
La rutina y los hábitos moldean gran parte de la vida cotidiana. Aunque muchos comportamientos automáticos parecen inofensivos, algunos pueden dañar el cerebro de forma silenciosa, según el psiquiatra certificado e investigador en imágenes cerebrales Daniel Amen. El especialista resalta la importancia de la corteza prefrontal (PFC) en la formación y mantenimiento de los hábitos, así como el peligro de ciertas conductas comunes que pueden perjudicar la salud cerebral.
La corteza prefrontal es un área de materia gris plegada ubicada en la parte frontal del cerebro. Sus funciones principales incluyen la planificación, la toma de decisiones y la resolución de problemas. En palabras de Amen, esta región actúa como centro ejecutivo de las capacidades cognitivas más avanzadas.
Cuando la corteza prefrontal está fuerte y saludable, ayuda a incorporar y mantener hábitos positivos. En cambio, si es débil, los impulsos pueden predominar y hacer más fácil la adopción de hábitos perjudiciales. Amen destaca que tanto mantener buenas costumbres como persistir en las malas requieren la misma cantidad de energía una vez que se han consolidado.
Dado que los hábitos se vuelven automáticos, deshacerse de los perjudiciales implica estrategias concretas según distintos expertos. Uno de los consejos principales es modificar el entorno para evitar desencadenantes que lleven a recaer en el hábito.
Otra recomendación consiste en buscar alternativas saludables que reemplacen la rutina dañina. Además, practicar la autocompasión en caso de cometer errores ayuda a reducir la culpa y favorece la persistencia durante el proceso de cambio.

En su análisis basado en estudios de neuroimagen y evidencias clínicas, el Dr. Amen identifica siete hábitos frecuentes que amenazan al cerebro y que suelen pasar inadvertidos. A continuación, se detallan sus características y los riesgos que acarrean.
1. Comprometerse demasiado: aprender a decir “tengo que pensarlo”
Aceptar constantemente nuevas responsabilidades o decir “sí” a todo puede parecer inofensivo, pero el resultado es un exceso de compromisos que sobrecarga el cerebro.
La recomendación de Amen es sencilla: aprender a responder “tengo que pensarlo” antes de aceptar una nueva tarea. Este freno ayuda a proteger la corteza prefrontal al evitar una avalancha de obligaciones que dificultan la organización y la toma de decisiones.
2. Hacer malabares con varias responsabilidades: el peligro de la multitarea

La sociedad actual valora la multitarea, pero realizar demasiadas actividades al mismo tiempo tiene un coste para la salud mental.
Amen afirma que la multitarea reduce la concentración, la memoria y la capacidad de tomar buenas decisiones, además de incrementar el estrés y la ansiedad. Para contrarrestarlo, recomienda disminuir las distracciones y centrarse plenamente en una tarea antes de pasar a la siguiente.
3. Alimentación ultraprocesada: consecuencias que trascienden la nutrición

Una dieta basada en alimentos ultraprocesados como frituras, galletas y helados es común en muchos países. No obstante, diversos estudios demuestran que estos productos, que en Estados Unidos pueden llegar a representar el 70% de la dieta, se asocian con enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, ciertos cánceres, depresión, ansiedad e incluso muerte prematura.
Para Amen, comer alimentos poco saludables no es un premio, sino un castigo para el cerebro y la salud integral.
4. Vida sedentaria: el flujo sanguíneo como indicador de riesgo

La falta de actividad física provoca una disminución del flujo sanguíneo cerebral. Según Amen, este fenómeno, comprobado a través de estudios de imagen, favorece la aparición de depresión y trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), siendo además el principal marcador de riesgo para la enfermedad de Alzheimer.
Realizar algún tipo de movimiento o ejercicio contribuye a mejorar el flujo sanguíneo, el estado de ánimo y la capacidad de concentración.
5. Productos tóxicos de cuidado personal: amenazas invisibles
Muchos productos de higiene y belleza contienen sustancias químicas como parabenos, ftalatos o componentes que liberan formaldehído. Estas sustancias pueden afectar al sistema hormonal y provocar fatiga, síntomas depresivos, confusión mental, signos parecidos al TDAH y otros problemas más graves.
Amen sugiere revisar los ingredientes de estos productos y descartarlos si contienen compuestos tóxicos, utilizando para ello herramientas digitales especializadas.
6. Falta de estímulos intelectuales: el cerebro requiere novedad
Caer en una rutina donde no se aprende nada nuevo afecta la plasticidad y salud cerebral. Amen advierte que cuando el aprendizaje se detiene, el cerebro comienza a deteriorarse. Por eso, el consejo es buscar activamente nuevas experiencias y conocimientos para fortalecer la memoria y otras funciones cognitivas.
7. Riesgo de lesiones en la cabeza: pequeñas acciones, grandes consecuencias

Actividades cotidianas como andar en bicicleta sin casco, no sujetarse al subir o bajar escaleras, o distraerse con el teléfono móvil al conducir, exponen al cerebro a riesgos innecesarios.
Un estudio reciente reveló que en Estados Unidos, el 3,3% de adultos y el 2,2% de niños experimentaron una lesión cerebral traumática en solo un año. Tomar precauciones simples, como usar casco o sostenerse en el pasamanos, es clave para proteger la integridad neurológica.
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