
Las principales sociedades médicas argentinas reafirmaron el papel central de la vacunación como herramienta insustituible para la salud pública. Mediante un comunicado divulgaron un posicionamiento conjunto para advertir sobre el impacto de la caída de coberturas, la necesidad de sostener la confianza en la ciencia y la importancia de respaldar el modelo argentino de calendario gratuito y accesible.
Las entidades firmantes son: la Sociedad Argentina de Infectología Pediátrica (SAIP), la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), la Sociedad Argentina de Medicina (SAM), la Sociedad Argentina de Virología (SAV), la Asociación Argentina de Microbiología (AAM), la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) y el Foro de Medicina Clínica
“El acceso a vacunas seguras y eficaces transformó el panorama de la salud a nivel global”, sostuvieron las instituciones científicas en el comunicado. A la vez que destacaron que la vacunación es, junto con el acceso al agua segura, una de las intervenciones sanitarias que más vidas ha salvado en la historia, y citóa estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que ubican en al menos 154 millones las muertes evitadas en los últimos cincuenta años, lo que equivale a seis vidas salvadas por minuto, especialmente en menores de cinco años.
“Hoy, los programas de vacunación previenen cerca de 4,4 millones de muertes cada año en el mundo”, subrayaron las entidades, refiriéndose a datos de UNICEF.
“Las vacunas no son una opinión: son una herramienta científica probada que ha cambiado la historia de la humanidad, evitando millones de muertes, discapacidades y sufrimiento evitable”, remarcaron. En el comunicado resaltaron, además, que la vacunación no constituye simplemente una recomendación deseable, sino “una herramienta imprescindible para reducir mortalidad y morbilidad asociadas a enfermedades prevenibles”.
Por su parte, pocas horas después de la insólita actividad antivacunas realizada la semana pasada en el Anexo de la Cámara de Diputados, el Ministerio de Salud de la Nación emitió el sábado último un documento titulado “Las vacunas son seguras y salvan vidas”, con un respaldo del presidente Javier Milei y 22 ministros de Salud de distintas provincias de la obligatoriedad y la gratuidad del Calendario Nacional de Vacunación.
El comunicado hizo hincapié en la evidencia científica sobre la seguridad y eficacia de las vacunas, y advirtió que su aplicación sistemática es indispensable para prevenir enfermedades y evitar brotes de patologías ya controladas. La declaración excluyó a Buenos Aires y Formosa de la nómina de adherentes, hecho que generó tensiones, aunque ambas provincias manifestaron su apoyo al concepto de inmunización.
Por su parte, las nueve entidades científicas resaltaron el papel histórico de la vacunación frente a enfermedades que décadas atrás producían epidemias y alta mortalidad, como la difteria, la poliomielitis, la tos convulsa y la influenza.

En relación con el calendario argentino, las sociedades destacan que “el Calendario Nacional de Vacunación es uno de los más completos y accesibles del mundo, garantizando el acceso sin costo a vacunas de calidad para toda la población”. Esta política permitió reducir de manera notable casos graves y muertes por enfermedades antes frecuentes, como infecciones por Haemophilus influenzae tipo b, rotavirus o neumococo.
Los expertos advirtieron que la vacunación produce un beneficio, además de individual, de impacto colectivo: “No solo disminuye el riesgo para quien recibe la vacuna, también protege a la comunidad (inmunidad de grupo), favoreciendo a quienes no pueden vacunarse”. Esta protección comunitaria se refleja particularmente en la disminución de enfermedades graves en la infancia y la reducción de brotes epidémicos.
Respecto al contexto global, las sociedades científicas subrayaron que la caída de coberturas en los últimos años viene asociada a nuevos brotes, incluso en regiones que ya habían controlado muchas enfermedades. El informe señaló que la vacunación contra el sarampión logró reducir la mortalidad en un 88% entre 2000 y 2024, evitando casi 59 millones de muertes, aunque la baja en la cobertura permitió que resurjan brotes en varios continentes.
Las cifras vinculadas a la COVID-19 constituyen otro ejemplo de la magnitud del impacto de la inmunización. “Los modelos de impacto sugieren que las vacunas contra COVID-19 evitaron entre 19 y 20 millones de muertes en el primer año de su implementación a escala global”, aseguraron las entidades, lo que según el documento confirma el valor de contar con plataformas tecnológicas capaces de ofrecer respuestas rápidas ante amenazas sanitarias emergentes.

Entre los principales desafíos, la declaración conjunta identificó las brechas de acceso, el efecto de la desinformación, la circulación de mensajes falsos sobre la seguridad o eficacia de las vacunas y la presión de crisis humanitarias o sociales que dificultan la vacunación. También señalaron una reducción de coberturas en América y en Argentina, situación que obliga a reforzar tanto la comunicación científica como las políticas públicas de vacunación.
“El rol de los equipos de salud resulta central: deben brindar información clara, basada en evidencia científica, responder dudas de manera empática y combatir activamente la desinformación”, expresaron las sociedades médicas.
El concepto de “vacunación a lo largo de la vida” cobra relevancia en este escenario, según las sociedades firmantes, niños, adolescentes, adultos y personas mayores requieren esquemas diferentes para protegerse según la edad, condiciones de salud o exposición laboral. En el documento insistieron en la importancia de sostener el acceso equitativo bajo el principio de derecho a la salud.
Las vacunas muestran un perfil de seguridad ampliamente favorable: los efectos adversos graves resultan extremadamente raros y se supervisan bajo estrictos sistemas de farmacovigilancia, mientras que los eventos leves suelen ser pasajeros y no representan riesgos mayores para la salud, dijeron.

Los profesionales de la salud tienen la responsabilidad de mantener sus esquemas de vacunación actualizados, brindar información basada en evidencia y recomendar activamente las vacunas indicadas a cada paciente. A su vez, la población general cumple un papel fundamental al consultar fuentes confiables, completar los calendarios recomendados y evitar posponer la inmunización por temor o desinformación, contribuyendo así a la protección individual y colectiva.
Las sociedades reafirmaron su compromiso de “seguir trabajando, junto a otras instituciones nacionales e internacionales, para promover la vacunación informada, accesible y equitativa, como pilar fundamental de la salud pública y del derecho de todas las personas a vivir más y mejor”.
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