La hepatitis B constituye un verdadero problema de salud pública, tanto para Argentina como para el resto del mundo. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen unas 1300 millones de personas con evidencia serológica de haber estado en contacto con el virus de la hepatitis B. Es decir que un 20% de la población mundial tuvo contacto con esta infección hepática potencialmente mortal, que es causada por el virus de la hepatitis B (VHB).
De este porcentaje tan importante, unos 257 millones de individuos tienen una hepatitis B crónica y por producto de sus complicaciones, ya sea por un hepatocarcinoma o una descompensación de una cirrosis hepática, cerca de un millón de personas pierde la vida cada año.

“Sin embargo, esto no es toda la historia – advirtió el doctor Marcelo Laurido, médico infectólogo de Helios Salud y señaló que - hay una gran cantidad de personas que tiene hepatitis B y no lo sabe. De la población global con infección por VHB solo el 10% de los pacientes tiene el diagnóstico hasta el momento y solamente el 5 % de los pacientes recibe un tratamiento efectivo”.
Hay que tratar de lograr el diagnóstico de todas aquellas personas que puedan tener o que sospechen que puedan tener hepatitis B. Esta infección es fundamentalmente de transmisión sexual entre los adultos, aunque también se la puede adquirir por contacto con sangre infectada. No obstante la vía sexual es la forma más común de transmisión para el VHB.
En la actualidad existen diversos métodos, como los test rápidos que pueden facilitar el diagnóstico a través de la detección del antígeno de superficie que, en apenas 15 minutos, indican que el paciente tiene una replicación activa del virus en su sangre si resultara positivo.
Dos herramientas: vacuna y tratamiento

Este es un fenómeno de importancia en salud pública a nivel global con dos situaciones asociadas. Por un lado, contamos con una vacuna altamente efectiva que está incluida en los calendarios de inmunizaciones de muchos países. De acuerdo a la OMS, desde el desarrollo de esta vacuna en 1982 se han administrado más de mil millones de dosis en todo el mundo. A pesar de ello, muchas veces resulta difícil completar el esquema de tres dosis necesario para obtener una protección adecuada contra la infección. Es decir que la taza de inmunización es baja. Además, hay muchos individuos adultos que aún no están inmunizados.
“Por otro lado, contamos con tratamientos vía oral como el tenofovir o el entecavir que son altamente eficaces para suprimir la replicación viral y permiten que el hígado se encuentre excelente durante toda la vida del paciente. El problema es que suprimen el virus pero no lo eliminan. Por lo tanto, el tratamiento es de por vida”, detalló el experto.

Esto último es de especial importancia porque los pacientes con hepatitis B crónica pueden llagar a tener grandes complicaciones ya sea porque llegan a la cirrosis, porque esa cirrosis se descompensa o porque tienen un hepatocarcinoma, es decir, un cáncer de hígado asociado al desarrollo de la fibrosis.
“El cáncer de hígado también está en la hepatitis B y, afortunadamente, tenemos una vacuna para prevenirla. Por este motivo consideramos que la vacuna contra la hepatitis B fue la primera vacuna ‘anti cáncer. En consecuencia, no hay motivo para no vacunarse o para hacer el diagnóstico de esta infección. En aquellas personas en las que se confirma una infección crónica es importante volver a señalar que con el tratamiento pueden desarrollar una vida normal y sin complicaciones”, aseveró el experto.
Un hito contra las hepatitis

En Argentina, desde hace varios años, se demostró cómo una única dosis de vacuna contra la hepatitis A al año de vida logró disminuir de manera dramática los nuevos casos por esta infección a un nivel nunca visto. En este sentido, cabe preguntarse la razón por la cual aún no sucede lo mismo con la hepatitis B.
De acuerdo al especialista, la respuesta radica en el hecho de que “la hepatitis A es de transmisión fecal-oral y se da, sobre todo, en los primeros años de vida. La hepatitis B se puede transmitir de madre a hijo durante el parto pero, fundamentalmente, se transmite por contacto sexual. Por este motivo, los adultos tenemos la responsabilidad de estar vacunados, a demás de tomar las precauciones necesarias para evitar la adquisición de otras infecciones de transmisión sexual”.

En este sentido, existen dos situaciones diferentes en la transmisión que hacen que una estrategia de vacunación tenga un impacto diferente. La inmunización contra hepatitis A logró un gran impacto; la hepatitis B todavía no y tal vez se requiera de tiempo hasta que todos los niños vacunados lleguen a la edad adulta y no transmitan la infección por el hecho de estar inmunizados. No obstante, “en la actualidad, tenemos una gran proporción de adultos que no están vacunados y es a ellos a donde debemos llegar en primera instancia”, concluyó Laurido.
Reforzar la prevención
Instituciones públicas y privadas están investigando nuevas drogas para curar la hepatitis B, pero se requiere tiempo para demostrar la seguridad y eficacia necesaria para su comercialización. Si bien se están haciendo varios esfuerzos para encontrar estrategias que curen esta infección, lo cierto es que hasta el momento no está a disposición de tal cura.

Por esta razón, “es importante concentrar los esfuerzos en la práctica clínica cotidiana y procurar vacunar a todas las personas susceptibles, que son aquellas que no han sido vacunadas y que no han tenido contacto con el virus. Además, tenemos que poner un gran esfuerzo en diagnosticar, ya sea con los métodos convencionales o a través del uso de los test rápidos, que cada vez se están incorporando más a la práctica diaria”.
Por otro lado, de acuerdo a Laurido, además de potenciar la vacunación y el diagnóstico, es importante que, aquellos que tienen indicación de recibir el tratamiento sean tratados ya que encontrar la cura es cuestión de tiempo que puede ser medido en años. “Vacunar y tratar contra la hepatitis B, hoy por hoy, salva vidas”, sintetizó.
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