
Se sabe que “somos lo que comemos”. Y también, de un tiempo a esta parte, se conocen los beneficios de la actividad física en la salud integral de las personas. En ese camino, en los últimos años, la llamada medicina del estilo de vida tiene como objetivo tratar las causas subyacentes de las enfermedades en lugar de atacar sus síntomas cuando aparecen.
“La idea es proporcionar una vía potencial para cambiar el costos de atención médica cada vez mayores que resultan de los medicamentos recetados y los procedimientos quirúrgicos”, analizó Xuan-Mai Nguyen, autora principal de un reciente estudio presentado en Nutrition 2023, la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Nutrición.
Según la investigación, practicar ocho hábitos saludables a los 40 años se asoció con 24 años adicionales de vida.
Esos resultados corresponden a lo observado en los hombres. En tanto para las mujeres, sumar los ocho factores de estilo de vida saludables en la mediana edad se asoció con 21 años adicionales de vida previstos en comparación con la población femenina que no adquirió ninguno de estos hábitos.

Los ocho hábitos que los investigadores recomiendan incorporar, enumerados en orden -desde el que mayor impacto en la duración de la vida tiene- son:
1- Hacer ejercicio
2- No tener adicción a los opioides
3- Evitar fumar
4- Manejar los niveles de estrés
5- Adherirse a una dieta saludable
6- No beber en exceso
7- Priorizar el buen dormir
8- Mantener relaciones sociales positivas

“Nos sorprendió lo mucho que se podría ganar con la adopción de uno, dos, tres o los ocho factores de estilo de vida”, reconoció Nguyen, quien es especialista en ciencias de la Salud del Departamento de Asuntos de Veteranos de EEUU.
Y agregó: “Cuanto antes se incorporen, mejor, pero incluso si solo se hace un pequeño cambio a los 40, 50 o 60 años, sigue siendo beneficioso”.
Es que según vieron los investigadores, la ganancia estimada en la esperanza de vida a partir de la adopción de los ocho factores de estilo de vida saludable se redujo ligeramente con la edad, pero siguió siendo significativa, lo que significa que adoptar hábitos más saludables a una edad mayor aún puede ayudarlo a vivir más tiempo.
Para el estudio, que como suele suceder con los trabajos presentados en congresos, será publicado en breve en una revista científica, los científicos utilizaron datos de expedientes médicos y cuestionarios recopilados entre 2011 y 2019 de 719.147 personas inscritas en el Programa del Millón de Veteranos de Asuntos de Veteranos, un gran estudio representativo a nivel nacional de los veteranos de EEUU.
El análisis incluyó datos de adultos de 40 a 99 años e incluyó 33.375 muertes durante el seguimiento.

En general, los resultados mostraron que la baja actividad física, el uso de opiáceos y el tabaquismo tenían el mayor impacto en la esperanza de vida. Según vieron los investigadores, estos factores se asociaron con alrededor de un 30-45 % más de riesgo de muerte durante el período de estudio.
Asimismo, el estrés, los atracones de bebida, la mala alimentación y la mala higiene del sueño se asociaron cada uno con un aumento del 20% en el riesgo de muerte, y la falta de relaciones sociales positivas se asoció con un aumento del 5% en el riesgo de muerte.
Según los investigadores, los hallazgos subrayan el papel de los factores del estilo de vida y cómo éstos contribuyen a las enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas, que provocan una discapacidad prematura y la muerte. Los resultados también ayudan a cuantificar el grado en que la elección de un estilo de vida saludable puede ayudar a las personas a reducir el riesgo de tales enfermedades y a vivir más tiempo.
Y si bien el estudio fue observacional, lo que significa que la investigación no prueba definitivamente la causalidad de los hechos (esto es, que los hábitos saludables efectivamente aumentan la esperanza de vida), Nguyen resaltó que los hallazgos se alinean con un creciente cuerpo de investigación que respalda el papel de los factores del estilo de vida en la prevención de enfermedades crónicas y la promoción de un envejecimiento saludable.
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