La médica clínica Carla Gauna (MN 120.187) habló en Infobae en Vivo sobre la semaglutida, un fármaco que ha demostrado ser eficaz en el control de la glucosa en sangre, primordial para los pacientes con diabetes tipo 2.
Gauna se refirió a las pruebas realizadas en personas con obesidad o sobrepeso, sin diabetes. “La semaglutida actúa sobre los centros de regulación del hambre y la saciedad, y eso es clave para entender su efecto. No es mágica, pero puede ayudar mucho cuando hay un plan médico serio detrás”, aseguró. “Los beneficios se observaron clínicamente, y se incorporaron a los protocolos médicos para tratar la obesidad con criterios objetivos”, apuntó la experta en obesidad y diabetes.
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Al tiempo que añadió: “La droga en realidad tiene dos efectos: uno es periférico, que es enlentecer el vaciado del estómago. Entonces me siento ‘lleno’ antes. Este es el primer efecto que sienten todos los pacientes. Por el otro lado, está la regulación del hambre, que sucede en el cerebro y es mucho más complejo. Estas drogas actúan al nivel de los centros de regulación del hambre y de la saciedad”.

“Desde el inicio, los pacientes sienten menos hambre. Pero no se trata solo de una cuestión de percepción. La droga modifica parámetros hormonales reales que explican esa reducción del apetito”, detalló Gauna, y agregó: “Hay personas que no pueden dejar comida en el plato, y otras sí. Eso tiene una base biológica, y estas medicaciones apuntan justamente a regular esas diferencias”.
A pesar del entusiasmo que ha generado este tipo de tratamientos, la especialista subrayó que su eficacia depende en gran medida de que se los combine con un plan alimentario adecuado, ajustes en la calidad y cantidad de alimentos, y un seguimiento médico regular: “No es para seguir comiendo igual. El acompañamiento profesional hace que la persona pueda tolerar mejor el tratamiento, evitar efectos adversos y sostener los cambios en el tiempo”.
Entre los efectos adversos más comunes, Gauna mencionó que son “de tipo gastrointestinal: náuseas, vómitos, constipación y diarrea”. Aclaró que estos síntomas suelen presentarse cuando no hay una adaptación adecuada en la alimentación o cuando el uso del fármaco no está supervisado por un especialista. “No es que sí o sí uno los va a tener. Depende de cómo ajuste su alimentación y del tipo de seguimiento que reciba”, enfatizó.
“No es una solución estética para alguien que quiere perder cinco kilos y no tiene intención de cambiar su estilo de vida”, puntualizó.
En cuanto a su administración, la experta explicó que el medicamento se aplica por vía subcutánea, de forma semanal. “Se puede aplicar en el abdomen, el brazo o el muslo, y es muy fácil de usar”, dijo. También destacó que ya se encuentra disponible una formulación oral, aunque requiere una toma diaria. “En Argentina ya se desarrolló la versión oral de la semaglutida, lo que puede facilitar el tratamiento en ciertos casos”.
En tanto, Gauna fue tajante: “No tratar el exceso de peso es dejar que las enfermedades asociadas avancen. Hoy vemos chicos con hígado graso, triglicéridos elevados o diabetes tipo 2. Es urgente intervenir a tiempo”.
La conversación también abordó el uso de estos tratamientos en adolescentes. “Muchos chicos llegan derivados por sus padres y tienen cuadros médicos complejos. No siempre es una cuestión de estilo de vida. Hay una biología detrás de la obesidad que es importante entender”.

La médica también remarcó que no hay un tiempo estándar de uso del fármaco. “Si uno deja la medicación sin haber modificado su alimentación o rutina, lo más probable es que recupere el peso. Pero eso pasa con casi todos los tratamientos crónicos”, indicó.
Otro de los puntos conversados fue el efecto “rebote” al dejar el tratamiento. “Es como cualquier medicamento. Si dejás la medicación para la presión, vuelve la hipertensión. Si interrumpís el tratamiento sin haber cambiado nada, es esperable que vuelvan los kilos”, repasó Gauna.
En ese marco, destacó la importancia del trabajo clínico individualizado: “No todos los pacientes necesitan lo mismo. Hay que evaluar qué mecanismos están alterados y elegir el mejor fármaco para cada caso. No es una receta universal”.

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