
La cafeína es el estimulante psicoactivo más consumido en todo el mundo. Una recomendación común de la higiene del sueño, para lograr un buen descanso es que partir de las 14 o 15 horas, se deben evitar bebidas estimulantes como el café, té, chocolate y bebidas refrescantes con sabor a cola.
“Muchos de estos productos contienen cafeína, teína, y/o paraanfetamina, las cuales pueden perturbar el sueño”, dijo a Infobae recientemente la doctora Stella Maris Valiensi, (MP 94777) médica de la sección Trastornos del Sueño del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Buenos Aires y presidenta de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño.
La novedad es que una investigación reciente demostró que la ingesta de cafeína pocas horas antes de dormir no solo afecta el sueño, sino que también modifica la actividad cerebral nocturna, manteniéndola en un estado menos propicio para el descanso profundo. Es más, descubrieron que los adultos jóvenes de entre 20 y 27 años se veían más afectados por este efecto.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Montreal observó que, tras consumir cafeína, el cerebro entra en un estado conocido como criticidad (“‘criticality”), caracterizado por un equilibrio entre estructura y flexiilidad. Aunque esta condición favorece procesos como el aprendizaje y la toma de decisiones, puede interferir con un descanso nocturno reparador.
El estudio, publicado en Nature Communications Biology, indica que la cafeína ingerida antes de dormir incrementa la complejidad de la actividad cerebral, alterando directamente la fase no REM del sueño, clave para la consolidación de la memoria y la recuperación de funciones cognitivas.
“Estos cambios sugieren que, incluso durante el sueño, el cerebro permanece en un estado más activo y menos reparador bajo la influencia de la cafeína”, explicó el neurocientífico Karim Jerbi, de la Universidad de Montreal.

“Este cambio en la actividad rítmica del cerebro puede ayudar a explicar por qué la cafeína afecta la eficiencia con la que el cerebro se recupera durante la noche, con posibles consecuencias para el procesamiento de la memoria”, agregó.
Qué descubrieron sobre el efecto de la cafeína en el sueño
Para el estudio, los investigadores trabajaron a partir del seguimiento de 40 adultos sanos, cuyos patrones de sueño evaluaron mediante electroencefalogramas durante dos noches. En una noche, los participantes recibieron un placebo y, en la otra, una cápsula con 200 miligramos de cafeína (equivalente a una o dos tazas de café).
El estudio reveló que la cafeína influía en las lentas oscilaciones de la actividad eléctrica, conocidas como ondas delta, theta y alfa. Estas son indicadores de un sueño más profundo y reparador, pero la cafeína las debilitaba, especialmente durante la fase no REM del sueño.

Otro de los autores, Philipp Thölke, señaló a El Confidencial que “la actividad cerebral se vuelve más dinámica y menos predecible, especialmente en fases clave para la restauración mental”. Esta complejidad neuronal podría interferir directamente en la calidad del sueño, afectando funciones como el aprendizaje y la recuperación cognitiva.
Diferentes reacciones según la edad
“La cafeína es un estimulante psicoactivo que personas de todas las edades consumen diariamente a través de una amplia variedad de productos, como café , té, refrescos, bebidas energéticas, chocolate y varios fármacos”, describieron los investigadores en su artículo.
Y consideraron que los cambios en el cerebro a medida que envejecemos podrían ser los responsables de estos efectos de la cafeína.
Los resultados del estudio mostraron un mayor impacto del consumo de cafeína en el grupo de edad comprendido entre los 20 y los 27 años.
Según Julie Carrier, la explicación se encuentra en la mayor densidad de receptores de adenosina en los cerebros jóvenes. Esta sustancia se acumula durante el día generando somnolencia a medida que se acerca la hora de dormir, pero la cafeína actúa bloqueando su efecto, manteniendo la actividad cerebral activa incluso durante la noche.
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