
En el marco de la XXII Sesiones Científicas de la Asociación Nacional de Lípidos, uno de los eventos más esperados y importantes del año para la comunidad científica de los Estados Unidos, los profesionales de la salud referentes del tratamiento de la enfermedad del hígado graso no alcohólico se refirieron a todo lo que los médicos deben saber.
Pam Taub, cardióloga directora de la Fundación Step Family Centro de Bienestar y Rehabilitación Cardiovascular de San Diego, fue la encargada de abrir el panel y expresó: “Cuando hablamos de esta afección, es importante reconocer que es la causa más común de enfermedad hepática crónica en países occidentales y cuándo progresa a la esteatohepatitis no alcohólica o EHNA pasa a ser muy alto el riesgo de trasplante de hígado, y esta incidencia aumentará para 2030”.

“Es una enfermedad multisistémica que afecta a varios órganos, por ejemplo está vinculada con diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y de riñón, según apunta la creciente evidencia científica”, añadió. La experta especificó que la prevalencia de esta afección, también denominada NAFLD por sus siglas en inglés, en los Estados Unidos es de 24,1%, diagnosticada por ultrasonido, mientras que la prevalencia mundial es de 25,24%.
En su presentación, la doctora Taub presentó un caso clínico emblemático en donde analizó los valores en un hombre de 55 años caucásico con hipertensión y su evolución con la enfermedad de hígado graso no alcohólico.
John Vierling fue el segundo en exponer y hablar de su vasta experiencia como jefe de Hepatología y Gastroenterología de la Facultad de Medicina de Baylor, Houston Texas. Además, como cirujano y director de terapias hepáticas avanzadas en St. Luke’s Medical Center, brindó una interesante mirada sobre la enfermedad y explicó a qué signos estar atentos a la hora del diagnóstico.

“Ahora sabemos que la obesidad es la principal causa del hígado graso, del síndrome metabólico. En su etapa de esteatosis (primera fase), es sin inflamación y es una forma no progresiva, mientras que en la NASH (no alcohólico hígado graso) puede progresar a cirrosis, ictericia (color amarillento de la piel), hemorragia gastrointestinal, hinchazón abdominal, daño hepático y renal y confusión”, enumeró Vierling.
Según el hepatólogo, “el consumo de alcohol complica exponencialmente a las personas con esta enfermedad, y es crucial recordar que la mortalidad está más relacionada con eventos cardiovasculares que con complicaciones producidas en el hígado”.
“Lo que hay que evitar es la progresión de una fase a otra, ya que el riesgo de muerte aumenta, y por esto es fundamental el diagnóstico temprano”, amplió, al mismo tiempo que advirtió que más de 90 millones de estadounidenses tienen hígado graso y riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Como una curiosidad, Vierling manifestó que “consumir de forma regular café produce un efecto protector en la enfermedad del hígado graso comprobada por biopsia: con una clara disminución de la inflamación, disminución de la fibrosis, niveles reducidos de insulina y riesgo de Diabetes Mellitus tipo 2, y genera una respuesta a la dosis de un 40% de reducción del riesgo de carcinoma hepatocelular (CHC), el tipo más común de cáncer de hígado que representa aproximadamente el 90% de todos los cánceres de hígado: 1 a 2 tazas / día = 20% de reducción; mientras que > 5 tazas = 75% de reducción.
“El café es hoy el mejor protector hepático antifibrótico que tenemos a disposición”, insistió.
Lisa VanWagner, epidemióloga, hepatóloga especializada en trasplantes en el Centro de Medicina del Noroeste de los Estados Unidos habló del abordaje de las intervenciones para mejorar el estilo de vida en las personas que tienen hígado graso no alcohólico.

Según especificó la experta, “la prevalencia de la enfermedad en Sudamérica es de 30,45%, en Norteamérica 24,13%, en Europa del 23,71%, en Asia del 27,37%, en África del 13,48% y en Medio Oriente del 31,79%”.
“Entre las causas que la generan, se encuentra la obesidad, el estilo de vida y de alimentación poco saludable, la resistencia a la insulina en diabéticos, la genética, la edad y los factores endocrinológicos”, precisó.
Para la doctora VanWagner, la dieta mediterránea es ideal para esta afección, ya que que incluye cereales, arroz, pasta en pequeñas cantidades; vegetales y frutas en altas cantidades y legumbres, nueces, lentejas y carne en medidas porciones, es una buena alternativa para colaborar con el hígado, que por la enfermedad de hígado graso no alcohólico se ve sobrecargado en sus funciones.

Al igual que Vierling, recomendó no tomar alcohol y resaltó los beneficios del café en esta afección, “mejora notablemente la evolución de personas con cirrosis hepática, pero siempre recordando que en una dosis medida”.
“Hoy sabemos que el ejercicio, sin adelgazamiento, produce entre 20-30% de reducción relativa de la esteatosis, que diferentes formas de ejercicio (aeróbico resistencia o intermitente de alta intensidad) parecen tener efectos similares sobre la grasa del hígado y que el polimorfismo predice la respuesta sin beneficio aparente en histopatología, por eso insto a los médicos a que animen a los pacientes a participar en al menos 150 minutos por semana de actividad física moderada”, concluyó.
Debido a las restricciones de viaje actuales y las limitaciones de reunión en la ciudad de Chicago, Estados unidos por el COVID-19, la NLA tomó la difícil decisión de convertir sus Sesiones Científicas 2020 en una conferencia totalmente virtual que se llevaron a cabo en vivo desde el jueves 10 de diciembre al sábado 12 de diciembre de 2020, en las que Infobae participó de forma exclusiva.
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