
Dormir ocho horas se ha vuelto prácticamente una regla en las listas de hábitos saludables para las personas. Sin embargo, puede ser difícil alcanzar ese objetivo debido al ritmo de vida moderno, que en muchos casos conlleva realizar actividades nocturnas que pueden perjudicar nuestro sueño.
De acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, lo más recomendable para un adulto es dormir de siete a nueve horas por noche: “Los adultos que duermen menos de siete horas por noche pueden tener más problemas de salud que aquellos que duermen siete horas o más por noche”, explican. En tanto, establecen que dormir más de nueve horas por noche “no es necesariamente perjudicial y puede resultar útil para los adultos jóvenes, las personas que se están recuperando de la falta de sueño y las personas enfermas”.
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Sin embargo, la calidad del sueño es más relevante que contar las horas del descanso, indicó la directora de investigaciones de trastornos del sueño de la Cleveland Clinic, Reena Mehra en una entrevista con The Wall Street Journal. La especialista destacó que enfocarse conscientemente en procurar dormir puede ser contraproducente, lo que suma estrés al proceso natural del sueño.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) señalan que un sueño de calidad se define por episodios de sueño principales sin despertares frecuentes y que la cantidad de sueño que necesita cada persona podría ser una característica heredada. Así, el tiempo de sueño nocturno ideal varía según el individuo por factores genéticos y otros motivos, que hacen necesario un enfoque personalizado.
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En ese sentido, los NIH y la Asociación Americana del Corazón asocian la falta de sueño con un mayor riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y otras enfermedades.
Históricamente, dormir poco se percibía como señal de productividad y éxito. No obstante, en la actualidad, lograr ocho horas de descanso se ha convertido en un símbolo de estatus. Shelby Harris, profesora clínica asociada de neurología y psicología en el Albert Einstein College of Medicine, enfatiza que mantener patrones y rutinas de sueño es más importante que obsesionarse con las mencionadas ocho horas. Harris recalca que es vital mantener cierta flexibilidad para no perturbar el sueño ante eventualidades como trabajo nocturno o niños inquietos por la noche.
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Necesidades de sueño distintas para cada persona
Un estudio que analizó la cantidad ideal de sueño concluyó: “Las recomendaciones sobre la duración del sueño emitidas por las autoridades de salud pública son importantes para la vigilancia y ayudan a informar a la población sobre intervenciones, políticas y conductas de sueño saludables. Sin embargo, la cantidad ideal de sueño requerida cada noche puede variar entre diferentes individuos debido a factores genéticos y otras razones, y es importante adaptar nuestras recomendaciones caso por caso”.

Otro equipo de investigadores analizó dos estudios para determinar los efectos de dormir demasiado tiempo. En un estudio, los participantes tuvieron la oportunidad de dormir 14 horas por noche y en el otro, pudieron dormir 12 horas por noche y otras cuatro horas durante el día. Los participantes durmieron durante períodos de tiempo más largos durante las primeras una a tres noches mientras recuperaban el sueño perdido que habían acumulado. Luego, no obstante, ningún individuo durmió consistentemente más de 10 horas.
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Los expertos afirman que la mejor acción respecto al sueño es relajarse y recordar que los seres humanos siempre han podido dormir pacíficamente antes de la llegada de medicamentos y tecnología.
“La presión que nos ponemos a nosotros mismos está empeorando el sueño”, concluyó Harris, quien subraya la importancia del descanso sin añadir presiones adicionales.
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