
Una nueva investigación de la Universidad de Helsinki ha demostrado que la jardinería interior urbana puede potenciar el sistema inmunológico de las personas, incluso sin tener acceso a un jardín al aire libre. El estudio, publicado en la revista Environment International, revela que un mes de jardinería en interiores aumenta la diversidad de bacterias en la piel y los niveles de moléculas antiinflamatorias en la sangre de los participantes.
Mika Saarenpää, investigador doctoral de la Universidad de Helsinki y primer autor del estudio, declaró: “Sabemos que la urbanización conduce a una reducción de la exposición microbiana, cambios en la microbiota humana y un aumento en el riesgo de enfermedades inmunomediadas. Esta es la primera vez que podemos demostrar que una actividad humana significativa y natural puede aumentar la diversidad de la microbiota de adultos sanos y, al mismo tiempo, contribuir a la regulación del sistema inmunológico”.
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Los cuerpos albergan miles de millones de microorganismos que influyen en nuestro metabolismo, nuestra salud mental y, de manera crucial, en el sistema inmunológico y la reducción de la inflamación. Estudios previos han mostrado que el contacto con materiales ricos en microbios, comunes en la naturaleza, puede aumentar la diversidad del microbioma humano.
En el nuevo estudio, 28 participantes fueron divididos en dos grupos, uno expuesto a suelos ricos en microbios y otro a suelos pobres en ellos. Ambos grupos cultivaron plantas comestibles en macetas interiores durante un mes.
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El resultado: los participantes que utilizaron suelos ricos en microbios mostraron una notable mejora en la diversidad de bacterias cutáneas y un incremento en las moléculas antiinflamatorias en su sangre. Esto, según los investigadores, se debe a que vivir en entornos muy higienizados en ciudades reduce la exposición a microbios esenciales para la salud.
Como señala Saarenpää: “Vivimos de forma demasiado ‘limpia’ en las ciudades”. Los hallazgos del estudio son importantes, dados los altos costos sanitarios derivados de enfermedades inmunomediadas como alergias, asma y enfermedades autoinmunes.
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La microbiota cutánea y un panel de siete marcadores inmunológicos se analizaron al inicio del ensayo y después de un mes. Según informó el ensayo, reveló que la diversidad de cinco filos bacterianos (Bacteroidetes, Planctomycetes, Proteobacteria, Cyanobacteria y Verrucomicrobia) y una clase (Bacteroidetes) aumentó en la piel de los participantes en el grupo de intervención.
Este cambio no se observó en el grupo de placebo. Además, el número de nodos y bordes en las redes de coexistencia de las bacterias de la piel aumentó en promedio tres veces más en el grupo de intervención que en el grupo de placebo.
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La jardinería urbana interior emerge como una forma significativa y conveniente de aumentar la exposición a la microbiota ambiental durante todo el año. En contextos urbanos densamente construidos, donde la transferencia de microbiota saludable al interior es limitada, esta práctica podría proporcionar beneficios sustanciales a la salud, especialmente en la prevención de enfermedades inmunomediadas.
Anteriores estudios han mostrado la conexión entre la cobertura de tierras forestales y agrícolas durante el primer año de vida con una menor incidencia de sensibilización atópica y diabetes tipo 1.
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La evidencia sugiere que la vegetación diversa y las actividades al aire libre están correlacionadas con mejoras en la salud respiratoria y en la composición de la microbiota intestinal. Los habitantes rurales o aquellos con contacto frecuente con espacios verdes urbanos presentan una microbiota comensal más diversa y un sistema inmunológico mejor desarrollado. Según reportes, las diferencias en las comunidades microbianas comensales también se han atribuido a las visitas frecuentes a estos espacios.
El estudio aporta pruebas concluyentes, pero también resalta la relación simbiótica entre humanos y la biodiversidad, en especial la del suelo. Saarenpää afirmó: “Mi investigación expone la dependencia de nuestra salud, de la diversidad de la naturaleza y, en particular, de la del suelo. Somos una especie entre otras y nuestra salud depende de la variedad de otras especies”.
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En este contexto, la jardinería interior se presenta como una solución accesible para los residentes urbanos que buscan mejorar su salud inmunológica sin necesidad de un jardín al aire libre. A pesar del pequeño tamaño de la muestra, los resultados del estudio se suman a una creciente evidencia que sugiere que la exposición a “buenos” microbios en nuestro entorno puede respaldar diversas funciones inmunitarias.
Con la urbanización en aumento globalmente, estrategias como la jardinería en interiores podrían desempeñar un papel crucial en la promoción de la salud pública, alineándose con otros estudios que marcan la importancia de la biodiversidad para la salud humana.
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