
El panorama de la cirugía estética y de los implantes mamarios atraviesa un momento de cambios decisivos de cara al año 2026. Según expertos, se van dejando atrás intervenciones que buscaban volúmenes excesivos para centrarse en la armonía corporal y la seguridad a largo plazo.
Un informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) indica que el mercado global muestra un dinamismo notable, con un aumento general del 42,5% en procedimientos estéticos en los últimos cuatro años. Aunque la cirugía de párpados lidera el ranking actual, el aumento mamario se mantiene como la tercera cirugía más realizada a nivel mundial. Sin embargo, el enfoque médico ya no reside solo en el tamaño, sino en la integración perfecta entre el dispositivo y el tejido humano, apoyado por rigurosos estándares científicos.
Innovaciones en la cirugía: naturalidad y soporte interno
La tecnología aplicada a la estructura mamaria redefine las posibilidades dentro del quirófano. Un concepto central que gana fuerza en la literatura médica, específicamente en una revisión publicada en PubMed de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), es el del “internal bra” o corpiño interno. Este término abarca cinco grupos de técnicas diseñadas para estabilizar la mama: mallas, matrices dérmicas acelulares, suturas, colgajos dérmicos y técnicas musculares. El objetivo de estas innovaciones es mejorar la longevidad de los resultados quirúrgicos y ofrecer un sostén que el tejido natural a veces pierde con el tiempo.
El cirujano plástico Juan Manuel Seren confirma esta dirección en la práctica médica: “En la cirugía mamaria, hay una tendencia hacia la naturalidad”. La aplicación de estas estructuras de soporte interno resulta fundamental para evitar la caída prematura del tejido.

Al respecto, Seren, reconocido por su técnica de rápida recuperación y con una secuencia de realización atraumática y sin sangrado, basada en el protocolo ERABAS (Enhanced Recovery After Breast Augmentation Surgery), que permite retomar la rutina habitual apenas horas después de una cirugía mamaria, detalla sobre el uso de estos dispositivos: “Su gran valor reside en que mejoran el soporte de la mama sin aumentar la morbilidad ni las complicaciones quirúrgicas”.
El futuro inmediato también plantea el uso de estructuras reabsorbibles experimentales, como un dispositivo con forma de flor de loto. Esta innovación se introduce enrollada en el organismo y se rellena con grasa del propio paciente. Con el tiempo, el material se absorbe y deja en su lugar una red fibrosa natural enriquecida con el tejido propio.
En sintonía con el uso de grasa propia, la ISAPS detalla el auge del lipofilling o aumento con grasa, donde se extrae tejido adiposo de zonas como el abdomen o caderas mediante cánulas finas, se procesa por centrifugación para obtener células viables y se injerta en la mama, logrando aumentos de volumen naturales.
Siempre según los expertos, estas técnicas persiguen la proporción ideal mediante la regla 45-55, que imita la anatomía natural distribuyendo el 55% del volumen en la parte inferior de la mama y el 45% en la superior, evitando así el efecto artificial. A esto se suma la definición del gap intermamario, buscando una separación estrecha y precisa de entre 1,5 y 2 cm para lograr un escote armónico. Todo esto se realiza bajo nuevos protocolos de seguridad.

La evolución técnica apuesta por preservar la anatomía original mediante el cuidado extremo de los bolsillos donde se aloja el implante, ya sea detrás del músculo (subpectorales) o bajo la fascia (subfasciales). Esta precisión se logra a través de una disección sin sangrado, una secuencia quirúrgica basada en la anatomía vascular que minimiza el daño a los tejidos. Este protocolo, validado y publicado en la revista Aesthetic Plastic Surgery, reduce el trauma quirúrgico y facilita recuperaciones en tiempo récord.
“Evolucionamos a técnicas 100% ambulatorias con productos 100% biocompatibles”, afirma Seren, quien también resalta la importancia de los procedimientos de mínima invasión. Según el experto, la clave de la satisfacción actual radica en el posoperatorio: “El gran avance fue el confort posoperatorio. Cirugías seguras, efectivas, de excelente recuperación, de muy bajo riesgo”.
Reconstrucción mamaria y el impacto del cáncer de mama
La reconstrucción mamaria ocupa un rol central debido a la incidencia del cáncer de mama. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 se diagnosticaron aproximadamente 2,3 millones de mujeres con esta enfermedad y se registraron 670.000 muertes a nivel global. La entidad subraya que, si bien el 99% de los casos ocurre en mujeres, entre el 0,5% y el 1% afecta a hombres. Ante este escenario, la cirugía reconstructiva, de querer realizarla, no es solo una cuestión estética, sino una parte del tratamiento integral y la recuperación psicológica de las pacientes.
La Mayo Clinic explica que existen dos vías principales para la reconstrucción: el uso de implantes (generalmente de silicona) y la cirugía de colgajo (que utiliza tejido propio del cuerpo). Si bien el uso de implantes ofrece una recuperación más rápida y es una operación menos invasiva, la elección depende de factores oncológicos y anatómicos.

En este contexto, la médica psiquiatra Ana María De Lodovici valora el progreso técnico actual: “La posibilidad de la reconstrucción mamaria hoy es realmente excelente, y los avances de los últimos años marcaron una diferencia enorme”.
“El objetivo de la reconstrucción mamaria es darte el aspecto y la sensación más naturales posibles después de la cirugía por cáncer de mama. Algunas personas afirman que la reconstrucción mamaria mejoró su confianza e hizo que se sintieran cómodas con su cuerpo. Otras explican que las nuevas mamas las ayudan a sentirse completas y les dan una actitud más positiva”, enfatizan desde la Mayo Clinic.
Controles médicos y autoestima: claves del seguimiento
La seguridad a largo plazo de los implantes depende estrictamente de los controles periódicos. Según información de Breastcancer.org, la ruptura de implantes de silicona suele ser silenciosa, ya que el gel es espeso y sale lentamente. Por ello, explican que la FDA recomienda realizar una resonancia magnética (MRI) a los tres años de la cirugía y luego cada dos años para detectar problemas.

Sobre este punto, el mastólogo Martín Darraidou advierte sobre la naturaleza oculta de estas complicaciones: “La ruptura del implante es fundamentalmente asintomática”. Esto refuerza la necesidad de no saltar las revisiones médicas programadas. En concordancia, el especialista en Ginecología Jorge Pardo enfatiza que la presencia de prótesis no debe alterar el esquema de prevención habitual: “Los estudios mamarios deben indicarse con la misma frecuencia que en las pacientes sin implantes. La presencia de implantes no es causa suficiente para modificar lo habitual”.
Las motivaciones para la cirugía en 2026 varían según la etapa vital de la mujer. La ginecóloga Karina Mariana Fraga observa un cambio generacional en las consultas: “Las más jóvenes se inclinan por lo natural, hay cierta disminución en la tendencia a aumentar su volumen mamario”. Sin embargo, en mujeres de mayor edad, el foco cambia hacia la recuperación de la confianza corporal tras procesos biológicos intensos. La especialista señala que este grupo busca “mejorar su autoestima, sobre todo después de embarazos y lactancia”.
La combinación de tecnología de diagnóstico avanzada, técnicas quirúrgicas poco invasivas y una comprensión profunda de las motivaciones psicológicas del paciente perfilan un futuro donde la cirugía mamaria prioriza la salud y la naturalidad por encima de los excesos del pasado.
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