, muchas personas comienzan a notar cambios más sutiles, como la lentitud en los movimientos, la rigidez, la falta de coordinación o la inestabilidad en la marcha, que generan dificultad para realizar tareas que antes resultaban automáticas.
Estos síntomas pueden impactar en acciones del día a día como vestirse, cocinar, escribir o desplazarse en el hogar.
“La enfermedad de Parkinson no afecta únicamente el movimiento en términos clínicos, sino la forma en que las personas realizan sus actividades cotidianas. Por eso es fundamental intervenir tempranamente y adaptar las tareas y el entorno cuando comienzan a aparecer las primeras dificultades”, señala la licenciada Ainadyian.
Reconocer estos cambios permite implementar estrategias que faciliten la organización y el desempeño en la vida diaria.
La importancia de adaptar el entorno

Uno de los aspectos centrales del abordaje terapéutico es la adaptación del entorno para reducir riesgos de caída y facilitar la movilidad.
Pequeños cambios en el hogar pueden marcar una diferencia significativa en la seguridad y la autonomía de las personas con enfermedad de Parkinson.
“Muchas veces no se trata de hacer grandes modificaciones, sino de realizar ajustes simples que permitan que la persona continúe haciendo sus actividades con mayor seguridad y menor esfuerzo”, explica la especialista.
Estas adaptaciones contribuyen a prevenir caídas, reducir el desgaste físico y mejorar la confianza en el movimiento.
7 recomendaciones para sostener la autonomía en personas con Parkinson

Esto facilita la planificación y reduce la sobrecarga cognitiva. Asimismo, alternar las actividades con momentos de descanso ayuda a prevenir la fatiga y mejorar el rendimiento.

Además, reduce la frustración. Con ayuda de adaptaciones es posible llevar a cabo las actividades diarias con menor esfuerzo físico y cognitivo, garantizando la seguridad en su realización.

Cumplir con las indicaciones médicas contribuye a mejorar los síntomas. Los tratamientos kinesiológicos, psicológicos, fonoaudiológicos y de terapia ocupacional pueden ser necesarios según cada caso.

Utilizar elementos de apoyo puede reducir el riesgo de caídas y favorecer un mejor desempeño funcional en la movilidad dentro del hogar.

Mantener actividades físicas adaptadas contribuye a preservar la movilidad y la independencia necesarias para realizar las tareas diarias.


Detectar dificultades tempranas facilita la implementación de estrategias que mejoran la calidad de vida.
Una mirada centrada en la funcionalidad
El abordaje actual de la enfermedad de Parkinson pone el foco no solo en los síntomas clínicos, sino también en la participación activa en la vida cotidiana.
Esto implica considerar no solo el diagnóstico, sino cómo la persona vive su día a día y qué estrategias pueden ayudar a sostener su independencia.
“El objetivo es que la persona continúe participando en sus actividades significativas, manteniendo su autonomía el mayor tiempo posible y adaptando las actividades y el entorno cuando sea necesario”, concluye la licenciada Ainadyian.
En este contexto, comprender la enfermedad de Parkinson implica ir más allá de los síntomas visibles y enfocarse en aquello que permite sostener la calidad de vida: la capacidad de seguir haciendo, decidiendo y participando en la vida diaria.
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