
Los investigadores identificaron, por primera vez, una forma genética de la enfermedad de Alzheimer que surge en etapas avanzadas de la vida. Un nuevo estudio analizó la historia clínica de personas que heredan dos copias de un gen específico, y encontró un riesgo elevado de desarrollar la condición neurodegenerativa.
El gen en cuestión, conocido como APOE4, ha sido vinculado con el Alzheimer desde hace décadas, pero su papel en el desarrollo de la patología ha sido objeto de intensa investigación. Los nuevos hallazgos sugieren que hasta una quinta parte de los casos de Alzheimer podrían tener un origen genético, en contraposición al conocimiento científico extendido en la actualidad, respecto a que la mayoría de los casos no tiene una causa claramente identificada.
La idea surge del estudio liderado por el doctor Juan Fortea de la Unidad de Memoria de Sant Pau en Barcelona, España, se centra en la variante genética APOE4.
Los científicos encontraron que aquellos que heredan dos copias de APOE4 (una de cada padre) presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar Alzheimer.

“Esta reconceptualización que proponemos afecta a más que una pequeña minoría de personas. A veces decimos que no conocemos la causa de la enfermedad de Alzheimer, pero según nuestro estudio alrededor del 15 al 20 por ciento de los casos pueden rastrearse hasta una causa y la causa está en los genes”, expresó el doctor Fortea al diario The New York Times.
La demencia es una de las principales causas de discapacidad y dependencia en personas mayores y la enfermedad de Alzheimer es responsable del 60% al 70% de los casos.
La investigación, publicada en la revista Nature Medicine, analizó a más de 500 personas con dos copias de APOE4 y descubrió que la mayoría desarrolló patología biológica de Alzheimer. Esto convierte al tipo de Alzheimer asociado con dos copias de APOE4 en uno de los trastornos genéticos más comunes. Esta distinción tiene implicaciones profundas tanto para el diagnóstico temprano como para el desarrollo de tratamientos específicos dirigidos a esta variante genética.
Los hallazgos revelan que los síntomas de Alzheimer pueden presentarse de siete a diez años antes en los portadores de dos copias de APOE4, en comparación con aquellos que desarrollan Alzheimer sin esta predisposición genética. Esta anticipación en la aparición de síntomas subraya la necesidad de estrategias de detección y prevención específicas para esta población.
Aproximadamente el 2-3% de la población general tiene dos copias de APOE4, estimándose que representan entre el 15-20% de los casos de demencia de Alzheimer, lo que sugiere que una proporción significativa de los casos de la condición neurodegenerativa podría atribuirse directamente a factores genéticos.
Anteriormente, se consideraba que las formas genéticas de Alzheimer eran predominantemente aquellas que se manifestaban a edades tempranas y constituían menos del 1% de todos los casos. Esta reevaluación podría impulsar el desarrollo de nuevos fármacos y enfoques terapéuticos, incluida la terapia génica y la edición genética para transformar APOE4 en variantes menos dañinas como APOE2.

La doctora Reisa Sperling, coautora del estudio que se desempeña en el Hospital Brigham and Women’s de Boston, afiliado a la Universidad de Harvard, destacó la importancia de este descubrimiento para el desarrollo de tratamientos dirigidos.
Para realizar este estudio, los investigadores analizaron información de 3.297 cerebros donados y datos de más de 10.000 personas que participaron en estudios sobre el Alzheimer en Estados Unidos y Europa. Examinaron cómo la presencia de dos copias de APOE4 influía en los síntomas y en marcadores tempranos de este tipo específico de demencia, como la acumulación de proteína amiloide en el cerebro.
Los resultados de la investigación indicaron que los portadores de doble copia de APOE4 exhibían una mayor acumulación de placa amiloide a partir de los 55 años de edad, y casi tres cuartas partes mostraban acumulación significativa de placa a los 65 años.
Además, este grupo era más propenso a mostrar síntomas iniciales de Alzheimer alrededor de los 65 años, en lugar de en las décadas posteriores.

Según el doctor Eliezer Masliah del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EEUU, estos hallazgos sugieren que el impacto de APOE4 va más allá de ser un simple factor de riesgo, acercándolo más a ser una causa subyacente de una forma familiar de Alzheimer. Esto lleva a reconsiderar la manera en que se entiende y se trata el Alzheimer asociado a APOE4.
Aunque los resultados son prometedores en términos de identificar una población de riesgo, la doctora Sperling advirtió un concepto que vale la pena destacar: tener dos copias de APOE4 no garantiza el desarrollo de Alzheimer. Esto plantea preguntas importantes sobre qué factores protectores podrían estar en juego en aquellos que no desarrollan la enfermedad, a pesar de su predisposición genética.
El estudio ha enfrentado limitaciones, como la falta de diversidad entre los participantes, lo que podría afectar el alcance de los resultados. Diferencias en el riesgo asociado con APOE4 según la ascendencia genética también han sido señaladas, sugiriendo una complejidad en el riesgo genético aún por entender.
La mayoría de los voluntarios del estudio tenían ascendencia europea. “Si bien dos copias de APOE4 también aumentan en gran medida el riesgo de Alzheimer en otras etnias, los niveles de riesgo difieren”, dijo a The New York Times el doctor Michael Greicius, neurólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que no participó en la investigación.
La propuesta de los investigadores de considerar dos copias de APOE4 como una causa genética de Alzheimer, mientras que una sola copia sería un factor de riesgo, marca un cambio significativo en la comprensión de la enfermedad.
Esto podría generar debate sobre la conveniencia de realizarse pruebas genéticas para APOE4, especialmente ante la ausencia actual de tratamientos efectivos para personas en las primeras etapas de la enfermedad.
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