
Publicada por primera vez en 1905, Tres ensayos para una teoría sexual es una obra escrita por Sigmund Freud. Fue uno de los trabajos más influyentes del autor y presenta algunas de sus ideas fundamentales sobre la sexualidad humana.
Allí afirma que la sexualidad en la infancia existe, lo que fue un escándalo para la época. Freud argumenta que la sexualidad no comienza en la pubertad, sino que está presente desde el nacimiento. Explica que los deseos y emociones sexuales son parte natural de la experiencia infantil. Esto significa que, desde muy pequeños los niños y niñas tienen la capacidad de experimentar placer, que actividades como chuparse el pulgar, acariciar partes de su cuerpo y explorarlo son actividades de índole erótica y forman parte de su desarrollo.
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Freud sostuvo durante toda su vida que el desarrollo psicológico estaba estrechamente ligado al sexual. El psicoanalista separa la sexualidad de la anatomía, enfatizando que las vicisitudes de la sexualidad en el ser humano no dependen de una geografía anatómica del cuerpo sino que está sobredeterminada por el deseo inconsciente. Después de Freud, otros discursos pensaron y argumentaron la sexualidad infantil, como la antropología, la sociología, la criminología y el derecho, para que hoy demos por sentado que la sexualidad comienza y se desarrolla desde que nacemos.
Pero la sexualidad infantil no tiene las mismas características de la sexualidad adulta.
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La hipersexualización en esta parte de la vida supone la imposición de la sexualidad adulta a las niñas y los niños y adolescentes, que no se encuentran ni emocional, ni psicológica, ni físicamente preparados para la misma y ocasiona severas complicaciones y secuelas.
La hipersexualización en la infancia es un término que se utiliza para describir el fenómeno por el cual los niños son expuestos a contenidos, comportamientos o actitudes de naturaleza sexual a una edad temprana, antes de que estén preparados para comprenderla o antes de que hayan alcanzado la madurez emocional para lidiar con las propuestas. Esto puede ocurrir a través de la televisión, la música, la publicidad, y medios digitales. También refleja la tendencia de interpretar comportamientos y actitudes de los niñas y niñas y traducirlos a intenciones sexuales y lenguaje del mundo de los adultos.
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La hipersexualización tiene consecuencias negativas en el desarrollo y secuelas en la vida de los niños y muchos especialistas la consideramos una forma de maltrato infantil.
En los vídeos musicales, shorts, películas, series, moda y en los reels filmados por las propias familias o por los niños y niñas aparece como tema recurrente la adultización.
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Se ve a las niñas maquilladas y vestidas como adultas, en posiciones sugerentes, con poca ropa e impostando posturas sexys. Se les atribuyen deseos y aspiraciones sexuales adultas como desear conquistar a un amiguito, casarse con él. En general, las más damnificadas son las niñas porque se las conceptualiza no sólo como adultos, sino como objetos del deseo del otro, los varones.
Sin embargo, también a los niños se los presiona para cumplir roles adultos. En redes sociales se los ve vestidos como grandes, pidiendo matrimonio, impostando posiciones dominantes y hasta sádicas e hipersexualizadas. En ambos casos se trasladan los roles de género impuestos socialmente. Las niñas como objetos sexuales, los niños como proveedores y dueños de esos objetos. También puede verse la exposición excesiva o la presión para que las personas jóvenes transgénero participen en comportamientos o actitudes sexualmente explícitas o sugestivas antes de estar emocional o psicológicamente preparados para comprender o manejar, adjudicándoles un desarrollo psicosexual que no tienen.
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La traslación del mundo adulto a la infancia hipersexualizándola afecta al desarrollo natural de las etapas de la vida y altera el crecimiento durante la infancia.
Las niñas y niños se enfrentan a un “como si“ fueran maduros o mayores, sitiados por mensajes de contenido adultocéntrico y sexual que desemboca muchas veces en experiencias entre niños para alcanzar esa exigencia que se les impone, ser adultos y sexys. Desde imitaciones a partir de patrones observados y el constante contacto con imágenes hipersexualizadas hace que muchos niños y niñas se enfermen mentalmente.
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Del mismo modo, el acceso cada vez más temprano y creciente a la pornografía o contenido erótico a través de redes sociales confunde gravemente a los niños y niñas que no comprenden la sexualidad adulta y muchas veces intentan imitarla entre ellos.
