
Las olas de calor se han convertido en un fenómeno cada vez más recurrente e intenso debido al calentamiento global, planteando desafíos serios para la salud de la población mundial. Con temperaturas que superan los niveles habituales durante periodos prolongados, estos episodios no solo generan incomodidad, sino que también representan un riesgo tangible para el bienestar físico y mental.
Estudios recientes y la voz de numerosos profesionales de la salud han advertido que no afecta únicamente a los órganos vitales tradicionales, como el corazón o los pulmones. El cerebro humano, con su delicado equilibrio térmico y su elevada demanda energética, emerge como uno de los órganos más vulnerables ante estos fenómenos.

La exposición prolongada puede desencadenar una serie de peligros para el cuerpo humano, desde la deshidratación y el agotamiento hasta cuadros más graves como el golpe de calor, que puede comprometer funciones neurológicas críticas. Los expertos subrayan que los efectos nocivos no se limitan a los síntomas inmediatos, sino que incluyen alteraciones profundas en el funcionamiento cerebral y riesgos para la salud mental y cognitiva.
Las olas de calor y el impacto en el cerebro
El impacto sobre las enfermedades neurológicas es una preocupación creciente en el ambiente médico. Un estudio reveló que para aquellas personas que padecen epilepsia, esclerosis múltiple, migraña o accidentes cerebrovasculares, el calor no solo intensifica los síntomas, sino que puede desencadenar episodios graves, como convulsiones o deterioro cognitivo repentino.
El calor extremo también altera funciones cerebrales fundamentales en la población general, afectando la toma de decisiones y favoreciendo conductas impulsivas o agresivas. Los investigadores advierten que el cerebro humano rara vez supera en promedio 1 °C por encima de la temperatura corporal central; sin embargo, las neuronas son especialmente sensibles a cualquier aumento, lo que puede comprometer la transmisión de mensajes y el funcionamiento global del sistema nervioso, destaca otro reporte científico.
Además, los expertos aseguran que ciertos medicamentos utilizados para tratar enfermedades neurológicas o psiquiátricas pueden interferir con la capacidad del organismo para regular la temperatura, incrementando el riesgo de sufrir hipertermia y complicaciones potencialmente mortales durante los periodos de calor intenso.
Científicos estudiaron el calor intenso puede reducir la atención y la vigilancia hasta en un 67% en quienes trabajan bajo exposición solar directa, en comparación con condiciones de sombra. El fisiólogo ambiental Leonidas Ioannou, del Instituto Jožef Stefan de Eslovenia, explica: “Cuando la temperatura cutánea aumenta, la capacidad mental disminuye debido a diversos mecanismos fisiológicos, como la redirección de la sangre hacia la piel para disipar el calor y la hiperventilación, que reduce la presión parcial de dióxido de carbono arterial”.
Asimismo, un grupo de investigadores australianos documentaron en Indonesia, donde las temperaturas nocturnas habitualmente superan los 25°C, que provocaban comportamientos irracionales e impulsivos, así como malas decisiones económicas. Esta tendencia se agravaba en hogares con bajos ingresos o acceso limitado a aire acondicionado, enfatiza el estudio.
La relación entre calor y deterioro cognitivo también se evidencia en la población mayor. Han-Bin Huang, de la Escuela de Salud Pública del Centro Médico de Defensa Nacional de Taiwán, señala que “la exposición prolongada puede alterar la función hipocampal al modificar la actividad del TRPV4, lo que podría afectar procesos cognitivos como la memoria y el aprendizaje”.

Un informe en conjunto entre el Centro Climático de la Cruz Roja y la Media Luna Roja reveló que, a nivel global, en 2024 el calor extremo afectó a 6.800 millones de personas, lo que equivale al 84% de la población mundial. Asimismo, destacaron que la población soportó en promedio 31 días de temperaturas que superaban los parámetros habituales y enfatizan en que el número seguirá creciendo año a año.
Finalmente, el dato más alarmante fue brindado por una investigación publicada en Current Environmental Health Reports. De los 83 planes de acción analizados sobre salud y calor, explicaron que menos de un tercio reconoció los efectos de las temperaturas altas extremas o prolongadas en la salud mental.
El impacto se observa en el incremento de suicidios, crisis epilépticas y hospitalizaciones psiquiátricas durante olas de calor. Entre los grupos más afectados se encuentran los niños, las personas mayores y quienes padecen trastornos de salud mental previos.
Cómo enfrentar los golpes de calor
Frente a la intensificación de las olas de calor, especialistas y organismos internacionales insisten en la necesidad de adoptar medidas integrales para proteger la salud mental y neurológica de la población.
Entre las recomendaciones más relevantes se encuentra la difusión de campañas de concienciación para advertir sobre los riesgos del consumo de alcohol y drogas durante los episodios de calor, ya que estos factores pueden aumentar la vulnerabilidad a crisis mentales o neurológicas.

Estudios recientes destacan la importancia de crear refugios comunitarios para emergencias de calor, especialmente en zonas donde el acceso al aire acondicionado es limitado. Estas iniciativas buscan ofrecer espacios seguros y frescos a grupos de riesgo como niños, personas mayores y quienes viven en situación de pobreza.
Además, los expertos sugieren reforzar el monitoreo y la asistencia a pacientes con trastornos mentales durante periodos de temperaturas extremas, incrementando la frecuencia de los controles médicos y el apoyo social.
“El mundo está sorprendentemente mal preparado para afrontar las consecuencias del cambio climático en la salud mental“, advierte un informe reciente. Por eso, la preparación y la implementación de estrategias adaptadas a cada contexto social son urgentes para reducir el riesgo de emergencias neurológicas y mentales ante el avance del calentamiento global, detallan desde Current Environmental Health Reports.
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