
Beber agua de mar es una de las peores decisiones que un ser humano podría tomar en una situación de supervivencia. Aunque estar rodeado de agua puede parecer una solución obvia ante la sed extrema, la realidad es que el agua de mar está lejos de ser potable para los humanos.
Su consumo agrava la deshidratación hasta el punto de poner en peligro la vida, una realidad bien conocida en el mundo marinero. Como explicaThe Conversation, el agua de mar está llena de sales disueltas que el cuerpo humano no puede manejar sin pagar un alto precio fisiológico. Beberla genera una cadena de reacciones que terminan empeorando la situación de quien lo intente.
La razón principal está en la alta concentración de sal que contiene. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), citado por “Live Science”, la sal constituye aproximadamente el 3,5% del peso total del agua de mar. Esto significa que cada litro de agua marina contiene unos 35 gramos de sal. Si se extrajera toda y se esparciera por todas las superficies terrestres del planeta, se formaría una capa de más de 166 metros de altura, una cantidad tan inmensa que desafía la imaginación.

Cuando una persona bebe agua de mar, su cuerpo enfrenta un desafío bioquímico insuperable. Los riñones, que son los órganos responsables de filtrar la sangre y eliminar desechos, solo pueden producir orina menos salada que la sangre. Sin embargo, el agua de mar es tres veces más salada que el plasma humano. Esto significa que, para expulsar el exceso de sal ingerida, el cuerpo necesitaría orinar más agua de la que se ha bebido, lo que conduce a una pérdida neta de líquido. Como explica el “National Ocean Service”, esta situación genera una deshidratación progresiva que termina siendo fatal si no se detiene a tiempo.
El exceso de sal no es solo un problema para los riñones. Según The Conversation también afecta al intestino, donde el sulfato de magnesio presente en el agua de mar impide la absorción de líquidos, generando diarrea, lo que acelera aún más la pérdida de agua.
La incapacidad humana para consumir agua salada está profundamente arraigada en nuestra evolución. Según “El Confidencial”, nuestros antepasados se desarrollaron en ambientes terrestres ricos en agua dulce, como ríos y lagos. Las especies que permanecieron en zonas costeras evolucionaron para tolerar entornos salinos, pero los humanos y la mayoría de los animales terrestres nos adaptamos exclusivamente a consumir agua dulce. Con el tiempo, la selección natural moldeó la fisiología para procesar agua con poca o ninguna sal, dejando al cuerpo incapaz de manejar concentraciones salinas elevadas.

Sin embargo, muchas especies animales han desarrollado adaptaciones extraordinarias para sobrevivir en ambientes marinos salinos. Según The Conversation, los peces óseos, por ejemplo, eliminan el exceso de sal directamente a través de sus branquias. Los tiburones, en cambio, tienen una glándula rectal especial que filtra la sal de su sangre y la expulsa junto con sus heces, un sistema único en el reino animal
Las aves marinas también han desarrollado soluciones “ingeniosas”. Especies como los albatros, las gaviotas y los pingüinos poseen glándulas especiales situadas cerca de sus narices que segregan una solución salina concentrada. Este mecanismo les permite expulsar el exceso de sal antes de que entre en su sistema digestivo, permitiéndoles beber agua de mar y mantenerse hidratados incluso en medio del océano. Live Science destaca cómo estas glándulas son esenciales para su supervivencia, ya que les permiten pasar semanas lejos de cualquier fuente de agua dulce.
Los reptiles marinos también presentan adaptaciones impresionantes. Las tortugas marinas expulsan la sal a través de glándulas situadas en sus ojos, lo que les da la apariencia de “llorar” constantemente. Los cocodrilos marinos tienen glándulas especializadas debajo de la lengua, capaces de eliminar el exceso de sal que ingieren cuando cazan en agua salada. Estos mecanismos son cruciales para su supervivencia en entornos donde el agua dulce es prácticamente inexistente.

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