Los riesgos no solo están en los medios digitales, en el peligro de crecer bajo la falsa creencia de que el éxito está vinculado de forma única a la imagen sexualizada o de ser atractivo eróticamente, aniquila la posibilidad de crecer en búsqueda de los deseos y desafíos propios y acordes a la edad.
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Los niños y niñas hipersexualizados viven momentos de angustia extrema, con pensamientos intrusivos que no pueden manejar. Creen que deben verse sexys, apabullantes, sugerentes y musculosos. Se los expone a dietas para conseguir cuerpos ficticios y no acordes a su desarrollo.
La industria de la moda, de la música, del cine, de los cosméticos, la publicidad, las revistas y los videojuegos construyen un imaginario social erotizado, que no viene de ahora, comenzó en la industria del juguete hace años, con Barbie.
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En la nueva película de Barbie donde se intenta, sin éxito, cuestionar los estereotipos de belleza que han llevado a las mujeres y las niñas a operarse, lastimarse y sufrir ante la cultura de las dietas y la seducción, y a los varones a ocupar lugares también estereotipados, naufraga por su falta de autenticidad.
Es una publicidad más, un eslogan de larga duración, que se apropia de las ideas del feminismo para conquistar al público y, con un aparato publicitario de los más feroces que se haya visto, intentan rescatar de la condena social a la muñeca de rosa.
Barbie abrumadora y estereotípicamente perfecta ahora es feminista y asexuada (aunque toda la vida fue una muñeca adulta que tenía novio). Lleva adelante la revolución junto a las feas y olvidadas del sistema contra el patriarcado, que solo está interpretado por los tontos, agresivos, posesivos y desmayados Kens, como si el machismo fuera solo cosa de varones. Se impone Barbie de nuevo con su imagen idílica perfecta para estragarnos una vez más.
La erotización de las niñas, entonces, no es nueva. Otro ejemplo, “Lolita” de Vladimir Nabokov, una de las novelas más polémicas e inquietantes del siglo XX, que Stanley Kubrick amplió a leyenda con su versión cinematográfica. La novela cuenta la historia de un hombre de cuarenta y tanto años y su enamoramiento pedófilo por una niña de 12 años. La hipersexualización de la niña se encarna en su posición como seductora y dominante.

El productor James Harris comentó en una entrevista sobre la elección de la adolescente para protagonizarlo: “Sabíamos que teníamos que hacerla un objeto sexual, no podía tener comportamiento de niña. Si la hacíamos un objeto sexual, todos en la audiencia tenían que comprender el por qué alguien querría abalanzarse sobre ella”.
Los niños y niñas tienen sexualidad, acorde a cada una de sus etapas de desarrollo. La sexualidad de los adultos no es equiparable a la sexualidad infantil, trasladarla o forzarla provoca daño en el psiquismo infantil con consecuencias difíciles de recuperar.
Las consecuencias
La hipersexualización en la infancia puede tener varias secuelas psicológicas que varían en gravedad según la intensidad y la duración de la exposición.
Algunas de las secuelas psicológicas incluyen: angustia, ansiedad, depresión, pensamientos intrusivos, obsesiones, autoimagen distorsionada, baja autoestima, comportamiento sexualizado (pueden ser inapropiados para su edad, lo que puede llevar a preocupaciones sobre su seguridad y bienestar y de otros niños). Vulnerabilidad al abuso y explotación sexual.

Los riesgos de la erotización infantil son diversos, más sutiles o marcados, pero todos son complejos. Es muy importante conversar con los niños y niñas acerca de los contenidos en redes sociales, dosificar las horas de exposición, supervisar la información que les llega y comprobar que los contenidos a los que acceden sean apropiados para su edad.
La hipersexualización es un fenómeno social grave y de consecuencias actuales negativas y en un futuro inciertas.
Cuidar la infancia, es respetar sus deseos, sus momentos evolutivos, su desarrollo psicosexual, acompañando cada momento en su debido proceso, sin atarearse con urgencias. Es sin duda, un difícil trabajo que tenemos en estos tiempos pero se torna imprescindible.
* Sonia Almada: es Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Fundó en 2003 la asociación civil Aralma que impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de tres libros: La niña deshilachada, Me gusta como soy y La niña del campanario.
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