
Sentir frío de forma persistente no depende únicamente de las condiciones climáticas externas. Diversos factores fisiológicos y médicos explican por qué la percepción térmica varía considerablemente entre las personas, según un análisis publicado en The Conversation.
Algunas personas perciben frío con mayor frecuencia debido a variables como la tasa metabólica basal, la masa muscular, la distribución de la grasa corporal, la actividad hormonal y la presencia de lesiones o enfermedades. Además, existen trastornos específicos que alteran la forma en que el cuerpo interpreta las sensaciones de calor y frío, provocando respuestas atípicas ante el entorno.
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La temperatura corporal fluctúa a lo largo del día y varía según la zona del cuerpo. La media habitual se sitúa en 36,6 °C, aunque puede desviarse hasta medio grado. El profesor Adam Taylor de la Universidad de Lancaster señaló en The Conversation que la temperatura corporal es más alta por la tarde y desciende durante la madrugada. Estudios recientes muestran que la temperatura promedio ha disminuido de manera constante desde el siglo XIX.

El calor no se distribuye de manera uniforme. El recto alcanza cerca de 37 °C, mientras que la axila registra unos 35,9 °C. Estas diferencias explican por qué manos y pies suelen ser las primeras zonas en percibir el frío. Incluso, dos personas expuestas al mismo ambiente pueden experimentar sensaciones térmicas opuestas por factores individuales.
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Diferencias anatómicas y tasa metabólica
Entre hombres y mujeres existen diferencias fisiológicas que modifican la producción y retención del calor corporal. Los hombres, con mayor masa muscular y una tasa metabólica basal más alta, generan más calor incluso en reposo.
Las mujeres tienen una capa de grasa más gruesa bajo la piel de brazos y piernas, lo que puede dificultar la transmisión del calor interno hacia la superficie cutánea. Esto podría explicar por qué muchas mujeres refieren sentir frío con mayor frecuencia, según The Lacet y avaldo por Harvard Health Publishing. Sin embargo, no se ha confirmado si esta distribución de grasa preserva el calor durante más tiempo.
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Un estudio publicado por el Instituto de Neurociencias de la Universidad Miguel Hernández de Elche y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas demostró que el cuerpo utiliza mecanismos moleculares diferentes para detectar el frío en la piel y en los órganos internos. La piel detecta el frío principalmente a través del canal iónico TRPM8, mientras que los órganos internos emplean otro sensor llamado TRPA1.
Según los autores, este hallazgo ayuda a comprender por qué la sensación de frío superficial puede diferir de la que se experimenta al respirar aire frío o ingerir alimentos muy fríos, y abre nuevas líneas de investigación sobre neuropatías con sensibilidad alterada. Para más detalles, el e
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Las hormonas sexuales influyen directamente en la temperatura corporal y la percepción del frío. En las mujeres, el ciclo menstrual provoca que la temperatura descienda antes de la ovulación y aumente después. El estrógeno favorece la vasodilatación y reduce levemente la temperatura, mientras que la progesterona eleva el calor corporal.

El uso de anticonceptivos orales con progesterona sintética puede mantener la temperatura elevada de manera sostenida. En los hombres, aunque la testosterona no modifica la temperatura, puede reducir la sensibilidad al frío al actuar sobre los receptores cutáneos encargados de detectarlo.
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Algunas enfermedades incrementan la sensibilidad al frío. La enfermedad de Raynaud provoca el estrechamiento brusco de los vasos sanguíneos en extremidades, generando entumecimiento y dolor, sobre todo en mujeres y en climas fríos. El hipotiroidismo causa intolerancia al frío, sequedad de piel y fatiga.
Las enfermedades vasculares, como la arteriosclerosis periférica, reducen el flujo sanguíneo y pueden derivar en frío crónico y daño en las extremidades. Las lesiones por congelación dejan secuelas en la sensibilidad y la capacidad de conservar el calor. No obstante, cuando la sensación resulta persistente o inusual, especialistas citados por The Lancet recomiendan consultar al médico para descartar causas médicas subyacentes.
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