
En la actualidad existen más de 50 millones de personas con demencia, cifra que se estima que se puede llegar a triplicarse en los siguientes 25 años. La prevalencia del deterioro cognitivo aumenta con la edad, y se convierte en un tema que preocupa crecientemente a medida que las personas van envejeciendo.
“En este sentido, muchos comienzan a preguntarse en algún momento de sus vidas si se encuentran cognitivamente sanas y, en caso afirmativo, si hay formas accesibles para prevenir el deterioro cognitivo, aún en la adultez mayor”, comentó el doctor Leandro Patrone, miembro del Departamento de Geronto-Neuropsiquiatría y de la Clínica de la Memoria de INECO.
Como respuesta a esa búsqueda, el doctor Leandro Miguel Kim, también integrante del Departamento de Geronto-Neuropsiquiatría y de la Clínica de la Memoria de INECO, agregó: “La realidad es que nunca es tarde para adoptar medidas en pos de la salud general y cognitiva, ya que existen factores de riesgo que podemos modificar para generar un impacto positivo a futuro”.
A continuación, los profesionales de INECO, presentan cuatro recomendaciones útiles para prevenir el deterioro cognitivo en adultos mayores:

1) El riesgo relativo de demencia aumenta con la hipoacusia (disminución de la audición). Se ha encontrado que la hipoacusia medida por audiometría se asocia con una disminución del volumen de algunas áreas cerebrales relacionadas con la memoria, como el hipocampo y la corteza entorrinal.
La utilización de audífonos podría devenir en una menor incidencia de problemas cognitivos, sobre todo en personas mayores y en aquellos que presenten factores de riesgo para el deterioro cognitivo. Una explicación posible es que las personas que oyen menos, tienen una capacidad disminuida para recibir estímulos sensoriales, los cuales son importantes para la interacción social y el entrenamiento cerebral.

2) Los fumadores tienen un mayor riesgo de demencia que los no fumadores, y un mayor riesgo de muerte prematura. Esto puede deberse a varios factores, tales como el daño a los vasos sanguíneos y la inflamación crónica en varios órganos del cuerpo, entre los cuales se encuentra el cerebro.
Por lo cual, dejar de fumar, incluso en edades avanzadas, reduce ese riesgo y es una medida esencial para prevenir el deterioro cognitivo y promover una función cerebral saludable a lo largo de la vida ya que no solo protege la salud cognitiva, sino que también mejora la calidad de vida en general. La salud física y mental están interconectadas, y un estilo de vida libre de humo puede tener un impacto positivo en ambos aspectos.

3) Fomentar la interacción social y combatir la depresión: la depresión y la incidencia del deterioro cognitivo están intrínsecamente relacionadas. Se debe tener en cuenta que la depresión también puede formar parte de los primeros síntomas de una demencia. Las personas con deterioro cognitivo y depresión pueden beneficiarse con tratamientos farmacológicos y no farmacológicos, pero la presencia de depresión no tratada puede afectar negativamente la respuesta a estos tratamientos. Al abordar la depresión, es más probable que los tratamientos sean efectivos.
En ese sentido, el contacto social es considerado un factor protector de la reserva cognitiva, la capacidad de cada individuo de enfrentar y adaptarse a los cambios neurocognitivos. Varios estudios afirman que el aislamiento social aumenta el riesgo de demencia. Por lo tanto, es recomendable llevar una vida socialmente activa, dentro de lo posible, buscando realizar actividades en conjunto con otras personas.

4) Diferentes estudios demuestran que aquellos adultos mayores que cuentan con parámetros cardiovasculares ideales, presentan un riesgo a 10 años más bajo de desarrollar una demencia. Aquellas personas con una presión arterial alta persistente, presentan un riesgo de demencia mayor, incluso sin enfermedad cardiovascular. Los factores de riesgo cardiovascular están entrelazados entre sí, por lo que lo ideal es abordarlos de una forma global e integral. Es por esto, que se recomiendan medidas generales para reducir el riesgo cardiovascular:
- Controlar la presión arterial periódicamente y mantener una adecuada alimentación.
- Mantener control del colesterol y los triglicéridos mediante cambios en el estilo de vida, tales como realizar ejercicio regularmente dentro de las posibilidades de cada uno, y evitar hábitos como el tabaquismo y el consumo de alcohol.
- Tener la diabetes bajo control: aumenta el riesgo de demencia, y a mayor duración y severidad, mayor es el riesgo. Por lo tanto, es importante hacerse chequeos y, en caso de tener diabetes, controlarla. Es importante además evitar eventos de hipoglucemia (disminución de glucemia en sangre).
- Mantener un peso adecuado, a través del ejercicio físico regular, y llevando una dieta balanceada, con alimentos con bajo índice glucémico (por ejemplo: frijoles, avena, lentejas y frutas).
Mediante estas medidas no solo se protege el cerebro, sino también el corazón y las arterias en otras partes del cuerpo.
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