
Hablar de alergia es un concepto muy amplio. Pero algunas personas pueden presentar ciertas erupciones luego de la exposición a la luz solar. Estas manifestaciones pueden ser de diferente grado, siendo que el tipo leve, en general, tiende a desaparecer sin tratamiento.
En tanto, en los casos moderados a graves suelen tratarse con medicación antialérgica, a veces junto con corticoides por vía oral y, como en todos los casos, tratamiento local.
Los signos y síntomas que pueden aparecer a los pocos minutos o unas horas después de la exposición al sol son:

- Picazón.
- Pequeños bultos que se aprecian a la inspección y al tacto. Pueden fusionarse y formar una pápula (roncha) con relieve.
- Eritema (enrojecimiento) en la zona.
- Urticaria.
- Ampollas.

La alergia se produce por reacciones del sistema inmunitario con base genética, o por una hipersensibilidad por el tipo de piel en particular. Los factores de riesgo para estos cuadros de alergia a la luz solar son: los diferentes tipos de pieles pueden dar cierta sensibilidad frente a determinados productos como, por ejemplo, fragancias o incluso los protectores solares. Además, la ingesta de ciertos medicamentos también puede influir, como los antibióticos (por ejemplo: tetraciclinas o los derivados de las sulfaminas, entre otros).
Es por este motivo que, cuando se cuenta con uno o más de estos antecedentes, se deben tomar precauciones para evitar el daño de la piel:
- Evitar la exposición al sol y las actividades al aire libre entre las 10 y las 16 horas, ya que la radiación UV es más intensa en ese rango horario.
- Usar anteojos para el sol, gorros y/o sombreros.

- Usar ropa protectora y prendas de manga larga; evitar las telas delgadas (los rayos UV pueden atravesarlas).
- Usar protector solar, preferentemente productos con factor entre 30 y 50 todos los días del año (recordemos que el cambio climático influye en nuestra piel y la agrede constantemente) o bloqueadores de rayos UV.
- Beber mucha agua: se recomienda entre 2 y 3 litros diarios (no reemplazar el agua por infusiones, jugos o gaseosas); la sensación de sed es el primer indicio de que se necesita aumentar la ingestión de agua.
- Mantener una dieta saludable y fresca, con la ingestión de frutas y verduras, que son fuente de vitaminas.

- Usar jabones cremosos.
- Secarse la piel con palmaditas para no rasparla.
- Usar cremas y lociones emolientes que lubriquen e hidraten (deben ser livianas para evitar que la piel quede pegajosa).
- Se recomienda el uso de aceites vegetales (de coco, almendras y oliva), ya que mejoran el estado nutricional de la piel.
- Los productos hipoalergénicos son muy recomendables, protegen la piel y no tienen riesgo de toxicidad.

Se debe recordar que cuando la sombra se refleja en el piso y es más larga que la estatura, el sol es de bajo riesgo y, a la inversa, cuando la sombra reflejada es más corta, el riesgo de exposición es alto.
Claves para aplicar los protectores o bloqueadores solares
Es necesario cubrir toda la piel expuesta, aplicar aproximadamente 30 minutos antes de la exposición al sol o de meterse al agua y renovarlo cada 2 horas. Existe un ayuda-memoria, que es el de las 11 cucharaditas de té distribuidas de la siguiente manera:
- 1 medida para toda la cabeza en caso de tener calvicie, y el cuello.
- 2 medidas para la parte anterior del tórax y el abdomen.

- 2 medidas para la espalda.
- 1 medida para cada brazo, antebrazo y mano.
- 2 para cada miembro inferior.
El sol nos ayuda en el metabolismo de la vitamina D y en la absorción de calcio, beneficia el sistema inmunitario, el nervioso y el muscular. Por este motivo, es importante promover los hábitos saludables con respecto al sol y también comprender lo dañino que puede ser y los problemas que puede traer a nuestra salud.
*Dra. Stella Maris Cuevas: MN: 81701. Médica otorrinolaringóloga - Experta en olfato – Alergista. Expresidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA).
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